21 oct 2020

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Miguel Delibes no era un hombre fácil. Jesús Marchamalo, comisario de un año Delibes que se ha visto descafeinado por el covid, recuerda en el prólogo de ‘El libro de Miguel Delibes' (Destino) -con textos seleccionados por él y profusamente ilustrado-, cómo en el legendario programa de entrevistas que Joaquín Soler Serrano le dedicó en Televisión Española, el autor respondía a la pregunta de su proverbial aridez en el terreno social: "La hurañía es algo que me ha caracterizado desde niño. Pero en el sentido de retirarme y no querer conversar con las gentes; me gusta conversar, lo que no me gusta es conversar a codazos". La mala interpretación de ese carácter adusto, de reseco castellanismo, casi de monje cartujo terminó por acuñar una discutible imagen de señor tristón y retrógrado en los años en los que vincular tecnología con progreso era la ley, sin que importara demasiado dónde nos iba a llevar ese camino.

Miguel Delibes, el castellano huraño que conocía el futuro (leer noticia)