ENTREVISTA CON EL EXJUGADOR Y EMBAJADOR DEL BARÇA

Audie Norris: "¿El básquet de ahora físico? Me río"

  • 'Atomic Dog' regresa al Barça 28 años después. Tras dejar huella en sus seis temporadas como jugador, en las que se dejaba las uñas largas para librar batallas épicas con Sabonis y Fernando Martín, ahora ejercerá como embajador del club. El pívot habla de cómo se frustró su fichaje por el Madrid, del racismo vivido en EEUU y del papel que las leyendas azulgranas pueden tener a la hora de hacer llegar la historia del club a las nuevas generaciones.

Norris posa durante la entrevista.

Norris posa durante la entrevista. / Jordi Cotrina

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Roger Pascual
Roger Pascual

Periodista

Especialista en fútbol, baloncesto, balonmano

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Luis Mendiola
Luis Mendiola

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Audie Norris ha vuelto a casa. 28 años después, el mejor jugador extranjero de la historia del Barça de básquet regresa al club en el que fue más feliz. Seis temporadas en las que se convirtió en ídolo de la afición. Sus tres hijos y sus dos nietos viven en EEUU pero él no piensa volver a residir en su país natal. "No aguanto vivir ahí para nada, estoy hasta los huevos", dice lamentando la pervivencia del racismo. Lleva desde 2011 afincado en España y tiene claro que su hogar está en el Palau. Embajador de la NBA desde hace años, ahora será también embajador del Barça.

"La posición de embajador en el baloncesto no existía, en el fútbol sí porque es otro nivel. Yo hacía este trabajo desde el primer día que vine aquí porque el mundo me conectaba con el Barça. Hasta en China, cuando entrenaba en Shangai y Guangdong. Por eso este puesto para mí era natural, es parecido al mi labor como embajador en la NBA".

Volvió hace una década a España con la idea de poder volver a lucir la casaca azulgrana, como ayudante o haciendo trabajo específico con los pívots, pero en el 'bartorosellismo' no encontró la sintonía que siempre tuvo con Joan Laporta, que ya contaba con él en su candidatura de 2015. En estos años, además de su Campus en L'Hospitalet (parado los dos últimos años por la pandemia) había entrenado en Sevilla y China, pero se dio cuenta que no era lo suyo. "Entrenar es muy duro, tengo mucho respeto por los entrenadores pero físicamente no quiero". Las rodillas, que le fastidiaron durante toda su carrera, ya no le duelen. "Desde que dejé mis antiguas rodillas por las nuevas nunca me he sentido tan bien, pero mi espalda está jodida. Tengo mucho conocimiento de juego pero en Sevilla comprendí que es muy duro entrenar cuando físicamente no estás bien. Mis antiguas rodillas lo hacían muy duro. Estuve pensando más en mi cuerpo que en entrenar a los chicos. Dolía mucho".

Racismo

No solo le dolía el cuerpo sino los "insultos, injurias y faltas de respeto" que denunció de seguidores del Sevilla. "Hay gente que dice tonterías, es así". Pero considera que eso era "racismo 'light'" comparado con lo que tuvo que vivir en EEUU. "Había comentarios en Sevilla pero en mi cara, no. Nada que ver con mi infancia en Jackson (Misisipi)", comenta. Audie nació en 1960, solo cinco años después de que Rosa Parks se negara a ceder su asiento en el bus a un blanco, símbolo del principio del fin de la segregación racial. "Cuando era joven, mi barrio era negro. No había blancos. Este mundo no lo conocía fuera del barrio. Cuando el gobierno cambió las leyes para la segregación cogía un bus media hora hasta otro barrio, el de los blancos. Había policía, militares porque no querían que los negros entraran en su cole".

Unos recuerdos que se grabaron a fuego y que, lejos de amilanarle, crearon el espíritu aguerrido y combativo que tenía sobre la pista. "Cada día había una pelea con algún blanco que quería alguna tontería con nosotros. Cada día. Era duro, pero era la manera de vivir. No podía ir a mi colegio de barrio, pero teníamos que luchar por nuestro espacio allí. Pero nunca me cansé de pelear. Poco a poco fui haciendo más amistades con los blancos de allí. Porque los niños no saben nada de racismo. Eso son cosas de los padres que les enseñan. Pero conoces a las personas y piensas: 'Es 'cool', está bien'".

Aunque la segregación quedara atrás, lamenta que el racismo no se apague en su país natal. "Ha mejorado, pero en EEUU el racismo sigue vivo hoy en día. Sesenta años después. La gente del Ku Klux Klan no lleva capucha ni sábana. Ahora llevan uniforme ahora y trajes, es así. Cambian la ropa pero la mentalidad es la misma. Pero el racismo no va a acabar porque no vas a cambiar la mentalidad de una persona si esa persona no quiere cambiarla".

Le preocupa ver como jugadores y exjugadores alimentan campañas negacionistas. Como que Kyrie Irving diga que está contra las vacunas porque son un plan de Satanás. "El problema es que es un 'rol model' raro. Su opinión influye en mucha gente, claro. Eso es lo malo. Pero si él quiere jugar tiene que vacunarse, si no, no va a jugar. En Nueva York y San Francisco es obligado, es así". O ver a David Wood, excompañero en el Barça, participando en la protesta ante el Capitolio, previa al asalto al Congreso de EEUU. "Hablé con David Wood. Iba con esa trompeta, con el cuerno de Jehová. Esta es la mentalidad de gente como él que a día de hoy aún cree que Trump ha ganado las elecciones. Pensaba que había ganado y estaba convencidísimo, convencidísimo. ¿Qué puedes decirle a alguien así? Nada, porque no puedes cambiar su mentalidad".

Adaptarse

Cree que una de las claves para que un americano triunfe en Europa es que quiera aprender y adaptarse no solo al nuevo equipo sino a su nueva ciudad. "Yo siempre intenté adaptarme al sitio donde iba. No vine aquí buscando América. Y por eso me he quedado. Algunos como Cory Higgins o Brandon Davies se han adaptado muy bien a la vida de aquí. Van un mes a EEUU, pero se quedan aquí más tiempo. Eso no es lo que suele pasar con los americanos. Dos días antes de acabar la temporada ya están con las maletas hechas y en cuanto acaban, se van".

Una estatua para 'SuperEpi'

Su reto ahora como embajador es que, cuando los jugadores se hayan retirado, sigan luciendo por el mundo el escudo del Barça. "Quiero traer otros exjugadores que tuvieron un impacto para implementar en el club el Legends del Barcelona. Hay que recordar esta historia del Barça. Esto es importante para el club y para los aficionados, las peñas...", comenta poniendo el ejemplo de la NBA. "El Barça debe cuidar su historia y sus leyendas, es lo que hace la NBA. Es lo que hace la NBA, que no solo tiene éxito porque están jugado todo el día, sino porque jugadores como Magic, Drexler o Jordan, han seguido activos, ayudando a que la marca siga creciendo. Y este es mi idea para el Barça, porque el Barça tiene mucha historia". Igual que Magic y Jordan tiene sendas estatuas delante de las pista de los Lakers y Bulls, cree que Epi tendría que tener una delante del Palau. "Muchos jugadores hoy en día no saben quién es 'SuperEpi', que para mí tendría que tener una estatua enfrente del Palau. Tienen que conocer la historia del club".

Otro baloncesto

Norris sigue siendo un enamorado del baloncesto. Sigue enganchado a la NBA para ver a los Lakers (“siempre me han gustado”), a Brooklyn, Atlanta, a Golden State (“me gustaría que cogieran a Marc, les hace falta un grande y aún puede ayudar”). Pero también al básquet europeo y, por supuesto, al Barça. Pero reconoce que el que se practica ahora no le divierte tanto como el que se jugaba en su época, en la que los pívots tenían un papel protagonista y se libraban algunas de las grandes batallas.

"Cuando los jugadores de hoy día dicen que es duro, me río de esto. Físico era jugar en la pintura con Sabonis, Romay o Corny Thompson”

“El baloncesto ha cambiado. Cada diez años hay un cambio de estilo. Ahora todos juegan por fuera, lanzan triples. Cuando los triples entran es divertido. Pero si no, es muy aburrido”, reflexiona el que fuera referencia del baloncesto azulgrana en los 80. ”A mí vuelve loco ver a un jugador de 2,10-2,15 que le pasan un balón debajo del aro y lo saca fuera. En mi época este balón no habría salido para nada: mate, dos puntos o tiros libres. Pero pasarlo a línea de tres, no. Yo ahora no duraría ni dos minutos en la pista por la que forma que yo jugaba. Los jugadores de hoy día dicen que es duro, que es físico, me río de esto. En nuestra época sí que lo era. Físico era jugar en la pintura contra Sabonis, Romay o Corny Thompson” y admite que tenía algún truco, como dejarse las uñas más largas, para ganar algunas de esas batallas. 

La batallas Barça-Madrid

De esa época habla con cierta añoranza. “Era muy divertido, mucho”, explica y señala que esa misma mañana ha colgado en sus redes sociales un vídeo con imágenes de algunas leyendas del Barça, en las que se ve a Epi, Solozábal o Jiménez, de los que habla con verdadera devoción. “Vine en el mejor momento para la rivalidad Barça-Madrid solo había tres canales de televisión y todas España estaba viendo estos partidos. Era grandes batallas. Era la época dorada para el Barça, cuando la Liga estaba creciendo desde la plata olímpica de 1984, un grupo que cambió la mentalidad del baloncesto en España”, recuerda Norris. “Mucha gente habla de los duelos Fernando Martin, pero cuando Fernando salía del partido, entraban Romay o Antonio, que también era durísimos, y mi trabajo nunca acababa. Los partidos contra el Madrid eran durísimos. Pero eso acababa en la pista. Fuera tuvimos una buena relación que aún sigue”.

10.000 dólares lo cambiaron todo

Lo que muy poca gente sabe es que, en principio, Norris había venido a España a fichar por el Madrid y no sabía nada del Barça en esa época. La falta de un acuerdo económico con el club blanco acabó dirigiéndolo hacia el Palau. “Cada vez que veía a Lolo Sainz me decía 'joder Norris, por 10.000 dólares tú tenías que estar conmigo”, desvela el 'Atomic Dog'. “Siempre tuve desde el primer año en el Barça una conexión con el club, con la ciudad, con la gente. Yo después de cada partido me quedaba para hablar con los fans. Ellos me tenían cariño y se sentían más cerca de mí porque sacaba tiempo para estar con ellos. Me sentía una parte de todo. Fue la peor pérdida para el Madrid en su historia”, ironiza el símbolo azulgrana, uno de los pocos ídolos de esa etapa que no tiene retirada su camiseta en el Palau. “¿Si me gustaría? Claro, a qué jugador no”. 

La espinita europea

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De esa etapa solo tiene un mal recuerdo. “Nos faltó una Copa de Europa. Éramos muy buen equipo. Pero la Jugoplastika era mejor. Kukoc, Perasovic, Radja. Savic, que vino a jugar con nosotros y no ganó tampoco. En París intenté ayudar con el hombro jodido. Llegábamos a la ‘final four’ y las lesiones nos jodían. Durante la fase regular habíamos ganado a la Jugoplastika y creo que si hubiera sido al mejor de tres, como en los 'play-off' igual habría sido diferente. Pero no fue así. Ellos tenían muy buen equipo”, admite desde la distancia. 

Acerca del momento que vive el Barça actual, se muestra ilusionado. “Depende de las lesiones, pero este año creo que será mejor que el año pasado. Es un equipo que tiene posibilidades para marcar una época pero hay que hacerlo en la pista. Sobre el papel sí, pero hay que trabajar”, valora desde la prudencia que le da su nuevo cargo en el club.