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Soy un convencido militante de que el humor funciona como vacuna, antibiótico y preservativo –todo a la vez– de un montón de cosas, que parecen creadas expresamente para complicarnos la vida. Y una de esas cosas –desde hace demasiado tiempo– es la política; o para ser más exactos el comportamiento de nuestros principales dirigentes políticos.

Sin perdón (leer noticia)