Obituario

Emma Roca, la mujer que abría puertas

Doctora en Bioquímica, atleta y bombera, ha fallecido víctima de un cáncer con solo 47 años tras una vida marcada por la obsesión por el trabajo bien hecho

1992, aeropuerto de Roma, camino del Nepal. Emma Roca, con parte de la expedición. Con gafas y barba, su padre, Miquel Roca. Junto a ellos, Pep Serra y Roser Vidal

1992, aeropuerto de Roma, camino del Nepal. Emma Roca, con parte de la expedición. Con gafas y barba, su padre, Miquel Roca. Junto a ellos, Pep Serra y Roser Vidal / Quim Farrero

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

Escribe desde Barcelona

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En Nepal, donde el paisaje atraganta las emociones, una joven Emma Roca seguía inmersa en sus cosas. En sus objetivos. Era 1992 y con 19 años participaba en una ascensión al Island Peak, de 6.189 metros. Entre los alpinistas también estaba Quim Farrero, que recuerda bien cómo aquella chiquilla que acaba de empezar a estudiar Bioquímica estaba obsesionada con sacar las mejores notas posibles. "Era perfeccionista, muy competitiva. No hacía las cosas si no era para hacerlas bien". Casi tres décadas después, tras ascender a lo más alto en lo deportivo, en lo familiar y en lo personal, Emma Roca ha fallecido víctima de un extraño y maldito cáncer. Tenía solo 47 años.

En aquella expedición también estaba su padre, Miquel Roca. Hicieron un 'trekking' por el valle del Khumbu, subieron -y bajaron- el Island Peak y volvieron a casa. Emma acababa de empezar la universidad y hacía deporte pero sin el nivel al que llegaría años después. "A pesar de no estar acostumbrada, ya entonces demostró unas aptitudes fuera de lo normal", recuerda Quim, fotógrafo de la revista Trail y profesor en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya. Aquel viaje quizás encendió la mecha de una vida que ha girado en torno a la actividad física, tanto para practicarla como para estudiarla. Porque los límites del cuerpo humano era una de sus obsesiones. Su tesis doctoral, de hecho, versaba sobre los efectos de las carreras de resistencia en la salud de los corredores no profesionales.

Emma Roca, en marzo de 2016, cuando presentó un estudio sobre deporte y genética

/ Jordi Cotrina

La muerte de Roca ha conmocionado a la extensa familia de los montañistas. Porque era de esas personas que se habían convertido, gracias a sus resultados pero también por su fuerte carácter, en un referente. Sobre todo para las mujeres, pues tanto ella como Mònica Aguilera y más tarde Núria Picas han ido parcelando un deporte que hasta no hace demasiado estaba copado por los hombres. Emma Roca brilló en los 'raids', en las carreras de ultrafondo y en el esquí de montaña. En el 2011 terminó segunda en el durísimo Marathon des Sables, hizo dos terceros (2012 y 2013) en la Ultra-Trail del Montblanc, en 2012 ganó la Transgrancanaria y la Highland Fling Race y en 2014 venció en la Leadville 100 mile de Colorado, la Cursa Muntanya Cerdanya, el Ultra Trail de Barcelona, la Transalpine Run y la K24 Mallorca. En 'raids' fue campeona de España y del mundo y en esquí de montaña consiguió un bronce en la Copa del Mundo.

Muchos de los ases de la montaña han compartido su consternación por el fallecimiento de Roca. Kilian Jornet, por ejemplo, que a través de Twitter la ha calificado de "referente" al que su generación "le debe mucho". O Núria Picas, que tan a prueba la puso cuando irrumpió como un tifón en el 'ultratrail'. "El mundo del deporte llora, las bomberas lloramos", ha escrito en la red social. Precisamente en los Bomberos, Emma Roca conoció a su pareja, David, con el que tuvo tres hijos, Irina, Martí y Mariona.

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Roca abrió puertas y sembró el camino para las generaciones que venían detrás. Pero lo hacía, relata Quim, desde un espíritu "competitivo, de superación, de poner las cartas siempre sobre la mesa, sin demasiado filtro". Quizás por eso hablaba deprisa, con tanta energía y pasión como vehemencia y franqueza. Es, relata este veterano de las carreras de montaña, algo que aprendió en casa, "la capacidad de hacerse valer, de demostrarse que era capaz de conseguir todo lo que se proponía".

En 2020 le diagnosticaron un cáncer. Durante los meses de tratamiento, que han coincidido con la maldita pandemia, escribió esto en su web: "Veo la enfermedad como un camino para el crecimiento espiritual y personal. Empiezo el día agradecida, feliz, con ganas de dar amor y recibirlo". Descanse en paz.

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