Intoxicación mortal

La muerte de una pareja en una chabola señala el barraquismo a orillas del Besòs

  • La pareja tenía un hijo de dos años y medio que estaba tutelado por la Generalitat, y ella otros dos de una unión anterior

  • Varias familias, incluidos menores, viven en barracas a las orillas del Besòs, especialmente tras la crisis de la pandemia

Barraca del Pla del Besòs, donde ha habido dos muertos por la mala combustión de una estufa

Barraca del Pla del Besòs, donde ha habido dos muertos por la mala combustión de una estufa / ELISENDA PONS

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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Jessica y Munir, una pareja de 40 y 42 años, murieron la madrugada del domingo en la chabola donde vivían a orillas del río Besòs, en Montcada i Reixac (Vallès Occidental) intoxicados por el humo del brasero que utilizaban para calentarse. Dejan sin madre a tres menores, dos de una pareja anterior y un tercero de dos años y medio, que estaban tutelados por la Generalitat. La familia señala sus muertes debido a la "pobreza y precariedad" en la que vivían en un lugar donde son decenas las personas, incluidos menores, a quienes el frío y la humedad les puede llevar a la misma suerte.

La humedad y el frío se calan en los huesos. La lluvia empapa y convierte el suelo en un barrizal. No hay asfalto. No hay luz. No hay agua corriente. No hay nada. Solo palés de madera, lonas y algún tocho conforman los habitáculos en las orillas del río Besòs, en el norte de Montcada y Reixac. Aquí fue donde Rachid Bakhatfalid se encontró muertos a su hermano Munir y a su pareja la mañana del domingo. "Encendieron el fuego para calentarse por la noche... y por la mañana ya estaban muertos. No fue un incendio, respiraron mal y se intoxicaron", explica Rachid.

Munir había llegado a España hacía más de 20 años y, según dice el hermano, tenía permiso de residencia. "Somos una familia de diez hermanos, yo aún me acuerdo de cuando nos fuimos de Tanger... buscábamos una vida mejor... Munir tenía esperanzas aquí", contaba hoy desde la chabola Rachid. Munir era el menor de los diez y, debido a que no encontraba trabajo, se dedicaba a buscar y revender chatarra. Jessica, prosigue el hermano, era de Santa Coloma de Gramenet y algunos días trabajaba en una tienda de ropa. "No hay trabajo ahora en España, vivían con lo justo para ir tirando", explica el hermano. Ambos tenían un hijo de menos de tres años, que vive con la familia de Jessica en Santa Coloma. La Generalitat les retiró la custodia del menor cuando solo tenía cinco meses. Ella, además, tenía dos hijos más, ya adolescentes, que también están tutelados en Catalunya.

Mapa de Montcada y Reixac con la situación de la barraca en la que han muerto dos personas

Muerte de pobreza

"Vinieron aquí a la chabola hace cosa de dos años. Antes vivían en un piso de okupa en Santa Coloma pero les desahuciaron. Yo les ofrecí que se vinieran a Olesa de Montserrat conmigo, pero ella tenía el trabajo en Santa Coloma y preferían quedarse", explica Rachid. Para él, la de su hermano es una muerte evitable. "No tenían ninguna ayuda: ni dónde comer, ni ayudas para un piso... nada", prosigue Rachid. Afirma lo mismo una sobrina de Munir, Leila. "No estaban empadronados, no podían tener nada. Que el ayuntamiento no haga demagogia, hay cientos de familias como ellos, que no pueden pagarse una casa y acaban aquí porque el ayuntamiento no ha hecho nada para ellos. Hubieran podido tener una vivienda social y recuperar a su hijo", insiste Leila.

El ayuntamiento confirma que no estaban empadronados, y que los servicios sociales no les conocían. La Generalitat añade que tampoco constaban en el registro de personas sin hogar de la Cruz Roja. Pero a ojos de la administración sí existen en Badalona, donde los servicios sociales retiraron la custodia del pequeño. Allí se perdieron sus expedientes. Jamás quisieron recuperar la custodia del menor, dicen en la Conselleria de Drets Socials. Y de hecho, fuentes de los servicios sociales en Badalona les vinculan con el consumo de drogas y la pequeña delincuencia.

100 euros para tener una chabola

Tras la muerte de Munir y Jessica pocas cosas cambiarán en las orillas del Besós. María, una de las habitantes de las barracas, es categórica. "Claro que no nos gusta vivir así, pero es lo único que tenemos. Ojalá pudiéramos ir a una vivienda social", cuenta. Tiene 21 años y desde los 17 frecuenta este espacio. Hace un par de años que ahora es su casa, después de escaparse de un centro de menores tutelados donde vivía desde los 10 años y pagar 100 euros para un pedazo de este lugar insalubre. Cubierta con una manta, explica que intenta volver a estudiar. "Lo hago con el móvil, una asistenta social le dio una batería que funciona con placas solares a una chica y así podemos tener algo de luz", cuenta.

Habitado por menores

En la chabola donde vive María hay varios niños. Es mediodía, hora en la que deberían estar en la escuela. Uno de ellos saca la cabeza por el tejado, tiene unos 10 años. También se intuyen juguetes y bicicletas de otros niños entre el barro de las distintas callejuelas de las barracas. Lo dramática de la situación es que, ni el propio ayuntamiento de Montcada y Reixac sabe cuántas personas viven en este espacio. El lugar es enorme, pero muchas de las casas son de personas que tienen pequeños huertos cerca del río y que se pasan allí los fines de semana.

"A partir de la crisis inmobiliaria empezamos a ver algunas personas que vivían en las chabolas, pero el 'boom' absoluto fue a partir del 2020, después de la pandemia", explica Gonzalo, un vecino de Montcada que cada día, incluso durante el confinamiento, cruza el lugar. "Estos últimos dos años se ve humo a diario en las chabolas, gente yendo y viniendo, y adolescentes cruzando la carretera a las seis, siete de la tarde, cuando ya es de noche. Esto antes de la pandemia no ocurría", señala Gonzalo, preocupado porque teme que algún día, si la situación va a más, pueda haber también accidentes de coche con los niños que viven en las chabolas.

Una "olla a presión"

Después de este trágico suceso, pocas cosas van a cambiar en el lugar. Ni la Conselleria de Drets Socials prevé un plan para realquilar a todos los habitantes, ni tampoco el ayuntamiento de Montcada dice poder permitírselo. Tampoco han acordado hacer un censo ni visitar el lugar por parte de trabajadores sociales. La alcaldesa, Laura Campos, ha afirmado que el problema del barraquismo es "una olla a presión" que "más tarde o más temprano nos estallará a todas las administraciones en la cara". Ha recordado que desde el Ayuntamiento llevan "mucho tiempo" exponiendo el problema "ante las distintas administraciones", a las que ha pedido "ayuda" porque "no podemos gestionar la situación solos desde la administración local".

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Una de estas administraciones advertidas ha sido el Consorcio del Besòs, formado por los ayuntamientos de Barcelona, Sant Adrià de Besòs, Santa Coloma de Gramenet, Montcada i Reixac y Badalona. Elaboraron un proyecto y calcularon que solo derrumbar las barracas y limpiar las orillas del río supone una inversion de más de 3 milliones de euros. Nadie ha contado cuánto costaría buscar una vivienda alternativa para los que habitan el lugar.

En cuanto terminen las autopsias, la familia de Munir quiere trasladar su cuerpo en Marruecos y enterrarlo allí. Dos cuerpos más de la pobreza y la falta de suministros. Hace apenas un mes moría una familia en el centro de Barcelona por causas similares. Los servicios de emergencia alertan que este fenómeno va al alza.