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El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, abandonó sorpresivamente el pasado jueves una rueda de prensa con el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, dejando en pasmo al auditorio. ¿El motivo? Ningún plante a su invitado por desavenencias políticas, ni tampoco un súbito ataque de cagarrinas u otra disfunción que requiriese atención médica de inmediato. ¿El motivo? Pues que el tambaleante presidente se presentó allá, tal vez después de una noche demasiado larga o húmeda, con un zapato negro en un pie y uno marrón en el otro. Los vídeos que me han llegado no me permiten concretar si los diferentes zapatos eran ingleses, italianos o mallorquines, si mocasines o con cordones.

Alpargata y zapato (leer noticia)