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Jordi Basté, periodista: «Cada domingo en Horta comíamos canelones de Gaig»

CARME ESCALES / BARCELONA

En una típica casa de pueblo, todavía hoy en pie, vivió sus primeros diez años el periodista Jordi Basté (Barcelona, 1965). "Delante tenía una armería", añade. La vivienda está en el barrio de Horta, la antigua villa anexionada a la ciudad a inicios del siglo XX, que conserva ese aire rural en sus calles y casas y hasta en la manera de vivir.

"Recuerdo a mi padre leyendo la prensa a la fresca"explica el director y presentador de El Món a Rac1. "Mi abuelo paterno tenía una fábrica de manufacturas metálicas, hacían parasoles para casas nobles, y su yerno, mi padre, trabajaba en ella. Estaba en la calle de Horta, donde hoy ya solo se conserva la estructura de aquella construcción fabril", precisa el periodista, que entre otros premios a su labor cuenta con el Premi Nacional de Comunicació, que le fue otorgado en el 2011.

La voz de este hortense, hijo de una pareja también oriunda de Horta, desgrana cada mañana la más puntera y puntillosa actualidad -el suyo es el programa de radio más escuchado en Catalunya, con 554.000 oyentes-. Sin embargo, aquí, sus palabras regresan al ayer, al pasado en el que Basté construyó los recuerdos que hoy afloran en las calles y plazas de su infancia.

'Cinema Paradiso'

Uno de los recuerdos de esa niñez en Horta es un espejo cinematográfico. Trasluce una vivencia similar a la que debía sentir el protagonista de Cinema Paradiso, el pequeño Salvatore Di Vita (Totò), cuando la persona que colocaba las bobinas de las películas que se proyectaban en el teatro de su pueblo le permitía acompañarle y ayudarle a realizar su labor.

En la vida real de Jordi Basté, el pueblo donde se proyectaban las películas era Horta; el proyeccionista era su abuelo paterno, Josep -Pepito-; el cine era el Unión, que se encontraba en la plaza de Eivissa y hoy ya desaparecido, y Totò era él. "Yo era el Totò de Cinema Paradiso en Horta, ayudaba a mi abuelo a colocar las bobinas de las películas", expresa un verdadero apasionado por el cine. "Me entusiasma el cine, es mi gran afición", confiesa. "Mi madre -todavía vive en Horta- me inculcó esa pasión. A ella le encantaba el cine, sobre todo las películas del género de miedo. Y, ya lo dicen: Tots els testos s'assemblen a les olles. A mi hija mayor también le encantan", detalla Basté.

Las tardes de proyección de aquellas películas en Horta eran parte de la agenda extraescolar del periodista. "Lo recuerdo con mucho cariño. Lo hice desde los 8 o 9 años y hasta los 13 o 14", concreta. "Había doble sesión", rememora Basté. "En la media parte, me acuerdo que anunciaban: 'En la recepción hay un esmerado servicio de bar'", explica. "Y también recuerdo cómo se engañaba a la gente. Cada año, en Semana Santa, proyectábamos Los diez mandamientos y Ben-Hur, y cada año, también, se colgaba el cartel que decía: Últimas proyecciones en España", añade el reputado locutor.

Pocas cosas quedan en Horta de aquellos años en los que Basté jugaba a fútbol y corría en patinete por sus calles. "Los edificios, amigos y el sabor de barrio", indica el presentador de El món a Rac1. Pocas, pero admirables para Basté. Sobre todo, ese sabor de barrio con un protagonista claro: el saludo en la calle. "El buenos días de los pueblos no se puede perder", sentencia el vecino ahora de Sarrià, otro expueblo anexionado a la ciudad.

Fútbol y básquet

Padre, abuelo e hijo iban a ver al equipo local de futbol, el Horta-Damm. Alternaban estos partidos con los del Barça. Y, en esa época, él jugó en diferentes categorías a básquet con el equipo Bosco Horta, de los salesianos,su colegio. "Y quedaba con los amigos para ir a ver los partidos del Barça de básquet. Cogíamos la línea azul en la plaza de Eivissa hasta la parada de Sant Ramon (hoy Cornellà)", rememora.

Basté continúa siendo un asiduo de Horta, donde visita a su madre, que sigue viviendo donde la familia se trasladó cuando él ya había cumplido 10 años. "Fue como dejar el pueblo para venir a vivir al barrio", dice. Pero sin salir de Horta. "En el paseo de Maragall, justo al lado del restaurante de los Gaig. Carles hacía y hace los mejores canelones de Barcelona. Los comíamos cada domingo", explica Basté."Recuerdo que un día vino el Rey a su restaurante y todo el vecindario salió a la calle a mirar. Aquello parecía Bienvenido Mr. Marshall"dice.

Los amigos  que Basté conserva en Horta lo acusan en broma de traidor. Le afean, entre risas, haber dejado su querido barrio y él siempre tiene apunto su respuesta: "Estoy de Erasmus en Sarrià, y bastante a menudo vuelvo a Horta", expresa el periodista radiofónico.

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