Al contrataque

Sin perdón

Ser líder -de lo que sea- no implica ser perfecto. Basta con no hacer el ridículo y tratar de no ofender a nadie

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Diecinueve de los veintiún ex altos cargos de la Junta de Andalucía acusados en la pieza política de los ERE han sido condenados por la Audiencia de Sevilla, entre ellos los expresidentes José Antonio Griñán, con seis años de cárcel y quince de inhabilitación, y Manuel Chaves, con nueve años de inhabilitación. / EFE VIDEO

Soy un convencido militante de que el humor funciona como vacuna, antibiótico y preservativo –todo a la vez– de un montón de cosas, que parecen creadas expresamente para complicarnos la vida. Y una de esas cosas –desde hace demasiado tiempo– es la política; o para ser más exactos el comportamiento de nuestros principales dirigentes políticos.

No sé si todos ellos son conscientes del precipicio al que nos están empujando y cómo siguen perdiendo plumas –léase credibilidad y confianza– en su absurda pelea de gallos. La otra tarde en 'Todo por la radio', una deliciosa hora de humor en 'La Ventana' –sí, lo sé, es autopromoción, ya lo siento–, Toni Martínez nos explicó las dos leyes que han marcado el devenir político de los últimos años en España: la ley del 'ytumás' y su continuadora, la ley del 'perosquellos'. Por orden cronológico: cuando a un político o a un partido se le acusa de algo–estos días lo hemos vuelto a comprobar con la sentencia de los ERE– la respuesta inmediata es: «¡Y tú más!». Nos hemos acostumbrado a ser espectadores de este deporte, a mitad de camino entre el tenis y la lucha libre, que se practica desde que la corrupción a gran escala asomó la patita en la España democrática.

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Y como se ha extendido tanto ha contagiado –tampoco hacía falta mucho esfuerzo– al conjunto de la ciudadanía. Vivimos en el imperio de los bandos. Si pillan a un político de los tuyos hay que decir: «Sí, bueno... ¡pero es que ellos…!». Y de ahí al infinito; resultó tan desternillante como patético escuchar a Toni desgranar ejemplos cotidianos de lo más variado fuera de la política.

En el fútbol:

–¡Cómo pega vuestra defensa!

–Sí, sí, es verdad….¡perosquellos!

En el periodismo:

–¡Vaya cosas decís en vuestro medio!

–De acuerdo, de acuerdo… ¡perosquellos!

En la carretera:

–Un coche ha atropellado a un ciclista.

–Una pena… ¡perosquellos!

En la economía:

–Un fontanero hace la factura sin IVA.

–Está mal… ¡perosquellos!

Y todo va así. Y así nos va todo. Claro que lo que subyace tras esta actitud reactiva digna del perro de Pavlov es una aversión patológica a admitir errores y a pedir perdón. De acuerdo que Susana Díaz lo hizo el otro día, intentando –inútil empeño–, eso sí, salvar las siglas del PSOE. 

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También entonó el mea culpa en su momento el Rey emérito y provocó chanzas sobre si se disculpaba con los españoles o con el elefante. Interesante duda existencial. Pero yo hablo de otra cosa: de disculpas sinceras, asunción de responsabilidades, autocrítica y  empatía. Algo, por cierto, que a los impulsores del ‘procés’ también les provoca urticaria. Ser líder –de lo que sea– no implica ser perfecto. Basta con no hacer el ridículo y tratar de no ofender a nadie.