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“La violencia no soluciona ningún problema, la violencia solo alimenta más violencia”, ha aleccionado Carrie Lam, la jefa ejecutiva de Hong Kong, después de una de las noches más convulsas que se recuerdan en la isla. La casuística ya anticipaba los enfrentamientos entre jóvenes y policía en el centro de la ciudad. La novedad llegó a medianoche en Yuen Long, en el otro extremo de la excolonia, con hordas de prochinos atizando a los jóvenes. Al Gobierno hongkonés ya se le intuía desbordado e incapaz de embridar el conflicto que cumple ya su segundo mes sin necesidad de este nuevo e inquietante elemento en la ecuación.

Una banda armada ataca a manifestantes en el metro de Hong Kong (leer noticia)