Ferran Monegal
Por mucho que se esfuerce la remilgada y cursi Carmen Lomana en intentar pulir rupestres criaturas y tranformarlas en diamantes, la única verdad es que éste es un país fundamentalmente agropecuario, tosco, tórrido y con un porcentaje de animaladas por metro cuadrado bastante considerable. La tele nos demuestra cada día que somos una península fundamentalmente cafre, en la que los humanos deberíamos tomar nota del ejemplo que nos dan las bestias típicas de los paisajes de secano; es decir, el camello y la cabra. La última cabra que he visto en la tele fue a primeros de junio de este año. Nos la presentó Pedro, joven pastor de Vezdemarbán (Zamora), un muchacho delicioso, un poco asilvestrado si quieren, pero que rezumaba una gran honestidad. Pedro es uno de los granjeros de Granjero busca esposa (Cuatro) y en un momento dado, con un punto de desasosiego existencial, decía mirando hacia una de sus cabras: «¡Mi historia amorosa cabe en una servilleta de papel!». Y la cabra le devolvió la mirada con una ternura muy grande ¡Ah! Qué cabra esa de Pedro el zamorano. ¡Qué delicada humanidad transpiraba la besta rumiante! De camellos tenemos varias colonias asentadas en España. Ya sabemos que son de origen africano, pero viven aquí con gran naturalidad. Los últimos que he visto en la tele fue precisamente anteayer, en el programa Comando actualidad (TVE-1). La reportera Sara Lozano se adentró en los resecos páramos aragoneses de Los Monegros, y allí, en mitad del polvo del desierto, viven tres ejemplares dromedarios (variante del camello, pues todos son de la familia de los camélidos). Su propietario, José, nos los presentó: la hembra se llama Baltasara, y los machos El Tempranillo y El Cucaracha. ¡Ah! Son tres criaturas fantásticas. Se han nacionalizado aragoneses por amor a aquella comunidad. Ponerle de nombre El Cucaracha a uno de ellos, por ejemplo, es síntoma inequívoco de arraigo. El Cucaracha fue un bandido muy querido por las capas populares. Corrió por Los Monegros durante casi toda la segunda mitad del siglo XIX y se dedicaba a robar a los ricos para dárselo a los pobres. Se llamaba Mariano Gavín y murió envenenado por una ponzoña que le suministró un desalmado boticario. ¡Ah! Ahora que me dispongo a veranear, quizá me acerque a Los Monegros a saludar a El Cucaracha; y hasta Zamora a mirar la ternura de los ojos de la cabra. Felices vacaciones. Un abrazo.
Ferran Monegal. TVE
Información publicada en la página 50 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 30 de julio de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
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