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RESTITUCIÓN HONORÍFICA

El final de la depuración: el caso de los Lamote de Grignon

Los descendientes del director y subdirector de la Banda Municipal de Barcelona, dos de los 1.700 funcionarios municipales sancionados a partir de 1939, celebran la anulación de sus expedientes

Ernest Alós

David Craven-Bartle, bisnieto y nieto de Joasn Lamote de Grignon y Ricard Lamote de Grignon.

David Craven-Bartle, bisnieto y nieto de Joasn Lamote de Grignon y Ricard Lamote de Grignon. / MARTÍ FRADERA

El pleno del Ayuntamiento de Barcelona debatirá este viernes la retirada de la medalla de oro de la ciudad al primer alcalde franquista de la ciudad, Miquel Mateu i Pla, y la anulación de los expedientes de depuración de 1.700 funcionarios municipales que fueron sancionados entre 1939 y 1942 por militancia o simpatías republicanas. De ellos, 922 fueron expulsados de la plantilla municipal.  Según el teniente de alcalde Gerardo Pisarello, “restituir la dignidad de toda la plantilla municipal víctima de las purgas fascistas”, incluyendo a personajes como el botánico Pius Font i Quer o el músico Joan Lamote de Grignon es “un doble acto de justicia” hacia los afectados y a la ciudad. “La familia lo vemos como una satisfacción; mi bisabuelo fue enterrado sin ningún reconocimiento y el silencio duró años”, dice David Craven-Bartle, bisnieto de Joan Lamote de Grignon y nieto de Ricard Lamote de Grignon, director y subdirector de la Banda Municipal de Barcelona.

Joan Lamote de Grignon, dirigiendo la Banda Municipal en el Teatre Grec, en los años 30.  

Los Lamote de Grignon fueron dos de esos 922 funcionarios destituidos, aunque su caso fue relativamente atípico. Fundador en 1910 de la primera orquesta sinfónica de Barcelona, dirigió de 1914 a 1939 la que el musicólogo Francesc Bonastre ha calificado como “la época gloriosa” de la Banda Municipal de Barcelona. “Apreciado por Richard Strauss, Pau Casals o Albéniz, dejó de lado su carrera como compositor para convertir la banda en una orquesta de viento, transcribir las obras del gran repertorio sinfónico y hacer de ella un instrumento pedagógico, con los Concerts Sinfònics Populars que llenaban el Palau de Belles Arts”, rememora su bisnieto.

Sin un destacado compromiso político, mantener en pie los conciertos populares de la Banda Municipal le valió al padre la destitución al frente de la formación musical que había levantado y al hijo, además, 40 días de cárcel y un consejo de guerra por ‘rebelión’ (del que salió absuelto).

En el caso de Ricard, el proceso tuvo todos los pasos infames de la depuración franquista. Denuncias anónimas (hasta 61), informes supurantes de rencor de Falange (construyendo cargos a partir de  casi nada: en su caso, haber compuesto una obra por encargo de la Generalitat titulada ‘1936’ y haber firmado el manifiesto contra el bombardeo de Gernika fueron los principales) y un informe condenatorio firmado por el secretario municipal interino, donde le apuntaba diciendo que “antes del 18 de julio de 1936 no se conocía perteneciera a partido político determinado, pero sí expresaba principios separatistas-comunistas, siendo partidario del Frente Popular. Al dominar los rojos Barcelona se sintió atraído por los mismos, convirtiéndose en un apologista de sus ‘gestas’ llegando a componer un poema musical que tituló ‘1936’ (…) cuya composición musical dedicó el señor Lamotte al ‘honorable’ Companys”.

Su ostracismo sin embargo no fue indefinido, como el de otros tantos exiliados o inhabilitados de por vida, “pero dejó un vacío durante años, que ha hecho por ejemplo que sus obras se dejasen de interpretar”, dice su descendiente. Después de tres años “de miseria”, con falangistas inspeccionando el conservatorio (Joan Lamote dirigió el del Liceu) para asegurarse que ni siquiera se interpretasen sus partituras, el apoyo de destacados músicos españoles hizo que ambos pudieran ponerse al frente de la Banda Municipal de Valencia de 1943 a 1946, no sin problemas (mientras el alcalde de Valencia los defendía, el gobernador los tenía en el punto de mira). “La familia se refiere a ese periodo como ‘el exilio en Valencia’”, explica David Craven-Bartle.

Fallecido Joan Lamote de Grignon en 1949, sin embargo, Eduard Toldrà logró la reincorporación de Ricard Lamote de Grignon como subdirector de la banda en 1957. Fue una restitución de la que no llegaron a gozar ni su padre ni muchos de los trabajadores del ayuntamiento que cayeron en el proceso de depuración, identificados por el historiador Marc Gil en su tesis doctoral, ‘Barcelona al servei del Nuevo Estado’, Eumo Editorial) que ha servido de guía para localizarlos, honrarlos y notificar la anulación de sus expedientes a sus descendientes.

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