El Periódico

MISERIA EN LA POTENCIA AFRICANA

El Chernobil de Sudáfrica

Más de 1,6 millones de sudafricanos pobres viven junto a vertederos de explotaciones mineras con graves riesgos para la salud

Tudor Shaft, cerca de Johanesburgo, es el caso más extremo

JÚLIA BADENES
JOHANESBURGO

Viernes, 28 de diciembre del 2012

Tudor Shaft 8Chabolas construidas sober el vertedero tóxico de una mina de oro.

Pacience se llama. Tiene la cara cubierta por una fina capa de polvo dorado. «Es una mezcla que hago yo misma y que va genial para los granos», aclara. En realidad se está envenenando. La mujer ronda los 35 y confía el cutis a una mezcla de agua, arena y polvo de residuos tóxicos de las minas que rodean su casa en Tudor Shaft, un poblado a 35 kilómetros al este de Johanesburgo. «Pues claro que sé que es malo. Pero no tengo dinero para comprar ningún producto», responde sin tapujos.

Pacience fue de las primeras personas en llegar hace 17 años a este asentamiento de barracas de chapa construido sobre el vertedero tóxico y radiactivo de una mina de oro. Es conocido como «el Chernobil de Sudáfrica». Según las mediciones sobre el terreno de Chris Busby, de la University of Ulster, la radiación llega a ser 15 veces superior a la normal. El ambiente se nota cargado. Los ojos y la nariz pican y a cada paso se levanta una polvareda del mismo color dorado que la piel de Pacience.

Juegos infantiles

«En Tudor Shaft se han registrado niveles de radiación más altos que los que se detectaron tras el accidente nuclear en la central estadounidense de Three Miles Island y similares a las zonas de Chernobil donde la evacuación se recomendó», explica Anthony Turton profesor del departamento de gestión ambiental de la Free State University. El punto más contaminado es un descampado en medio del poblado donde jugaban los niños. Las autoridades han colocado una ridícula cinta de las que prohiben el paso. En solo cinco minutos, tres personas lo ignoran y pasan por debajo.

Aquí la pobreza condena a vivir en una zona radiactiva. Sophie Maigica da papillas a su hija de un año en la puerta de una choza. Quiere irse pero no puede: «Sé que la niña está enferma porque este lugar es peligroso. Pero no tengo dónde ir», afirma. Todos los vecinos cuentan alergias y problemas respiratorios.

La activista Mariette Liefferink, directora de la Federación por un Medio Ambiente Sostenible hace tiempo que denuncia la situación y asegura que «los vecinos están expuestos a metales pesados y agentes cancerígenos como cadmio, zinc, cobalto y altos niveles de uranio radiactivo».

Hace un año, el Organismo Nacional de Regulación Nuclear admitió que había una situación «potencialmente peligrosa» y recomendó que los habitantes fueran reubicados en «otros terrenos más adecuados para la vida humana». Doce meses después, apenas un puñado de familias han sido evacuadas. «Las autoridades no se toman en serio el problema, se lamenta Jeffrey Ramirutu, representante de los vecinos.

Ante la justicia

Hay diferentes opiniones sobre qué hay que hacer en Tudor Shaft. Los habitantes reclaman la evacuación y por ello llevaron a los tribunales, con la ayuda de Liefferink, el intento el pasado julio de limpiar la zona con una excavadora. «Si lo hubieran hecho, habría levantado una nube de polvo tóxico que habría puesto en riesgo a todos los habitantes» sostiene la activista.

Por el contrario, científicos como Turton creen que el desalojo no es la solución: «La zona se podría limpiar en 10 días si el Gobierno proporcionara los recursos suficientes». Y reclama acciones a largo plazo. «Es más prudente eliminar los residuos tóxicos que alejar a los vecinos de los residuos. Tudor Shaft es el primero de muchos casos que vendrán».

Más de un siglo de explotación de los recursos naturales de Sudáfrica han convertido el subsuelo de los alrededores de Johannesburgo en un queso gruyère amenazador. Un legado de más de 800 kilómetros de túneles y desechos tóxicos, a menudo radiactivos. Tudor Shaft es el caso más flagrante pero el Gobierno de Sudáfrica admite que hay 1,6 millones de personas que viven al lado o incluso dentro de los vertederos de las explotaciones mineras exponiéndose a un grave riesgo para la salud.

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