El Periódico

Viernes, 22 de abril del 2016 - 19:49 CEST

Algunas etiquetas parecen escritas por el embalsamador del faraón: la lista de aditivos es interminables.


Otras, por el bufón de la corte: darían risa si no es porque ocultan jorobas y deformidades. Recojo ambigüedades y chascos, jugarretas publicitarias, discursos pretenciosos.


Llega al buzón un 'flyer' de pizza a domicilio. Distinguen tres de ¡autor! 'Provola affumicata, De capra, Genovese'. Autor, ¿qué autor?


Compro un queso de Mahón. «Semi artesano». ¿Por qué no semi industrial? Intento comprender. ¿No será que es semi... curado y completamente artesano y al unir los dos términos han compuesto un indeseado engendro?


En un despacho de pan congelado –y descongelado– enfundan la barra en solemne color negro: «Baguette gran reserva». Aciertan: ¿cuánto tiempo habrá estado bajo cero?


En la mesa, sobre una base, un cartón con anuncios de masas: 'crujicoques gourmet'. Toma castaña. Todo lo que se apellide gurmet o premium y haya sido escrito sobre negro merece una preventiva desconfianza.


Abriéndonos paso por el lenguaje mixtificado en busca de ingredientes limpios, sin adornos.

El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, desvela los problemas que pueden tener Messi y Neymar con la legislación británica