El Periódico

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El poder de las redes / la aplicación

Fotografía accesible

Instagram abre una inmensa puerta a los que no son profesionales de la imagen

La aplicación ya cuenta con 50 millones de usuarios

ELENA PARREÑO
BARCELONA

Sábado, 23 de junio del 2012

Tiene solo dos años de vida y en mayo superó los 50 millones de usuarios. Las cifras de Instagram hablan por sí solas y su popularidad tiene que ver tanto con la facilidad de tomar fotos de calidad como con la posibilidad de compartirlas al instante con una red de personas de todo el mundo. La aplicación gratuita para compartir fotos fue diseñada para iPhone. A sus características fotos cuadradas pueden aplicársele todo tipo de filtros y marcos que cambian el resultado de la imagen.

Este producto nació en octubre del 2010 en EEUU. En abril de 2012, Facebook lo compró por mil millones de dólares. Inicialmente solo los que tenían un iPhone podían usar la aplicación, pero cuando Instagram anunció que se estaban realizando pruebas con Android, sistema que usan el resto de smartphones, más de 400.000 personas pidieron ser avisadas cuando la aplicación estuviera disponible.

Al igual que Twitter, Instagram tiene hashtags o etiquetas que permiten a los usuarios crear grupos temáticos y ver qué fotografías han compartido los demás. La diferencia con otras redes sociales es que el concepto de compartir se establece solo a partir de las imágenes que se cuelgan. Algunos usuarios, muchos de los cuales no tenían antes relación con la fotografía, valoran la facilidad para editar las imágenes, como la noruega Ria Molde, que asegura que la aplicación le ha permitido «explorar toda su creatividad».

Un argumento en el que coinciden muchos usuarios es que esta herramienta les ha cambiado la forma de mirar. Aurora Michavila, catalana referente en la red social, asegura que Instagram le incentiva a explorar y a buscar su propio punto de vista, «además me ha quitado el miedo a no dominar la técnica y, en cambio, a concentrarme en encontrar y crear escenas», dice.

En este sentido, la aplicación habría abierto una puerta a los no profesionales de la fotografía a atreverse a experimentar con las imágenes. El holandés Herbert Schröer reconoce que esta aplicación ha convertido en su principal afición la fotografía, de la que antes «no sabía nada», dice, «ahora busco luces, colores y composiciones interesantes allá donde voy».

En la misma línea de que Instagram ha logrado quitar el miedo hacia la fotografía, para Julio Estrela la clave es que «mediante un poco de técnica puedes conseguir resultados bastante aceptables, imágenes que nunca hubieses soñado hacer con una cámara convencional». Y finalmente está la comodidad de no cargar con una cámara de fotos que además por su tamaño se hace notar más. Muchos instagramers hacen fotos pasando inadvertidos, simulando usar el teléfono para otra función.

Y como en todo, hay niveles de uso y muchos usuarios se reconocen adictos. Gabriel Samper asegura que «Instagram puede ser muy adictivo y debe ser controlado porque si no puedes tener muchos problemas con familiares y amigos. Después de tantos meses, he conseguido saber dosificarlo aunque me ha costado mucho esfuerzo», reconoce.

En plena ebullición, Instagram está viviendo su momento dorado y por el momento no parece que el fenómeno social vaya a remitir, más bien al contrario.

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