30 oct 2020

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BARCELONEANDO

El exilio agridulce del mercado de la Abaceria

Satisfacción entre los paradistas trasladados a la carpa provisional de paseo de Sant Joan, salvo los del exterior

BCN retrasa hasta enero el derribo interior del viejo mercado para no dañar más a su entorno en Navidad

Toni Sust

Interior de la carpa provisional en la que se ha instalado la Abaceria, en el paseo de Sant Joan. / ELISENDA PONS

Interior de la carpa provisional en la que se ha instalado la Abaceria, en el paseo de Sant Joan.
Tiendas exteriores de la carpa provisional, por las que por ahora no pasa mucho público.
Calle contigua al antiguo mercado, en el que una carnicería y una pescadería resisten el evite de la clausura de la Abaceria.

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Cuando en julio pasado el gobierno de Ada Colau cerró provisionalmente el mercado de la Abaceria, en Gràcia, para abordar una más que necesaria reforma integral, a imagen y semejanza de las emprendidas anteriormente en otras instalaciones similares de la ciudad, salió a la luz un dato que ni los paradistas conocían: las obras no acabarán en el 2020, como se había anunciado, de lo que dan fe carteles que precisaban esa fecha. Coincidiendo con el traslado, el consistorio afirmó, como si ya estuviera previsto, que el grueso de los trabajos se iniciarán cuando debían concluir, es decir, en el 2020.

Pocas veces un retraso en el calendario anunciado por una administración ha molestado menos a los administrados, o por lo menos a una parte relevante de estos. Los paradistas están tan bien en la carpa provisional instalada en el tramo central del paseo de Sant Joan, entre las calles de Claret e Indústria, que en su mayoría afirman que les da igual estar allí tres o cinco años. Algunos bromean incluso sobre la posibilidad de que la instalación ya no se mueva de allí. La carpa se ha convertido en un lugar de paso, en una travesía agradable, y ha atraído a nuevos clientes que llegan de la zona de Roger de Flor, a los que probablemente el emplazamiento habitual de la Abaceria les queda un tanto lejos para dar el paso.

Todo lleva a la carpa

Los paradistas han comprobado que el lugar es un gancho para los transeúntes, que por otra parte se verían obligados a dar un giro considerable para evitar la carpa si transitan por el tramo de central de paseo de Sant Joan. Resulta agradable pasar por dentro del mercado, aunque no sea para comprar. En resumen, la felicidad es considerable en el interior de la carpa provisional. No así en su exterior, a la derecha mirando desde arriba, desde Claret.

Las paradas allí instaladas tienen un problema claro: el peatón tiende a atravesar el mercado por su interior o a caminar por la acera de paseo de Sant Joan, la acera Llobregat, antes que ir por la calzada en la que están esos puestos, que, la verdad sea dicha, ya no vivían su mejor momento en el emplazamiento original de la Abaceria: varias tiendas del exterior llevaban tiempo cerradas. Que los productos que venden no sean de primera necesidad tampoco ayuda. La consecuencia de esta situación es que alguno se plantea ya bajar la persiana y el consistorio estudia algún cambio en los pasos de peatones para remediarlo.

Tregua navideña

Si, con la salvedad subrayada, en la carpa provisional prima la satisfacción, el entorno del  viejo mercado refleja una situación muy distinta. La Abaceria lleva más de dos meses cerrada, con la única presencia de algún agente de seguridad. Y eso siempre tiene un efecto en la zona colindante. Dicen los comerciantes que la actividad ha experimentado un descenso notorio. Por lo menos un par de tiendas que en verano estaban en funcionamiento han cerrado sus puertas. Otras, solo abren por la mañana. Y las que siguen funcionando todo el día han detectado que las tardes tienden a ser un desastre.

El efecto no solo se nota en la calle de Puigmartí. Ha llegado a establecimientos de la calle de Milà i Fontanals. Es un efecto habitual, afirma el gerente de mercados del consistorio, Màxim López. Curiosamente, en el contexto de esta pequeña desolación concreta abrió sus puertas un nuevo comercio en lo que se conocía como el ‘Banc Expropiat’, un local en el que parecía que no se podría instalar nunca otro negocio a tenor de la protesta social que pendía como amenaza, pero el tiempo todo lo puede, para bien y para mal.

A la vista de que el entorno del viejo mercado está sufriendo, el ayuntamiento, en contacto con comerciantes y vecinos, ha tomado una primera decisión. La demolición de la estructura interior, que estaba prevista para otoño, y que cuenta ya con la tramitación legal necesaria, se ha aplazado hasta principios del 2019. Para ser exactos los trabajos empezarán cerca del 15 de enero. El gerente de Mercados del consistorio, Màxim López, explica que la decisión se tomó con el propósito de no causar un mayor perjuicio en un periodo de especial movimiento, la Navidad. Así que vecinos y comerciantes de la Abaceria podrán comerse los turrones en un ambiente de paz relativa. Para algunos, quizá una paz excesiva.

El consistorio se plantea un mercadillo en el exterior del antiguo mercado para dinamizar la actividad comercial

El consistorio ofrece un acompañamiento individual a los comercios, consciente, por la experiencia de otras reformas, de que el periodo en el que la gran actividad de un mercado desaparece supone una alteración grave para los comercios que siguen abiertos en los alrededores.

Por ello, el ayuntamiento está estudiando una de las medidas que algunos tenderos defienden: la instalación de un mercadillo exterior junto al mercado cerrado. Una propuesta que todavía debe estudiarse de cabo a rabo, sobre todo para evitar que el remedio sea peor que la enfermedad. A modo de ejemplo, López afirma que si se produjera sólo el sábado, un día de gran actividad comercial, y si el mercadillo acogiera a comerciantes de otra zonas, podría perjudicar a los locales.

Calendario y cementerio

Después del derribo interior aplazado hasta enero, el viejo mercado vivirá casi dos años de inactividad. El inicio del grueso de reformas se prevé para principios del 2020 y su finalización, 26 meses después, a mediados del 2022. Eso, si no aparecen restos arqueológicos que obliguen a parar o retrasar los trabajos, porque hay quien dice en el barrio que debajo del mercado hay sorpresa: un cementerio de principios del siglo XIX.