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Josep Oliver Alonso

Los jueves, economía

Josep Oliver Alonso

Catedrático de Economía Aplicada (UAB)

Retorno a Deauville

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Jueves, 16 de mayo del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

El desenlace de la crisis en el área del euro continúa en el continuo tira y afloja entre el sur y los países del centro, liderados por Alemania, respecto de quién y cómo se pagan las posibles quitas de deuda (privada y pública) que continúan acumulándose. Ahora existe la esperanza de que la próxima cumbre de junio debería dar el pistoletazo de salida a la unión bancaria y, con ello, avanzar en el problema de la liquidación de bancos con problemas. Y cada país toma posiciones. El martes, nuestro ministro de economía, el señor Guindos, intentó convencer al Ecofin de que, en el diseño de quién pagaría rescates bancarios, se excluyera a los depósitos de más de 100.000 euros. Tuvo la callada por respuesta.

Para entender lo que se debate hay que regresar a otra cumbre de junio, la del 2012, cuando Rajoy, Monti y Hollande aparecieron ante la prensa satisfechos, y afirmando que se habían doblegado las pretensiones alemanas en lo tocante a los rescates bancarios y al diseño de la unión bancaria. Básicamente, entendieron que se había acordado que el fondo de rescate de la UE, que ya está en marcha con 500.000 millones, podría prestar directamente a los bancos con problemas si los estados donde se radicaran dichos bancos no podían acudir en su auxilio. En roman paladino: en lugar de que fuera el contribuyente de cada país el que cargara con las posibles quitas de rescates bancarios, serían los contribuyentes del euro los responsables de cargar con las pérdidas que se pudieran producir.

Lastimosamente, esta interpretación de la unión bancaria no es la que hicieron Merkel y Schaüble. En su opinión, esto sería así solo cuando los actuales problemas bancarios hubieran sido resueltos, y las pérdidas potenciales absorbidas por los estados. Por ello, Rajoy se vio obligado a solicitar, en nombre de España, el rescate de parte del sistema financiero, con lo que el Estado español es el deudor del fondo de rescate europeo, y no cada uno de los bancos que han recibido ayudas.

En el ínterin, la unión bancaria ha comenzado a andar, de forma que a partir de mediados del 2014 el BCE ya será el único supervisor de la banca de la eurozona. Lo que se discutirá en junio es el siguiente paso: definir el mecanismo de liquidación de bancos insolventes. Tras el acuerdo sobre una única autoridad supervisora, este elemento es crítico, ya que la existencia de una autoridad de liquidación de bancos tiene no solo una enorme carga política, la pérdida de soberanía que implica es sustancial, sino económica. Y ello porque una única autoridad de resolución bancaria sin un fondo de financiación común para atender los problemas que genere tiene poco sentido.

En este contexto, Wolfgang Shaüble ha anunciado en la última reunión informal del Ecofin que este mecanismo de resolución ahora no es posible, ya que implica la reforma de los Tratados. Es decir, abrir el melón que hasta ahora Francia se niega a considerar. Alemania argumenta que este nuevo poder financiero no está contemplado en la actual norma comunitaria y, por ello, es inevitable la reforma de los tratados. Así, Schaüble echa agua al vino en el proceso de unión bancaria, y la dilata en el tiempo, ya que propone una coordinación de los sistemas de resolución nacionales, pero bajo la responsabilidad de cada país, con lo que se mantiene el principio alemán de quien la hace, la paga. Es decir, aquellos países que tengan problemas con sus bancos, que pongan primero la casa en orden, antes de mutualizar las posibles deudas bancarias. Y mucho menos de un esquema único de seguro de depósitos, del que todavía nadie habla.

Pero el debate no termina aquí. Como la petición de Guindos muestra, en el marco de esta coordinación deseada por Alemania también se está discutiendo cuál será la prevalencia de los distintos acreedores de un banco, rescatado o liquidado. Y en este ámbito ya el presidente del Ecofin, Jeroen Dijsselbloem, fue muy explícito cuando afirmó que la solución chipriota sería el marco de futuros rescates bancarios. Y también lo fue Schaüble cuando, en medio de la crisis de Chipre, afirmó que la seguridad de los depósitos de un sistema financiero de un país solo la da la solvencia de su sector público.

Por tanto, tampoco hay que esperar cambios sustanciales en el nuevo procedimiento de salvamento o liquidación de bancos problemáticos: se impone el bail in, es decir, pérdidas para sus acreedores, en lugar del bail out, es decir, pérdidas asumidas por los contribuyentes. Y ello, dado lo que ha llovido últimamente, no me parece mal. ¿Recuerdan cuando Merkel anunció al mundo, en Deauville en septiembre del 2010, que el sector privado contribuiría al salvamento de países rescatados? Pues si no quieres caldo, dos tazas. Es el eterno Retorno a Marienbad, de Alain Resnais, pero en lectura germana.

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