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Lucha por el banco bueno

Los usuarios del Casal de la Gent Gran de la Vall d'Hebron exigen asientos con respaldo

HELENA LÓPEZ
BARCELONA

Jueves, 15 de noviembre del 2012

Bancos poco prácticos 8 Algunos usuarios del 'casal' del Vall d'Hebron, la semana pasada.

A partir de media mañana en la pequeña plaza no cabe un alma. Cuando el sol empieza a calentar -y cuando no calienta demasiado, también- las cuatro pistas se llenan de jugadores y los bancos que las rodean, de espectadores sedientos de entretenimiento. La práctica totalidad de ellos -por no decir todos- son usuarios del Casal de la Gent Gran de la Vall d'Hebron, justo enfrente, junto a los jardines de Frida Kahlo. La escena sería casi bucólica, si no fuera porque, si uno se fija bien, ve que los ancianos están sentados en bancos destartalados y, lo que es casi peor, sin respaldo. «No pedimos nada del otro mundo. Solo bancos apropiados para las personas que los van a usar. ¡Somos jubilados, no pedimos nada del otro mundo!», señala Caterina Buil, usuaria, activa voluntaria del casal e impulsora de una campaña para pedir a los responsables del municipio unos bancos en condiciones.

«Es indignante que nos tengan así. Llevamos meses pidiéndolos y todo son buenas palabras por parte de los responsables, pero aquí nadie actúa. Nadie, menos nosotros, que nos resignamos», sentencia la mujer, veterana luchadora por los derechos del barrio.

El sentir de Caterina es generalizado en el lugar. «Llevamos más de un año pidiéndoselo a las autoridades locales y solo tenemos falsas promesas; nos prometieron que empezarían a cambiar los bancos en enero del 2012 y aún estamos esperando, hemos empezado a recoger firmas. Recogiendo firmas logramos que nos hicieran el casal y con firmas lograremos bancos en condiciones. ¡Y una fuente!», reclaman los usuarios del casal. «Este barrio nació hace muchos años como un barrio de gente muy joven, pero ahora la mayoría ya somos mayores. Somos muchos y no pedimos nada del otro mundo», reflexionan. El tema de la fuente también indigna entre los ancianos. En la máquina del interior del casal una botella de agua vale 45 céntimos y los jubilados aseguran no estar para esos gastos. «Una fuente como la que tienen en el pipicán, no pedimos gran cosa», asegura la cabecilla de la lucha.

Grandes remedios

Pero, a grandes males, grandes remedios. En la plaza hay un único banco con respaldo. Igual de viejo o más que la otra decena, pero con el tan ansiado respaldo. Es distinto al resto. Verde (los otros son marrones). Uno de los amigos de Caterina en el casal cuenta su origen. «Los vecinos de aquí al lado lo arrancaron porque tenían problemas de botellón, y dos del casal lo vimos en el suelo y lo trajimos para aquí», explica orgulloso. Y, de hecho, es el banco más disputado de la plaza. Caterina añade que esa pequeña victoria costó de mantener. Los ancianos tuvieron que batallar para que los trabajadores de mantenimiento lo fijaran bien en el suelo. Se trata de un símbolo de su pequeño acto de rebelión. Su gran victoria. «Este banco ya no se lo lleva de aquí nadie», remata uno de los responsables del tan celebrado logro.

El mantenimiento de las pistas de petanca -la joya de la corona- es otro de sus frentes abiertos. Ellos se encargan bien de que no se vaya la arena, por ejemplo construyendo canales con sus propias manos para que el agua de lluvia no se lleve la arena. «Si se hicieran bien las cosas sería todo mucho más fácil», critican. Y es que conseguir las pistas en sí fue otra lucha. Caterina explica que, cuando construyeron el casal, hace cinco años, hicieron dos pistas en vez de las cuatro prometidas. «Hubo un tiempo en el que nosotros mismos con cuerdas marcábamos las otras dos pistas», recuerdan. Tras mucho pedirlas, lograron que les pusieran las otras dos -siempre llenas-, aunque «de la peor manera posible». «No hay ni un solo ángulo bien hecho», critica la siempre a punto Caterina, quien advierte que no piensa parar de batallar hasta tener un parque en condiciones.

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