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A cada ciudadano chino, el Estado, la República Popular, le da mil puntos. Y pasan a engrosar un registro colosal en donde están todos los chinos de China. Constantemente vigilados a través de múltiples dispositivos, incluido el de reconocimiento facial, se evaluan sus vidas. Día a día. Y a los ciudadanos que son críticos, protestones, díscolos o sospechosos de no amar devotamente al partido único, se les restan puntos. Y se les castiga. Pasan a engrosar la lista de ‘los malos chinos’. Este sistema, quizá inspirado en los puntos del carnet de conducir, pero a lo bestia y sin necesidad de tener ningún vehículo, lo ha instaurado el presidente de China Xi Jinping. Al parecer pretende exportarlo a todo mundo a través de un plan de expansión económica y política llamado La nueva ruta de la seda. El año pasado, en mayo si no recuerdo mal, Angela Merkel visitó China y se quedó alarmada y boquiabierta. Dicen que le dijo a Jinping: «Han superado ustedes lo que predijo Orwell que pasaría. Este sistema de control de las vidas humanas es terrorífico».

El sistema chino: buenos y malos a los puntos (leer noticia)