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Parque fotovoltaico en el municipio de Toro.

Parque fotovoltaico en el municipio de Toro. / M. J. C.

Heriberto Araujo

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Italia es comúnmente llamada ' il Bel Paese' por su extraordinario patrimonio paisajístico y artístico, que conjuga ciudades-museo como Roma o Florencia con ignotas aldeas de belleza arrebatadora enclavadas en áreas montañosas (en el Lazio, cerca de Roma, vean por ejemplo Montenero Sabino. Pero, además de liderar el ranking mundial de países con mayor número de lugares reconocidos como patrimonio histórico de la UNESCO , Italia es también, junto con España, uno de los que mayor potencial fotovoltaico tiene de Europa . Y de los que menos lo aprovecha.

El desarrollo del sector lleva años a medio gas porque organizaciones ecologistas y pro-paisaje no lograban llegar a acuerdos. Así, si Italia se marcó disponer de una potencia fotovoltaica instalada de 60 GW para el año 2030 y hoy apenas tiene 22 GW instalados. Se trata de una situación similar a la de muchas zonas de España, sobre todo Catalunya, donde pese a la emergencia climática, la política —apoyada por una parte de la sociedad civil local— limita sobremanera la instalación de estructuras fotovoltaicas.

Un paso al frente

Ante la gravedad de la situación, organizaciones ecologistas y paisajísticas italianas decidieron dar un paso al frente hace unos días y poner fin a sus diferencias para reconocer públicamente que la actual emergencia climática, sumada a la urgencia de independizarse del gas y el petróleo rusos, requieren un cambio de rumbo que permita acelerar la instalación de parques fotovoltaicos y eólicas. El acuerdo fue sellado por WWF Italia, Legambiente (la principal organización ecologista italiana) y el Fondo para el Ambiente Italiano (FAI), ente que desde 1975 se ocupa de preservar la historia, el arte y el paisaje del país.

En un documento titulado 'Paisajes Renovables', las organizaciones urgieron a crear un plan nacional para acelerar la instalación de renovables a lo largo y ancho del país. “Para la humanidad, luchar contra el cambio climático es hoy la madre de todas las batallas. Basta recordar la ferocidad del tórrido verano de 2022 y sus espantosos daños a la agricultura, a los ríos, a los pastos, y a los bosques, es decir, al paisaje”, explicó Marco Magnífico, presidente de la FAI, en un mensaje dirigido al Gobierno de la ultraderechista Giorgia Meloni, que planea echar mano de las reservas offshore de gas italianas para colmar la reducción de las importaciones de Rusia.

En una entrevista reciente con el diario La Repubblica, Magnífico dijo que la principal razón a esta alianza entre paisajistas y ecologistas nace como respuesta a la obcecación de una burocracia gubernamental que, a su juicio, sigue empeñada en “excesos ideológicos dañinos para el país” e impide instalar paneles incluso en los tejados de los edificios que no se ven. Explicó entonces el caso de un monasterio en Lecce, recientemente restaurado por el FAI, en el que el tejado, plano, fue rebajado y por lo tanto no quedaba a la vista. Se solicitó autorización para colocar paneles solares y ésta fue denegada por las autoridades. “Recurrimos la decisión argumentando que nadie podría ver los paneles si fueran instalados. Nos dijeron que se verían desde un helicóptero”.

Neonegacionistas y azoteas

En entrevista con EL PERIÓDICO, José Donoso, director general de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), la patronal del sector, también se queja de los “neonegacionistas” que se oponen a los grandes proyectos fotovoltaicos. Evoca dos problemas: por una parte, falta de flexibilidad del lado de la Administración, que se explica, sobre todo, por los escasos recursos humanos de los departamentos que deben analizar los proyectos; por otro, el rechazo social de una minoría que condiciona la aceptación política a los grandes proyectos.

Pese a todo, Donoso dice que el sector está viviendo “su mejor momento en España”. El diario 'Le Monde' así lo atestigua en un amplio reportaje publicado recientemente. También el sector eólico vive días de auge. En noviembre, Red Eléctrica España —la compañía que gestiona el sistema eléctrico— publicó una serie de indicadores que demostraban que el país había vivido “nueve días de oro” que habían catapultado la producción energética eólica entre el 15 y el 23 de noviembre .

Sin embargo, pese a estos hitos, España está aún lejos de la senda hacia el cumplimiento de sus objetivos establecidos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que prevé que para 2030 España triplique la potencia actualmente instalada de fotovoltaica. Especialmente decepcionante es el retraso en Catalunya y la Comunidad Valenciana.

Hace unos días una quincena de personalidades catalanas criticaron a la Generalitat porque sitúa a Catalunya “a la cola de Europa y de España en soberanía energética y energías renovables”. Según el manifiesto, solo el 17% de la energía generada en Catalunya es de origen renovable, mientras que la media española —impulsada por el auge en Extremadura y las dos Castillas— es del 46.7%. Catalunya consume casi medio millón de barriles de petróleo al día.

Para superar ese impasse, algunos grupos de la sociedad civil proponen una vía intermedia: instalar masivamente paneles en los tejados de edificios, en las superficies de los invernaderos y en zonas mineras. Según un estudio recién publicado por la plataforma cívica Alianza Energía y Territorio (ALIENTE),  en España existen “superficies suficientes para instalar 181 GW que producirían más de 272.037 GWh/año en energía fotovoltaica sin que exista ninguno o un mínimo impacto ambiental”. Esta estrategia, arguyen, sería suficiente para lograr que España fuera autosuficiente, pues el potencial de producción “es algo superior al consumo anual de electricidad en España en 2021”.

Aunque la propuesta no está exenta de escollos, entre ellos poner de acuerdo a miles ayuntamientos, en Francia acaban de dar un paso en ese sentido, pues el Parlamento aprobó una medida que, si es ratificada, hará obligatoria la instalación de paneles fotovoltaicos en parkings exteriores cubiertos de más de 1.500m2.