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CONFLICTO EN HORTA-GUINARDÓ

Los Tres Turons se parapetan contra un nuevo 'barricidio'

Un grupo de vecinos crea una plataforma ante el temor de que la urbanización del parque del Guinardó empeore la saturación turística de los búnkers del Carmel

En el espacio, nuevo lugar de peregrinación obligado para los visitantes de Barcelona, hay 295 casas condenadas a desaparecer por un plan urbanístico de 1953

Helena López

Jóvenes con bebidas, este miércoles por la tarde, en los búnkeres del Carmel.

Jóvenes con bebidas, este miércoles por la tarde, en los búnkeres del Carmel.

Joan Escayuelas vive en una de las casitas autoconstruidas de la calle de Labèrnia, a los pies de los búnkers, desde 1950. "Cada vez que hay un gobierno nuevo alguien abre un cajón y dice, 'ostras, el Carmel'", señala. Su casa, como otras 294, llevan toda la democracia afectadas -condenadas al derribo- por esa entelequia llamada parque de los Tres Turons. Aunque en estos cuatro años no les han venido a decir nada, en sus fachadas siguen colgadas las pancartas de "Parque, sí; casas, también".

El último que subió aquí, recuerda el hombre, tranquilo, pese a todo, fue Xavier Trias. "Yo estaba arreglando la terraza y me dijo, 'sí, sí, deixa't la casa ben maca que això ho deixarem molt xulo", explica imitando con gracia al exalcalde desde su privilegiado mirador sobre Barcelona.

Joan Escayuelas en el terrado de su casa, a los pies de los búnkers. / RICARD CUGAT

Lo de dejar aquello "molt xulo" no lo decía por decir. La "descentralización del turismo" fue una de las apuestas del gobierno de Trias, que trabajó por situar Horta-Guinardó en el imaginario turístico de la ciudad. Además de facilitar los accesos a los búnkers, la medida estrella, en el 2012 se editaron guías-plano del distrito que, bajo el nombre de La ciutat de l'aigua, se distribuyeron por los hoteles de la ciudad. La iniciativa se presentó como una medida para "intentar salir de la crisis" -corría el duro 2012- y "redistribuir la riqueza que el turismo deja en la ciudad". Al año siguiente, en la misma dirección, lanzaron Horta-Guinardó, de Cinema, proyecto que pretendía mostrar las potencialidades del territorio como plató de rodaje y la creación de itinerarios cinematográficos.

De sacacorchos y mariachis

Si lo que buscaba era atraer turistas, que sí, era lo que buscaba, la iniciativa no pudo tener más éxito. Los búnkers del Carmel son desde entonces un lugar de visita obligada para cualquier turista de la ciudad con ganas de vivir algo auténtico. Escayuelas es testigo de lujo de esa peregrinación diaria. Pasan por la puerta de su casa. Al subir, que para él es lo de menos, y, esto es lo que lleva peor, al bajar. Muchas veces borrachos, llamando a los timbres. "Anoche tuvimos unos mariachis hasta las dos de la mañana", cuenta a modo de último ejemplo. "Aquí me han llamado al timbre de madrugada para pedirme un sacacorchos y hasta agua caliente para el mate", narra. Aunque la peor parte la vivió hace unos siete meses. Una noche vio a dos hombres orinando en su fachada, se acercó a preguntarles que qué hacían y con un "fuck you!" acompañado de un puñetazo le mandaron al hospital. 11 puntos. Lo explica sin dramatismos, mostrando en su mandíbula la marca de guerra. 

Cartel de la plataforma Salvem els Tres Turons el parque, hace unos días. /ricard cugat

En medio de este clima, la entrada de máquinas en el Turó de la Rovira para retomar las obras de pavimentación de los caminos que cruzan el parque del Guinardó hasta los búnkers hizo saltar todas las alarmas en un grupo de vecinos de los barrios afectadas, que se organizaron creando la plataforma Salvem Els Tres Turons. "Estamos frente a una agresión a la naturaleza en forma de pavimentación de caminos, que no hará más que facilitar todavía más la llegada de los turistas a los búnkers", denuncia Fran Bernal, portavoz de la plataforma. "Vendieron el museo con el meme de la cultura, pero es un meme falso. La estrategia que han seguido con los búnkers tiene poco de cultural y mucho de turística. Esto es extender el problema en lugar de solucionarlo", añade Sergi González, miembro de la plataforma y de la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible (ABTS).

"Se trata de un problema de modelo, y el asfaltado encaja a la perfección en ese modelo, contra el que luchamos"

Sergi González

Salvem el Turó de la Rovira

Desde el pasado 29 de enero, cuando vieron las máquinas entrar, han organizado cinco asambleas y una concentración, convencidos de que la pavimentación de los caminos no hará más que agravar el problema. "Es un paso más en el camino hacia la gentrificación del barrio. Ya se ven pisos turísticos. Y no es culpa de los turistas, se trata de un problema de modelo, y actuaciones como el asfaltado encajan a la perfección en ese modelo, que es contra el que luchamos", indica González

Adriana Gerique es vecina del parque desde hace 30 años, por donde cada día pasea a su perro. "Me enteré de las obras por las máquinas, no me informaron de nada, no entiendo por qué tienen que asfaltar esto", expone enfadada.

Plan de Rehabilitación Integral

El discurso de Pau González, consejero técnico del distrito de Horta-Guinardó, coincide en muchos puntos con el de los miembros de la plataforma contraria al asfaltado. "Quitamos la publicidad de las webs municipales, no damos permisos para rodar en los búnkers y prohibimos que subieran los taxis", enumera el representante municipal algunas de las medidas tomadas por su gobierno para intentar paliar el boom del lugar (medidas que sobra decir que a los miembros de la plataforma les parecen insuficientes). Pese a estar prohibido, los taxis siguen subiendo.

Papelera llena de basura, hace unos días en el Turó de la Rovira. / ricard cugat

Sobre la actuación urbanística, el detonante de las actuales protestas, el consejero asegura que consisten principalmente en una mejorar del drenaje en los caminos. "Los trabajos se enmarcan en un Plan de Rehabilitación Integral (PRI) que el ayuntamiento impulsa en distintos espacios verdes de toda ciudad", contextualiza señalando también que con lo que están cubriendo los caminos hasta ahora de tierra no es con cemento, sino saulón,"con un impacto ecológico mucho menor". El impacto visual es el mismo. A ojos del paseante, la diferencia entre el cemento y el saulón usado es mínima. Se ve exactamente igual de duro y gris. "Tenemos que encontrar la manera de que la necesaria mejora de la calidad del espacio público para los vecinos no acabe expulsando a los vecinos", reflexiona el portavoz municipal apuntando que la mejora de los caminos del parque había surgido de la demanda vecinal que en la plataforma niegan. 

Roser Bofill, portavoz de la asociación de vecinos del Turó de la Rovira, asegura que los caminos estaban muy mal y había que arreglarlos aunque se lucha no es esa sino la desafectación de las casas. "Nuestra batalla es contra la expropiación. Nuestro lema ha sido siempre parque sí; casas, también", concluye Bofill.

Batalla ganada en Can Baró

La movilización del vecindario de Can Baró a mitad de mandato, en el 2017, arrancó un compromiso municipal de no levantar las 127 viviendas para realojar a los afectados por las expropiaciones pendientes sobre la pista polideportiva del barrio, como tenía intención de hacer. Las pistas defendidas con uñas y dientes por los vecinos y finalmente salvadas se convirtieron en el 2010, vía recalificación urbanística, en la reserva de suelo municipal para construir la vivienda necesaria para realojar a gran parte de las familias afectadas por la reactivación del ambicioso plan de los Tres Turons. Plan desencallado en el último año del gobierno de Jordi Hereu que Xavier Trias metió en el cajón -su apuesta fue atraer el turismo- y Ada Colau ha decidido desempolvar.