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Joaquín Cortés, fiel a su esencia

A sus 48 años el bailaor el bailaor mantiene su sello de fusión flamenca y coquetea con la danza contemporánea en su nuevo 'show'

Joaquín Cortés, fiel a su esencia

EFE/ QUIQUE GARCÍA

Joaquín Cortés (izquierda) y Nicolas Rambaud en un número de 'Esencia'. 

MARTA CERVERA / BARCELONA

Viernes, 19 de mayo del 2017 - 22:10 CEST

Joaquín Cortés sigue fiel a su esencia, apostando por aquello que al su público le gusta pero sin retarse de verdad a sí mismo. Todavía deleita con el dominio de su zapateado, la fuerza y precisión de sus movimientos. En 'Esencia', estrenado en el Tívoli de Barcelona hace pocos días, vuelve a demostrar que todavía puede presumir de ese flamenco salvaje que se detecta en algunos destellos de genio. A sus 48 años Cortés ya no es el mismo. Mantiene actitud y presencia escénica pero quien le ha visto en su mejor momento echará en falta el ímpetu de antaño.

Cortés delega en el resto de su compañía algunos de los momentos más bellos del espectáculo. Él ya no se atreve bailar con el torso desnudo como antes. El cuerpo ya no es el mismo aunque mantiene un gran dominio de los pies. 

El espectáculo, que utiliza vestuario ya visto en otros montajes, empieza aludiendo al sueño de Cortés de convertirse en bailarín para acabar con un gran número con casi toda la compañía en escena. Que nadie busque un hilo argumental al espectáculo. No lo hay. Juana Amaya frente al equipo de 10  bailarinas, 18 sólidos músicos y el especialista francés en danza contemporánea Nicolas Rambaud acompañan a Cortés en su nueva aventura. El bailarín y bailaor español más internacional tira en 'Esencia' tanto de su fama y de su carisma como del su dominio de los tacones, capaces tanto de imitar una mascletá con un potente zapateado o transformarse en un susurro.

SIRENAS

'Esencia' sorprende al espectador con un número muy sensual protagonizado por sus bailarinas capaces de ir más allá del flamenco y la danza española en un número donde ellas sí bailan con el torso desnudo. Una larga falda las convierte en sirenas, tapadas con unas telas arrugadas de cintura para abajo. Bailan a ras de suelo, caracoleando sus manos.

La danza contemporánea tiene mayor calado en este espectáculo donde destaca la colaboración de Rambaud, que estudió clásica y contemporánea. Casi al principio del espectáculo muestra sus cartas en dúo con Cortés y después despliega toda la expresividad de sus movimientos en un impresionante solo, delicado y sentido, arropado por una suave melodía.

Pero en 'Esencia' falta algo, una trama mejor urdida para explicar esa esencia, para profundizar mejor en aquello que ha llevado a Cortés a ser como es. La propuesta incluye muchas cosas ya vistas. Al público parece no importarle porque aplaude cualquier movimiento y saludo de su ídolo. Pero, teniendo en cuenta toda la sabiduría acumulada en estos años, se echa en falta un mayor atrevimiento a la hora de explorar nuevos caminos, de cuestionarse y retarse a sí mismo.

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