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Ada Colau demostró el pasado sábado durante su investidura que está viviendo su reelección con una incomodidad innegable, esencialmente vinculada al hecho de que entre los votos que hicieron posible su reelección tuvo que contar con los tres que le brindaron Manuel Valls, Eva Parera y Celestino Corbacho (si este último llega a abandonar a Valls el viernes y no ahora quizá el alcalde sería Ernest Maragall, por cierto).

Colau afirma que se planteó tirar la toalla ante la tensión de la investidura (leer noticia)