Nueva legislación

De la recogida de basuras puerta a puerta a devolver colillas: nuevos hábitos que Catalunya implantará con la ley de residuos

La Generalitat reconoce que la ley catalana de residuos llegará tarde pero asegura que se aprobará este 2023

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recogida puerta a puerta

recogida puerta a puerta / Laura Guerrero

Guillem Costa

Guillem Costa

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¿Por qué llega tan tarde la prometida ley catalana de residuos? "Los sectores implicados han participado tanto que los plazos se han alargado más de lo previsto". Esta es la respuesta que brindan desde la Agència de Residus de Catalunya (ARC), ente que prepara esta nueva norma. Cuando la ley se tenga que aprobar en el Parlament, ¿saldrá adelante? "Estamos seguros de que sí, ha habido mucho diálogo previo y la mayoría de partidos han participado", dicen desde este organismo que forma parte del Departament d'Acció Climàtica.

La ley debe ser una realidad a lo largo de este 2023, lo que no significa que se aplique de inmediato. Algunos de los cambios previstos por este texto legal requieren un margen de tiempo para que se pongan en marcha. Sin embargo, en poco años, aseguran desde la 'conselleria', tanto esta ley autonómica como las directrices europeas cambiarán radicalmente nuestro día a día a la hora de gestionar la basura.

La nueva ley autonómica, que debe ser una realidad este año, y las directrices europeas modificarán la gestión de las basuras

¿Entonces, nuestra vida será más incómoda? "No debemos ni plantearnos esa pregunta. Nos jugamos la viabilidad de nuestra sociedad", afirma Rosa García, directora de la entidad Rezero, que trabaja para un futuro sin residuos. A continuación, apuntamos cuatro ejemplos cotidianos que cambiarán y obligarán a los ciudadanos a modificar sus costumbres.

Una vecina de Sant Andreu deposita el cubo del orgánico y el plástico en el portal de su casa

Una vecina de Sant Andreu deposita el cubo del orgánico y el plástico en el portal de su casa. / Laura Guerrero

Puerta a puerta

Según la nueva ley catalana de residuos que se tiene que aprobar este otoño, será obligatorio que los ayuntamientos apliquen un método de recogida selectiva. Hay dos opciones que en realidad son complementarias entre ellas. La primera es el sistema puerta a puerta, con cubos que se dejan en la puerta de casa y se pasan a recoger en función del día de la semana determinado para este fin. La segunda es el uso de contenedores inteligentes, equipados con sensores y sistemas tecnológicos, que se activan con un dispositivo identificativo y permiten tirar la basura en los días señalados. 

La ARC apuesta sobre todo por el puerta a puerta, que de momento solo utilizan 313 municipios catalanes. Desde la agencia consideran que se trata del<strong> método necesario para cumplir objetivos</strong>. Hasta el momento, se han brindado incentivos para que pueblos y ciudades opten por sistemas de recogida selectiva. En los próximos años, sin embargo, será obligatorio. Es decir, si la ley prospera, ir a tirar la basura será un hábito que variará radicalmente. García da mucha importancia a este cambio: "Tirar residuos sin el sistema puerta a puerta es sinónimo de más incineradoras y más vertederos. Mal negocio para el medio ambiente".

"Tirar residuos sin el sistema puerta a puerta es sinónimo de más incineradoras y más vertederos"

— Rosa García, directora de Rezero

Envases a la antigua

La nueva ley contemplará un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR). Básicamente, se trata de modernizar lo que se había hecho toda la vida: devolver las botellas de vidrio a la tienda o al supermercado. Este hecho no solo puede mejorar el reciclaje, sino también promover la reutilización. A la larga se podría hacer con todo tipo de envases, pero, de entrada, lo más factible es el vidrio.

No se trata de una norma que se vaya a aplicar a toda prisa, pero más pronto que tarde llegará, ya que estará incluida en la ley. En concreto, consistiría en pagar algo más (el depósito) por cada envase que se compra. Después, al devolverlo, el establecimiento reembolsa el dinero depositado.

El proyecto Rewine (del inglés 'wine', que significa vino) ya demostró que era posible proporcionar una segunda vida a las botellas de vino. Lo que se necesitaría para ser viable es una planta de limpieza de botellas. Desde la ARC se considera que el sector privado podría asumir su construcción. En realidad hay varias empresas que ya han presentado ideas sobre cómo vehicular este sistema. La directora de Rezero asegura que, según sus encuestas, el 80% de la ciudadanía estaría dispuesta a adaptarse a este modelo, el cual serviría para "reducir el flujo de residuos en la recogida selectiva".

Devolver colillas de tabaco

Se trata de un residuo que ha inundado los espacios urbanos (y naturales en algunos casos), por mucho que se haya prohibido fumar en las playas o que se hayan distribuido ceniceros. Lo que incluye la ley es algo parecido al SDDR. En su día, la Generalitat planteó pagar una tasa de 20 céntimos por cigarro que se retornarían cuando se devolvieran las colillas al estanco. Todavía no está claro cómo se va a vehicular esta transacción, ya que el sobrecoste puede ser de menos céntimos. Sin embargo, sí se prevé instaurar una tasa que después se pueda recuperar.

Tasar la lechuga envuelta

La nueva ley también prevé impuestos a varios productos que tengan un envase de un solo uso. Está demostrado que mucha gente, cuando va al supermercado, escoge antes una lechuga envuelta en plástico que una que no lo esté. Es como si diera más seguridad o confianza. Así, un impuesto a los envases de un solo uso debería servir para reducir el número de productos que llegan a las estanterías envueltos en plástico.

"La ciudadanía ya tenemos suficiente responsabilidad. Está muy bien que empresas empiecen a asumir impuestos por productos que acaban impactando negativamente en los ecosistemas y en nuestra salud", opina García. "Se trata de cambios necesarios para tener perspectivas de futuro", zanja. Este es un ejemplo de cambios de rutinas causados principalmente por las obligaciones a las que las empresas estarán sometidas, tanto por las normativas europeas como por la nueva ley catalana, que también pretende imponer un impuesto sobre este tipo de productos no reutilizables.