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BARCELONEANDO

El segundo final del Banc Expropiat

Dos años después, un supermercado bio toma el relevo en el local emblemático del colectivo okupa

Mauricio Bernal

El supermercado bio en el local donde antes estaba el Banc Expropiat.

El supermercado bio en el local donde antes estaba el Banc Expropiat. / ALBERT BERTRAN

Dos años más tarde, el Banc Expropiat amaneció convertido en supermercado bio. Que no ocurriera de la noche a la mañana y que a la transformación la precedieran las respectivas obras no le resta antología. Total, aquí donde se ofertan lechuguitas bio otrora se hacían asambleas, talleres, se recogía y regalaba ropa, aquí, donde descansa la estantería de los salmorejos bio. Total, aquí donde ahora hay trasiego de supermercado ocupantes y policías protagonizaron hace un tiempo un extenuante juego del gato y el ratón, un juego con heridos, coches quemados, sirenas, helicópteros, detenidos, aquí donde por algo más de tres euros se pueden comprar 900 mililitros de helado bio. La ciudad cambia y elimina huellas.

Dos años ha estado clausurado el local, convertido en fortaleza contra la okupación

Aquello tuvo lugar en mayo y junio del 2016. Luego, el local fue clausurado con grandes láminas de metal y declarado apto para resistir el asedio de un ejército vikingo. Los okupas que lo habían hecho suyo durante cerca de cuatro años se retiraron a un local 20 metros más al sur. Lo bautizaron La Sucursal. Habían presentado batalla durante dos semanas y escrito otro capítulo de la resistencia okupa local, como en Can Vies o la Kasa de la Muntanya: la clase de episodios que consiguen que parezca que en la ciudad ha estallado la revolución, y que el barcelonés medio recuerda cuando sale el tema de los desalojos de okupas. Los vecinos respiraron aliviados, y días después empezaron a preguntarse qué sería del local de marras.

Una fortaleza

Más de dos años ha ofrecido el lugar el aspecto de fortaleza blindada contra la okupación, que cualquiera que no estuviera al tanto de los acontecimientos naturalmente encontraba extraño. "Y eso, ¿por qué está así?" era una pregunta habitual en los aledaños del antiguo Expropiat. Los vecinos se acostumbraron, no solo a la fortaleza –más o menos como tener una casa tapiada al lado, pero en gris y en metálico– sino a la transformación de las láminas en tablón informativo. Un día había carteles contra la gentrificación. Otro día, el llamamiento a una manifestación. Otro día un grafiti: "El Banc Expropiat es queda a Gràcia". Pintadas feministas y anarquistas. El exterior del local se convirtió en una extensión documental del antiguo local okupa. En cierto modo seguía siendo el Banc Expropiat, pero cerrado. Un recuerdo vivo.

El ruido de obra anticipó hace unas semanas su resurrección bajo una nueva forma

Más allá del local, el desalojo no ha restado presencia al colectivo en el barrio. Aparte de que han hallado un nuevo espacio en el antiguo CAP de Quevedo, en la calle del mismo nombre –menos central que la antigua oficina de Catalunya Caixa, eso sí– siempre es posible encontrar un grafiti de reivindicación del Banc Expropiat por ahí, o pancartas en la plaza de John Lennon, o carteles pegados en las paredes de siempre. "Si t’estimes el Banc Expropiat, anima’t a defensar-lo", reza un cartel pegado en varios puntos de la 'vila'. Pasadas esas dos semanas que tuvieron en vilo al barrio, y que dividieron a los vecinos entre los incondicionales de la resistencia y los que solo querían la vuelta a la tranquilidad, volvió a instalarse el sentimiento de ‘no le hacen daño a nadie’. "Aquello fue una burrada de parte y parte, pero desde que están en Quevedo han vuelto a ser unos vecinos más –dice una comerciante del mercado de la Abaceria en plena operación de mudanza–. ¡Pero no me vayas a citar por mi nombre!" Hace tiempo que volvió la normalidad, pero por si acaso, anonimato.

El viernes pasado abrió el nuevo comercio bio, pero el segundo final del Banc Expropiat empezó realmente hace unas semanas, cuando los ruidos de obra anticiparon la resurrección del local bajo una nueva forma. Al enterarse de que sería un supermercado, los comerciantes del barrio manifestaron su extrañeza: otro supermercado. Al fin y al cabo, se podría hacer un estudio y casi saldría uno por calle. Sobre el que funciona a partir de esta semana en el cruce de Travessera de Gràcia y Mare de Déu dels Desamparats los vecinos siempre tendrán una historia que contar. Las huellas tangibles, en cambio, han sucumbido bajo el manto bio.

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