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PATRIMONIO

¿De quién es la escalinata de Gaudí?

El plan urbanístico que tramita el ayuntamiento sentencia que el acceso monumental a la Sagrada Família por la calle Mallorca fue proyectado por Gaudí, algo que cuestionaban los informes que permitieron a Núñez y Navarro construir sus bloques de pisos

Ernest Alós

La fachada de la Sagrada Família sobre la calle Mallorca.

La fachada de la Sagrada Família sobre la calle Mallorca. / ALBERT BERTRAN

Una puerta principal de entrada al templo volando en el aire, a cinco metros de altura. Columnas que deberán pisar la acera de la calle Mallorca. Una visera que sobrevolará 10 metros de la calle. Así será la fachada principal de la Sagrada Família, la de la Glòria, según el “anteproyecto” (aún, a estas alturas) incluido, con profusión de plantas y alzados, en el plan especial urbanístico integral (PEUI) que tramita el Ayuntamiento de Barcelona, que deberá permitir que el proyecto de Gaudí tenga por primera vez licencia de obras. A nadie se le escapa que a esa puerta no se llegará volando, que se deberán construir unas escaleras y que estas deberán sobrevolar por lo menos la calle Mallorca, si no arrancar en el paseo programado en el Plan General Metropolitano de 1976, que debería cruzar dos manzanas del Eixample, derribando algunos bloques de vivienda. Pero el Ayuntamiento de Barcelona ha preferido no mojarse antes de las elecciones, el Col.legi d’Arquitectes de Catalunya le pide que sí lo haga, la Junta Constructora de la Sagrada Família defiende que la escalinata monumental forma parte del proyecto de Gaudí, lo argumenta en la memoria del plan en trámite y concluye que como tal debe ejecutarse y los vecinos han desempolvado dos informes de 1975 que sostienen que no se puede atribuir al arquitecto y que por lo tanto no sería ningún desaguisado ahorrársela. ¿Quién tiene razón?

Núñez y sus informes

Viajemos a 1975. Desde 1972 se está trabajando en la elaboración de una primera versión (1974) y otra definitiva (aprobada en abril de 1976) del Plan General Metropolitano, que establecerá por primera vez un paseo que atravesará dos manzanas del Eixample, desde la calle Aragó, como acceso monumental a la Sagrada Família. Y aquí aparecen José Luis Núñez y su inmobiliaria. No se le puede negar don de la oportunidad: se sabe de su intención de construir el bloque de pisos que ahora se deberían derribar para permitir la escalinata del templo en marzo del 1975, en febrero de ese año, y de nuevo en septiembre de 1975, la comisión provincial de Patrimonio del Ministerio de Educación y Ciencia dictamina que el edificio se puede construir porque “no existe proyecto de Gaudí de tales escaleras” y por lo tanto “no afecta a la parte monumental del templo que es obra de Gaudí” y también en septiembre de 1975 un informe del archivo del Colegio de Arquitectos dictamina que “no es posible atribuir a Gaudí” ni el acceso de la calle Mallorca ni siquiera un solo proyecto general de la basílica.

Las obras empiezan justo a tiempo y cuando el PGM del 1976 está aprobado, los bloques ya son un hecho consumado: desde entonces están afectados, con un posible derribo como espada de Damocles. Sobre la facilidad con la que el constructor se adelantaba el planeamiento y obtenía informes oficiales que daban vía libre a sus promociones y la objetividad de los argumentos para sostenerlos, quien recuerde cómo reinaba Núñez en los chaflanes de la Barcelona del porciolismo y postporciolismo puede tener su opinión. Aunque la asociación de vecinos de la Sagrada Família prefiere aferrarse a esos informes para reclamar que nunca el templo atraviese la calle Mallorca.

Los planos históricos

Sus argumentos podrían haberse topado con una respuesta de la Junta Constructora de la Sagrada Família. Pero esta ha mantenido un silencio propio de las políticas de comunicación clericales de otros tiempos. La respuesta se tiene que buscar en la memoria histórica que acompaña el Plan Especial Urbanístico Integral de la Sagrada Família que ha presentado a aprobación municipal. Efectivamente, se confirma que ninguno de los planes urbanísticos que preveían escalera y paso fueron aprobados nunca, antes del PGM de 1976. Pero sí se atribuye a Gaudí la inclusión de las escalinatas en su proyecto, y en más de una ocasión.

En los primeros planos del templo firmados por Gaudí (1885), la fachada queda retirada de la calle Mallorca para dejar espacio a las escaleras en el interior de la manzana.  La fachada alineada con la calle y las escaleras sobre un puente aparecen citadas como proyecto de Gaudí en la prensa (1903, 1907), a propuesta de Gaudí (1906) se recoge en el plan de enlaces municipal, no aprobado finalmente, de Jaussely (1907) y se dibuja en las plantas del templo que se difundían en publicaciones de la Junta de Obras en 1914, 1917, 1923 y 1929. Pero lo que resulta más relevante a la hora de atribuirle o no la idea al arquitecto: la escalinata se dibuja en las alegaciones, según los promotores del templo presentadas por el propio Gaudí en 1916, contra el plan que descarta el de Jaussely y elimina el acceso monumental al templo.

Según quienes elaboraron los informes que daban vía libre a las afanes constructores de Núñez, “las escaleras citadas fueron dibujadas por los ayudantes de Gaudí”. Según el equipo redactor del proyecto presentado por la Sagrada Família, resulta obvio que delinease quien delinease, la responsabilidad sobre los planos publicados mientras Gaudí era el responsable de la obra  no se le pueden atribuir a nadie más que a él.

Según el colegio de arquitectos de 1975, “no es posible atribuir a Gaudí ni un proyecto definitivo del templo” ni tampoco “ha sido visado un proyecto en la concepción general y legal de la palabra, de la totalidad del templo”. Lo primero lo rebate la actual junta, que argumenta que las obras se desarrollan “de conformidad con el proyecto del arquitecto Antoni Gaudí” y lo segundo es irrebatible: hasta que no se apruebe el plan en trámite, estaremos en el 2019 y aún sin que exista ese proyecto con licencia municipal de obras.ç

Según el informe del ministerio que dirigía entonces Cruz Martínez Esteruelas, que al desaparecer la previsión del paseo en la planificación urbana de 1925 Gaudí estuviese vivo (moriría al año siguiente) probaría que desistió de su idea. Según el texto del PEUI, la reclamación de Gaudí del 1916 y la reiteración posterior en los planos de la obra, en cambio, van a misa.