El Periódico

Entradas para el concierto de Andrea Motis y Juan Chamorro con la Orquestra Nacional Clàssica d'Andorra

La rueda

JOSEP-MARIA Terricabras

La democracia, en punto muerto

Miércoles, 2 de septiembre del 2009

Una de las cosas más absurdas, más surrealistas que han pasado este verano –y eso que han pasado bastantes– son las alucinantes elecciones en Afganistán. Finalmente tendremos que preguntarnos si los líderes políticos mundiales han enloquecido por completo o si nos toman el pelo continuamente. Yo más bien me inclino por lo último.

¿Cómo puede ser que se organicen elecciones, pretendidamente democráticas, en un país ocupado, en guerra y desgarrado, cuyo supuesto Gobierno elegido de Kabul solo controla una pequeñísima parte, no mucho más allá de la capital? ¿Cómo puede ser que se organicen unas elecciones que se sabe que costarán docenas de muertos, que no tendrán ninguna garantía ni en la participación ni en el recuento? ¿Cómo es posible tanta necedad? ¿Y Obama y Clinton patrocinan esto? Pues estamos listos.

Tan surrealista como las elecciones es la información que nos dan, unánimemente, todos los medios de comunicación, catalanes o no, que con esto hacen gala de muy poco sentido crítico. Resulta que los medios creen que estas elecciones son «democráticas», que la culpa de que no vayan suficientemente bien es de los talibanes y esperan grandes progresos para Afganistán. Señor, señor, ¿y si leyeran menos prensa norteamericana y pensaran un poco más por su cuenta? Con esto solo hemos ganado que las cosas cada día están más claras. Los poderes reales ponen la democracia al servicio de sus propias conveniencias. Por eso la imponen en Irak, pero no en Arabia Saudí, y aparentan que la defienden en Afganistán, cuando ya han decidido el resultado con anterioridad, porque ganará Karzai, se pongan como se pongan los otros: Karzai es un hombre de confianza, antiguo –y seguramente actual– colaborador de la CIA, que pacta con talibanes y con quien haga falta. Este es el mensaje al mundo de las grandes democracias occidentales. ¡Qué mensaje! ¡Qué miedo! Mientras, también nuestras libertades se van recortando y se recortarán más. Con que se organicen elecciones basta. La democracia, ¿no es más libertad y más poder para los ciudadanos? De momento, no.