Una madre, a la caza y captura de piojos y liendres

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Vuelven los piojos: guía para madres y padres primerizos

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Olga Pereda
Olga Pereda

Periodista

Especialista en educación y crianza.

Escribe desde Madrid

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¿A cuántos niños afecta?

A muchos. La experiencia demuestra que lo normal es que tu hijo tenga piojos en algún momento del curso escolar. Lo anormal es que no los tenga. La Asociación Española de Pediatría calcula que la prevalencia puede ser entre el 1 y el 3 % de la población general de los países industrializados pero superior al 25% en los colegios.

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¿Sirve el aceite de árbol de té para prevenir?

Está de moda y se vende hasta en los supermercados. Padres y madres echan unas cuantas gotas a sus hijos, sobre todo en la nuca y detrás de las orejas, o lo mezclan con su champú habitual. Es un producto que huele a rayos y que no tiene evidencia científica acerca de su utilidad para prevenir piojos. Lo mismo que el vinagre o la crema suavizante, que dicen que los asfixia. Todo bulos. Hay otros repelentes que se venden en farmacias y sí tienen evidencia. El octanodiol es uno de ellos. Es el ingrediente principal del Protect, de la marca Neositrín. No es una varita mágica. Aunque lo uses, puede que tu hijo venga un día del cole con piojos.

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¿Cómo puedo evitar que mi hijo tenga piojos?

Los piojos están entre nosotros desde hace varios miles de años, algo que se sabe porque han sido hallados restos de parásitos en algunas momias egipcias. Estuvieron, están y estarán entre nosotros. Dado que no son peligrosos, la ciencia no invierte dinero en la fórmula mágica que acabe con ellos. En las farmacias hay pesticidas y siliconas para tratar la infestación. Pero nada que los extermine del mundo. Solo hay una manera de hacerlo: que todas las familias, absolutamente todas, repasen la cabeza de sus hijos con una lindera profesional (la que tiene las púas largas, no las que vienen en los 'kits') una vez a la semana. Debería ser un rito de higiene más, como lavarse las manos. Pero semejante constancia es harto improbable. Conclusión: hay y seguirá habiendo piojos.

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¿Cómo los detecto?

Si tu hijo se rasca mucho la cabeza, puedes comenzar a sospechar. Coge un buen flexo, ponle la luz en la cabeza, coge la liendrera buena (cuesta alrededor de 20 euros), divide el pelo en franjas y empieza a repasar desde el cuero cabelludo a las puntas. Con cada mechón, limpia la liendrera con un papel blanco. Es la mejor manera de ver si has cazado piojo vivo (tiene patitas y se mueve) o liendre (huevo estático). Si ves cualquiera de las dos cosas, pon en marcha el tratamiento.

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¿Cómo distingo el piojo de la liendre?

Un piojo masculino mide entre 2,1 mm y 2,6 mm y uno femenino, entre 2,4 mm y 3,3 mm. La liendre mide 0,8 mm y es el huevo que pone el piojo femenino adulto (pone unos 7 o 10 al día). Los adhiere al pelo con una sustancia insoluble al agua y similar al pegamento. Los huevos vivos (con embrión) tienen un color gris gelatinoso y están situados cerca del cuero cabelludo (a 3 o 4 mm) porque el calorcito ayuda en la incubación. Son muy difíciles de ver. Exige una luz potente sobre la cabeza y mucha paciencia. Se distinguen porque tienen una especie de rabito mínimo, como una espina diminuta. Son tan pequeños que la liendrera, a veces, no los quita. Cuando los veas, lo mejor es coger unas pinzas pequeñas y retirarlos. Fuera del cabello, la liendre no vive. Si lo que ves en la cabeza de tu hijo son ‘cositas blancas’, tipo caspa, eso es una liendre que ya ha eclosionado. Es, digamos, la envoltura del huevo. El piojo ya ha nacido y campa a sus anchas. Las liendres con huevo eclosionan a los 7 días más o menos. De cada huevecito nace un piojo bebé, llamados ninfas. En unos días se convertirán en adultos y, en el caso de las hembras, volverán a poner liendres. El día de la marmota, vamos.

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¿Saltan los piojos?

Los piojos se mueven. Pero no saltan de cabeza en cabeza. Para contagiarse hay que rozarse. Fuera de la cabeza humana, un piojo puede sobrevivir unas 72 horas. Hay productos para ‘fumigar’ sofás y cojines, pero otra opción útil es pasar el aspirador. En todo caso, los piojos no son tontos. Son ectoparásitos obligados y solo sobreviven si chupan sangre humana. Es más probable que estén en la cabeza de tu hijo que en el sofá.

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¿Cómo se los quito?

En todas las farmacias hay productos para tratar la infestación. Pueden ser insecticidas o siliconas. Ambos tienen pros y contras. La Organización de Consumidores y Usuarios acaba de realizar un estudio, que está disponible en su web y te puede ser de mucha utilidad. Los productos son muy útiles y eficaces. Hay que echarlos una vez que vemos un piojo vivo. Se rocía toda la cabeza con el líquido, se frota bien, se deja actuar unos minutos y empezamos a repasar con la liendrera mechón a mechón. El problema es que la mayoría de los productos matan a los piojos, pero no a las liendres. Hay que repasar muy bien la cabeza para retirarlas y hacerlo durante muchos días. También hay que extremar la higiene de sábanas y toallas.

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¿Merece la pena ir a un centro profesional?

Si te quedas más tranquila, hazlo. En algunos de ellos, el tratamiento consiste no en insecticidas sino en aire caliente que deshidrata al piojo con aire caliente. Prepara chequera. Cuesta unos 80 euros, en los que está incluida la revisión al cabo de los días. ¿Los erradica? Sí, pero por más métodos profesionales que se usen, quitar piojos no es una ciencia exacta. Así que es probable que a los dos días vuelvas a ver un indeseable piojo. O liendres. Paciencia. Y humor. Y, sobre todo, avisa en el chat del cole.