Colectivos vulnerables

El verano deja sin ayuda alimentaria al 95% de los niños en situación de pobreza

  • Los fondos públicos para garantizar la alimentación de los menores solo llegan en agosto al 5% de los beneficiarios de beca comedor

  • La oenegé Educo, que financia 100.000 comidas de menores en verano, registra un aumento del 14% de becas concedidas respecto el verano anterior

El verano deja sin ayuda alimentaria al 95% de los niños en situación de pobreza

JORDI COTRINA

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

Escribe desde Barcelona

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"Yo no espero a que lleguen las vacaciones: es algo que te agobia, es un problema, sientes ansiedad, o incluso peor", se sincera Mayra Jiménez, madre de tres hijos y víctima de todas las pobrezas. Como ella, cientos de familias temen el período estival porque sus hijos dejan de tener una comida saludable garantizada. No es que no se puedan permitir irse de viaje en vacaciones, es que tan siquiera pueden afrontar darles carne, verdura o pescado para comer. Los recursos públicos que hacen esta función durante el año caen cerca del 95% en el período estival y son las entidades sociales las que tratan de dar un respiro a todas estas familias, aunque asumen que no llegan a todos los hogares necesitados. "Es una vulneración flagrante de los derechos humanos de estos niños", se queja Guiomar Todó, directora de la oenegé Educo.

Mayra tiene tres hijos: los mellizos Mia y Milan, de ocho años, y Matías, de 16. La familia vive en L'Hospitalet de Llobregat y paga 700 euros de alquiler por un piso de 40 metros cuadrados donde la madre y los niños conviven con la abuela, enferma del riñón, y el padre. El casero tiene previsto echarles a finales de este mes y la mujer ya tiembla. Los progenitores ingresan 1.500 euros al mes, él trabajando de repartidor y ella limpiando por horas establecimientos de restauración. Les quedan 800 euros para sobrevivir y pagar todas las facturas. "Tal y como han subido los precios, es directamente imposible tener una vida normal como el resto del mundo", reconoce Jiménez. Durante el curso, se ahorra las comidas de sus hijos porque, dada la vulnerabilidad de la familia, la Generalitat les financia el 70% del comedor escolar de los mellizos. "En verano es cuando está el problema, no sé qué darles de comer a mis hijos, es que no dejan de comer", insiste Jiménez.

Galletas a escondidas

La comida es, como tantos otros hogares, su principal preocupación. Dado el apretado presupuesto familiar, Jiménez solo puede invertir 50 euros semanales en la compra. "Hace años que no compro pescado ni carne, no lo puedo pagar. Comemos a base de arroz, pasta, patatas, galletas, leche y pollo", explica esta madre a la que le cuesta aguantar las lágrimas. "Con esta subida de los precios, hace meses que no me llega", sigue. ¿Y que hacéis? "Mentir", asume la madre. "Su padre y yo decimos que no tenemos más hambre, que cenen ellos. Luego comemos leche con galletas a escondidas, para al menos llenarnos la barriga". Mayra sabe que la cena, desayuno y merienda que puede dar a sus hijos no es el más saludable del mundo. "Me piden fruta, carne, lo que comen en el comedor, pero yo solo les puedo dar arroz con pollo. Gracias al comedor tienen unos buenos hábitos alimentarios que yo no puedo ofrecerles en casa", expone.

A pesar de todas las penurias, este año Mayra se considera afortunada. Como si fuera un boleto de la lotería, ha conseguido dos plazas en el 'casal' de verano de la fundación Itaca, en el barrio de Collblanc-La Torrasa, en L'Hospitalet. "Que mis niños puedan ir al 'casal' de campamentos es un lujo, es un respiro: sé que allí comen carne, pescado, fruta, verdura, al menos una vez al día comen bien. Y vienen contentos, juegan con agua... Ahí pueden ser felices", prosigue. Una suerte, la de poder entrar en este 'casal', que no consiguen todas las familias. Ella lo ha hecho gracias a una beca que financia la fundación Educo. "Las becas comedor del curso, que ya son insuficientes, terminan en verano. Y las necesidades de estas familias se quedan sin cubrir. No solo hablamos de comida, también de ocio educativo", insiste la directora de la fundación, Guiomar Todó.

Entidades desbordadas

La entidad financia 100.000 comidas saludables a 4.000 niños de toda España este verano, un 14% más respecto al año anterior. Una realidad que también asisten otras entidades, como Fundesplai o la Fundació Pere Tarrés. El problema es que no llegan a toda la demanda. "Claro que hay familias que se quedan fuera, necesitamos políticas públicas eficientes", insiste Todó. Confirma también esta realidad Lidia González, coordinadora de Itaca. "Tenemos muchas más peticiones que niños que podemos asumir, nos quedamos cortos de espacios y muchas familias se quedan fuera", insiste.

"Tenemos muchas más peticiones que niños que podemos asumir, muchas familias se quedan fuera"

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Los datos de la Generalitat muestran cómo de olvidados están estos menores. Según los datos de diciembre de 2021, la Conselleria d'Educació financiaba la comida escolar a 141.796 niños con una aportación de 112 millones de euros. Unas cifras que, con mucha probabilidad, han aumentado a lo largo del curso por el aumento de los precios y la llegada de menores ucranianos. En verano, la Conselleria de Drets Socials destina 1,4 millones de euros para becas en actividades de ocio. Por el momento, afecta a 6.803 niños becados. Una reducción del 95%. "Hay que invertir más y mejor: la educación y alimentación de los niños es clave para acabar con la espiral de la pobreza", subraya Todó.

La realidad de la alimentación es tan solo una de las aristas de este problema. "Los niños que no pueden venir aquí se quedan solos en casa muchas veces", insiste González. "Enganchados a las pantallas y asados de calor", añade Todó. Los padres no pueden quedarse con ellos porque es cuando más trabajos les salen, no pueden dejar de trabajar. Mayra lo intentó un año. "Tratas de quedarte con ellos, pero, claro, ¿qué comen?, necesitamos trabajar al máximo, hacer las máximas horas extras por la que nos viene encima después del verano", sigue Mayra. Y señala a un estuche. Su mente ya está pensando en la compra del material escolar, la más cara que jamás han afrontado.