El Periódico

Entradas para el teatro

Destrucción en EEUU / El fenómeno

El corredor del viento

Las Grandes Llanuras de EEUU son una región muy propicia para la formación de tornados

Confluyen la humedad del sur y el frío del norte

ANTONIO MADRIDEJOS
BARCELONA

Miércoles, 22 de mayo del 2013

Profesores de la escuela elemental Briarwood sacan a los niños del centro, ayer, en Moore (Oklahoma).

Los tornados son un fenómeno relativamente frecuente en el conjunto del planeta, desde Argentina a China, pasando por Australia e incluso España, pero pocos lugares ofrecen unas condiciones tan excepcionales como las llanuras del Medio Oeste norteamericano para que alcancen unas dimensiones monumentales, una recurrencia significativa y unos vientos asociados propios del más violento de los huracanes. En Estados Unidos hay incluso una temporada de tornados, que se extiende entre los meses de marzo y junio, y una región muy particular, el llamado coloquialmente Tornado Alley (Pasillo o Callejón de los Tornados), donde el riesgo es extremo.

El Tornado Alley lo forman los estados comprendidos entre Luisiana y Canadá, aunque su núcleo duro lo constituyen Oklahoma, Misuri, Tejas, Arkansas y Kansas. Se trata de una gran llanura, flanqueada a lo lejos por las Montañas Rocosas y los Apalaches, donde suelen confluir con virulencia los vientos cálidos y húmedos procedentes del golfo de México y los vientos fríos y secos de origen septentrional. Cuando las dos masas se encuentran, generan inestabilidad atmosférica y se forman supercélulas, grandes cumulonimbos que giran sobre su eje. Finalmente, si las condiciones orográficas son propicias, tocan el suelo hasta convertirse en tornados, normalmente con una forma de embudo.

«No son como los ciclones o huracanes, gigantescos fenómenos que se forman sobre el mar», resume Joan Arús, especialista en tornados de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). En Catalunya también hay supercélulas y tornados, prosigue Arús, aunque las dimensiones no tienen parangón: «En Estados Unidos, lo que nosotros llamamos marinades se pueden convertir en entradas a gran escala, como los monzones».

Arús explica que las condiciones atmosféricas son bien conocidas, por lo que la formación de tornados y su localización son predecibles con una cierta antelación (unos 30 minutos) gracias al uso de radares Doppler e imágenes por satélite. Ello permite activar avisos de información, aunque lógicamente no es posible llevar a cabo grandes operaciones de evacuación. Además, otra de las características de los grandes tornados es que suelen seguir un rumbo errático: «A veces avanzan muy rápido y se estrechan, mientras que en otras se estancan, pero es difícil precisarlo», dice Arús.

En cualquier caso, las dimensiones del fenómeno que ha recorrido Oklahoma exceden la normalidad: mientras que un tornado habitual suele medir en la base entre 100 y 200 metros de diámetro, en esta ocasión se han superado los tres kilómetros. Según diversas estimaciones, el tornado tuvo una intensidad en EF-4 en la escala Fujita, con rachas máximas de viento superiores a los 300 kilómetros por hora. Alejandro Lomas, portavoz de la Aemet, insiste en este sentido: «Es muy difícil medir la fuerza del viento porque cuando los tornados son intensos no hay anemómetro que lo soporte». Para calcularlo se deben analizar las imágenes en vídeo y observar la velocidad a la que giran los objetos.

Pocos mortíferos

De los 1.037 tornados reportados en Estados Unidos el año pasado, más del 90% se produjeron en el Tornado Alley, aunque obviamente muchos solo tocaron tierra en zonas despobladas. Y únicamente el 1% alcanzaron la categoría EF-4.

En España, el tornado más grave del que se tiene constancia histórica ocurrió en 1886 en Madrid y causó 47 muertos. Aunque no se dispone de registros de viento, se le ha calculado una intensidad EF-3. En tiempos recientes, el mayor es el de Ferreries, en 1993, que recorrió la isla de Menorca, aunque no produjo víctimas mortales.

Escribe tu comentario

(máximo 500 caracteres)

Inicia sesión para enviar un comentario