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ENTREVISTA

Antonio Tajani: "Los catalanes son ciudadanos de la UE porque son españoles"

El presidente del Parlamento Europeo afirma que la relación de una Catalunya independiente con la Unión "debería empezar de cero"

El mandatario cree que la mejora de la economía es la clave para frenar a los populismos y afianzar el proyecto europeo

Josep Saurí

Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo.

Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo. / PARLAMENTO EUROPEO / MATHIEU CUGNOT

La de Antonio Tajani (Roma, 1953) es la voz que se ha pronunciado con más claridad desde las instituciones europeas con respecto al conflicto político de Catalunya. Este experiodista está curado de espantos después de vivir en primera línea, primero como eurodiputado del Partido Popular Europeo, luego como comisario y ahora desde la presidencia de la Eurocámara, años muy difíciles para el proyecto europeo. A su juicio, tan cierto es que la tormenta sobre Europa escampa como que hay mucho por hacer.

Días atrás, en una carta de respuesta a la eurodiputada de UPyD Beatriz Becerra, usted expresaba su posición sobre la situación en Catalunya de forma bastante más explícita que la propia Comisión Europea.

Dije lo que han dicho en los últimos años el presidente de la Comisión Romano Prodi, el presidente del Parlamento Martin Schulz, la comisaria Viviane Reding… Y no es una posición sobre Catalunya, es la posición general del Derecho europeo. Sería la misma en cualquier otro caso, en cualquier otro país de la Unión. La Constitución de un país es una ley fundamental que es parte del marco jurídico europeo. No se puede ir contra ella. Esas son las reglas. Y yo hablo solo de reglas, la relación entre Catalunya y el Estado español no es asunto mío ni del Parlamento Europeo, es un problema español. Esta ha sido siempre la posición del Parlamento. Yo personalmente no tengo nada en contra de Catalunya, a mí me gusta Catalunya, me gusta Barcelona. Incluso esta semana, después del desastre de la Juve, mi equipo (ríe). Pero el Derecho europeo es muy claro: si una parte de un país sale de ese país, sale también de la Unión Europea (UE). Los catalanes son ciudadanos europeos porque son ciudadanos españoles, porque España es un país de la UE. Si abandonan España, dejan de serlo.

En todo caso, da la impresión de que si Catalunya se convirtiera en un Estado independiente, este y la UE estarían condenados a entenderse.

Me parece difícil que Catalunya vaya a convertirse en un país independiente. Pero en ese caso sería un país que quedaría fuera de la UE, y la relación debería empezar desde cero: Catalunya tendría que pedir negociar un acuerdo comercial, el acceso al mercado interior… Y entonces habría que ver cómo contestaría Europa. España incluida. 

¿Cuál es su mensaje a los cientos de miles de europeos que salieron a las calles de Barcelona el pasado 11 de septiembre?

Yo hablo de las normas que hay que respetar, pero en democracia se puede hablar de todo. Se puede estar a favor de la independencia de Catalunya, se puede reivindicar un acuerdo para lograrla, pero lo que no se puede es violentar la Constitución. Lo que no se puede hacer no se puede hacer. Por otra parte, también hay catalanes –y creo que son la mayoría– que piensan que Catalunya es parte de España y que sería un error abandonarla. No se puede no respetarles, no son catalanes de segunda. Esto es democracia, respetar la libertad de estar a favor o en contra de la independencia, pero en el marco de la ley.  Y respetar también la libertad de prensa. Sé que vuestro director está sufriendo ataques desleales. Tiene toda mi solidaridad como periodista, profesión que ejercí durante 20 años. Si a alguien no le parece bien la línea editorial de un periódico puede dejar de leerlo y leer otro, pero los ataques a periodistas no son aceptables.

En el discurso del estado de la Unión de este miércoles, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, sostenía que Europa ya ha pasado lo peor de las crisis de distinta índole que la han atenazado en los últimos años. ¿Cuál es su diagnóstico?

--Sí, pasó lo peor, pero esto no ha acabado. Las economías de muchos países crecen, pero no todas de la misma manera.  Es importante no pararse, seguir adelante, con acciones que fomenten el crecimiento: inversiones en infraestructuras y, en un momento en que la fortaleza del euro complica las exportaciones, una buena política industrial, a favor de las pymes, de la economía real. Hay que implantar medidas antidumping para defender sectores de la industria europea como el de la cerámica y el del acero, controlar las inversiones que llegan de fuera de la UE…

¿Y la crisis de la idea de Europa?

Si había una crisis política y los populistas ganaban terreno era porque la situación económica era muy difícil.  Saliendo de una crisis superamos también la otra. Los populistas pierden ahora elecciones en todos los países, en España, en Francia, en Holanda, en Austria, en Italia. El mensaje es muy claro: si respondemos bien a las preguntas de los ciudadanos, si hacemos las cosas bien, los populistas no ganan, porque ellos no tienen otra estrategia que ir contra todo.

Pero el ideal europeo sigue amenazado por muchos flancos: el ‘brexit’, los desencuentros con Polonia y Hungría, la gestión de la crisis de los refugiados…

Siempre hay problemas, en todo el mundo. Los tienen EEUU, China, Rusia, y los tenemos nosotros. El terrorismo, la inmigración ilegal, el paro juvenil… y sí, el ‘brexit’ es un problema, y hay problemas con algunos países miembros. Solo podremos darles buenas respuestas juntos, a nivel europeo.

¿Cómo hay que afrontar el fenómeno de la inmigración?

Necesitamos una estrategia europea a corto, medio y largo plazo. El acuerdo con Turquía funciona, y hay que trabajar con Libia. Aunque hará falta primero que los libios pacten entre ellos.

¿Libia está en condiciones de ser un interlocutor?

Intentamos que lo esté. En Trípoli hay un Gobierno que es el que habla con la ONU y con nosotros; en Bengasi hay una fuerza militar, y en el sur, varios pequeños grupos. Hay que dar respuesta a todos. Una posibilidad sería más poder político para Trípoli y unas fuerzas armadas bajo control de Bengasi. Hay que intentar que lleguen a un acuerdo entre sí y también con el sur. No es fácil, es complicado, ya lo sabemos, pero es importante.

¿Y a largo plazo?

 Una estrategia ambiciosa a favor de África. Si no la hay, en los próximos años vamos a ver como millones de africanos abandonan su continente para ser europeos. En el 2050 habrá 2.500 millones de africanos; en el 2100 serán 5.000 millones. ¿Qué van a hacer? Con el cambio climático, los desiertos se comen la agricultura; guerras, terrorismo, inestabilidad política, pobreza… Es una situación extremadamente complicada. Por eso es tan importante invertir allí, invertir mucho dinero. Un Plan Marshall para África. Si no, no hay solución frente a la inmigración.

¿Cómo ha afectado a la credibilidad de la UE la incapacidad de hacer cumplir a los países miembros sus compromisos de acogida de refugiados?

Casi todos los países han acogido refugiados, excepto tres (Hungría, Polonia y la República Checa). La Comisión Europea les abrió un expediente de infracción y ellos reaccionaron recurriendo al Tribunal de Justicia de la UE. Este ha dado la razón a la Comisión y los expedientes siguen adelante. Al final, si no hacen nada, van a pagar una sanción. Hay ya una propuesta de la Comisión para reformar el reglamento de Dublín (sobre asilo), que el Parlamento Europeo está revisando y votará a finales de noviembre. Y luego veremos qué hace el Consejo. Ahora parece que (la cancillera alemana, Angela) Merkel y (el presidente francés, Emmanuel) Macron han puesto el despertador a los demás países miembros. Si suena lo bastante fuerte, podemos tener nuevas reglas antes de las elecciones europeas (2019).

En este tema, las estructuras europeas chocan con el poder de los estados, como en tantos otros. Sobre terrorismo, usted hizo días atrás dos propuestas, la creación de un FBI europeo y un mayor control de los imanes, que en realidad están en manos de los estados.

 Al terrorismo le vamos a ganar si estamos unidos, con más cooperación judicial, policial y de inteligencia. Ya existe Europol, que es un instrumento de coordinación de las policías, bajo el control de los parlamentos nacionales y de la Eurocámara. Se podría hacer lo mismo en inteligencia, un FBI europeo, reforzar la prevención. Se pueden hacer muchas cosas a nivel europeo. Yo soy un político y hago propuestas, y después vamos a ver la implementación. En algunos países musulmanes, se cierran las mezquitas cuando no hay actividad religiosa. En Jordania y en Egipto, los imanes envían a la policía el texto de sus sermones. ¿Por qué no en Europa? Nadie puede prohibir una actividad religiosa, estamos a favor de la libertad de religión. Pero no se puede utilizar la religión para el terrorismo ni para la propaganda política de los fundamentalistas.

En su discurso de este martes, usted reivindicó que lo que se aprueba en el Parlamento Europeo “es trascendente para la vida de las personas”, y que esta cámara debe consagrar “la primacía de la democracia sobre la burocracia”. Pero para ello ¿no sería necesario que los estados le cedieran más poderes?

Debería añadirse a los poderes que tenemos hoy el de iniciativa legislativa, como lo tienen la Comisión Europea y todos los parlamentos nacionales. No pido más. Como única institución europea elegida directamente por los ciudadanos, el Parlamento es el corazón de la democracia europea. Me gustó que el presidente Juncker hablara el miércoles de una Europa “más democrática”, eso quiere decir más Parlamento Europeo.

¿Y qué puede aportar la Eurocámara a esa Europa?

Hablar con los ciudadanos. Acortar la distancia que hay entre las instituciones europeas y los ciudadanos. 

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