El Periódico

Barcelona, en compañía perruna

Bares, librerías, peluquerías, galerías de arte... permiten la entrada de mascotas

Barcelona, en compañía perruna

DANNY CAMINAL

La mano loca, en el Raval, es una de las peluquerías más 'dog friendly' de Barcelona. 

Martes, 16 de febrero del 2016 - 19:41 CET

Barcelona es una ciudad perruna. Lo afirma Micaela de la Maza, testeadora oficial de lugares perrunamente simpáticos con libro y web (SrPerro.com) en su haber que lo confirman. Bares, tiendas, galerías de arte, restaurantes, peluquerías... donde los humanos son recibidos con una sonrisa y los chuchos con una caricia. "Aquí la gente es tolerante, en general no hay tantos recelos como en otras ciudades", afirma con conocimiento de causa. No en vano, De la Maza y su Colega, así se llama el mejor amigo del hombre que tiene por mascota, se dedican a recorrer el país de norte a sur buscando sitios 'dog friendly'. Y en Barcelona hay un montón. Tantos que uno puede pasar toda una jornada de ocio en compañía de su perro con una sola preocupación en mente: que el chucho no coja una indigestión. Porque si algo tienen todos los lugares con querencia por los seres de cuatro patas es una bolsa con golosinas perrunas.

La web SrPerro.com reúne y comenta los locales más 'dog friendly' de la ciudad

"Servimos a los perros antes que a las personas, porque como no hablan no se quejan". Guau por Antoni Varón, el dueño del Bar Nostàlgic, un agradable sitio en la calle de Viladomat que antes de bodega fue tienda de videojuegos. Agua y galleta perruna, y tapa y caña humanas. Sitio perfecto para llegar en compañía canina después de un paseo por Sant Antoni con parada obligada en una de las librerías más indies de Barcelona, la Calders. Allí no dan galleta pero invitan a los perros a las presentaciones. Pasó con una reedición de 'A l’oest de Roma' de John Fante. La portada del volumen la ocupa un can igual que el de uno de los clientes habituales que además es fan del escritor italoamericano. Dicho y hecho. Cliente, perro y presentación. "Fue un éxito", afirma Isabel Sucunza, una de las socias de la librería.

UN POCO DE HEDONISMO

Más ocio y un poco de hedonismo en compañía perruna es posible. Ir a que le dejen a uno con los pelos en su sitio llevando a su mascota es más complicado que llevar a la mascota a que le arreglen el pelaje. Pero ahí está La mano loca, la peluquería que regenta Nico Feret en el Raval y en la que uno puede encontrarse a Lola, un inmenso pero cariñoso cruce entre golden retriever y galgo ruso, si antes no avisa. Vamos, que Nico arregla la agenda de Lola en función de la agenda de sus clientes perrunos. "Muchos vienen con su mascota y a veces es mejor que no coincidan todos", explica riendo. Cristina Ramos, habitual de la peluquería, se dejó el lunes a su amigo en casa pero avisa que en su local de tatuajes y piercings, VR Tattoo, los perros también son bienvenidos. Aunque por cuestiones sanitarias no pueden pasar de la tienda. No es discriminación perruna, el cartel de entrada al salón de tatuaje lo deja claro: "Prohibida la entrada a personas y animales". En ambos sitios, cómo no, apuestan por las galletas perrunas.

Durante una jornada con can solo hay que preocuparse por una indigestión de chuches

El arte también entiende de chuchos. ¿Quién no se acuerda del famoso can que sodomizaba a la activista boliviana Domitila Barrios que a  su vez hacia lo propio con el rey Juan Carlos? La escultura causó dimisiones en el Macba. Pero solo los pigall tuvieron opción de verla. Por cuestiones de seguridad en el edificio de Richard Meier solo se franquea la entrada a los perros guía, pero eso sí, se los recibe con un plato para beber y comer. Más fácil lo tienen los que se mueven con cuatro patas en algunas galerías de arte, como en 3 Punts, donde estos días es posible disfrutar del trabajo de Efraïm Rodríguez perrunamente acompañado.

Pero no todo son flores para una de las ciudades más perrunas. También hay carencias: "La falta de parques y zonas verdes donde los perros puedan correr e ir sueltos". Esta es, a juicio de De la Maza, la asignatura pendiente. Por lo demás Barcelona pasa la prueba perruna con notable. Aunque no todo es buena convivencia. El mismo día del paseo con mascota, hubo altercado canino en la calle de Villarroel. El perro de una adolescente decidió aliviarse en la puerta de un párking. Ni rastro de bolsa para recoger el regalo. Y sí de presencia de vecinos. Se armó una buena con ataque al incivismo de la dueña pero con amnistía para el chucho. Pues eso, Barcelona, ciudad perruna.

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