Educación en Catalunya

La Síndica propone incentivos para atraer a "los mejores docentes" a las escuelas vulnerables

  • La defensora del pueblo catalán recomienda también la reducción de ratios y la introducción de la codocencia en los colegios de alta complejidad

Alumnos de primaria en una escuela de Barcelona.

Alumnos de primaria en una escuela de Barcelona. / MANU MITRU

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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La Síndica de Greuges de Catalunya, Esther Giménez-Salinas, recomienda en su completo informe 'La dotación de personal y la gestión de equipos educativos en los centros de elevada complejidad' el establecimiento de un sistema de incentivos "orientado a la retención y la estabilización de la plantilla de los centros con elevada complejidad". Actualmente los centros con elevada complejidad, es decir, los que tienen un mayor número de alumnos vulnerables, tienen menor capacidad de atracción de los profesionales más cualificados porque las condiciones que ofrecen son más duras en ellos. Esa evidente dureza provoca en muchas ocasiones que el profesorado con mayor experiencia y calificación tienda a acceder a plazas en centros con menor complejidad. Para revertir esa situación, el defensor del pueblo catalán propone la creación de un sistema de incentivos, "que no sea únicamente carácter económico".

Entre las medidas recogidas en el sistema de incentivos propuesto por la Síndica y que este miércoles presentará en el Parlament destaca "dar prioridad para el acceso a la formación continua, dar facilidades para participar en proyectos de investigación, facilitar el estudio y mejorar las condiciones de trabajo, incrementando las horas de coordinación o reduciendo las ratios y la introducción de la codocencia".

Atención a la diversidad

"La reducción de ratios en I3 impulsada por el Departament este curso va en a buena dirección, aunque no discrimina positivamente los centros con elevada complejidad. El establecimiento de dos dotaciones de personal docente o de atención educativa en el aula en centros con elevada complejidad permitiría mejorar la atención de la diversidad del centro y atender mejora y de manera más inclusiva las necesidades educativas del alumnado", indica el informe del Síndic, que plantea también el incremento de horas de coordinación y de tutoría por parte del profesorado.

Antes de hacer estas propuestas, el completo informe del Síndic insiste en cuestiones como que las direcciones de los centros manifiestan que la dotación adicional de personal docente que reciben los centros públicos con elevada complejidad es "insuficiente para compensar el impacto de la concentración de necesidades educativas específicas presentes en estos centros".

De hecho, el estudio constata que hay poca graduación de la dotación de plantillas en función de la complejidad de los centros, aunque a menudo los centros con elevada complejidad piden más personal de atención educativa. "Esta dotación adicional resulta aún más marginal en el caso de los centros concertados con elevada complejidad", alertan también.

Linealidad injusta

El texto -de más de 134 páginas- señala que la distribución de financiación pública que reciben los centros concertados en concepto de concierto educativo se caracteriza por su linealidad y por no estar condicionada a la complejidad de los centros, lo que significa que los centros concertados con elevada complejidad tienen la misma dotación de personal docente que los centros concertados de baja complejidad del mismo tamaño.

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¿Por qué es bastante más difícil trabajar en un centro que concentra a un elevado número de niños y jóvenes de familias vulnerables? La lista de motivos es larga. La precariedad social en la que se encuentran muchas familias de alumnado de centros con elevada complejidad obliga a los profesionales de estos centros a integrar en su labor la necesidad de prevenir, compensar o minimizar los efectos de determinadas situaciones de privación material que interfieren en el desarrollo de la actividad escolar del alumnado. Las experiencias de exclusión residencial, las dificultades para disfrutar de una alimentación adecuada, la brecha digital o la escasez de ingresos para sufragar determinados costes de escolarización -por citar algunos- son situaciones relativamente prevalentes en centros con elevada complejidad que condicionan negativamente al alumnado.

Y el impacto de la precariedad social en los niños no se limita a sus condiciones materiales de vida, sino que remite también a condiciones afectivas derivadas de situaciones de inestabilidad y sufrimiento psicológico familiar crecientes (situaciones de tensión e inseguridad, estrés), asociadas a la pobreza, que acaban repercutiendo en el bienestar de los niños. El malestar que generan las situaciones de pobreza entre los niños tiene repercusiones negativas en su desarrollo emocional y social, y lógicamente también en su rendimiento escolar.