Fenómeno en auge

¿Pueden las newsletters salvar al periodismo?

  • La pandemia y la crisis del periodismo disparan el uso de boletines informativos por parte de escritores y reporteros

  • Crecen las plataformas que agilizan cobrar por newsletters y eso lleva a periodistas a crear su propio medio

Lectura de la newsletter del director de ’El Periódico’ / Foto de Julio Carbó

Lectura de la newsletter del director de ’El Periódico’ / Foto de Julio Carbó / JULIO CARBO

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Carles Planas Bou
Carles Planas Bou

Periodista

Especialista en Redes, algoritmos y la intersección entre política y tecnología

Escribe desde Barcelona

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Pocos podían intuir que, inmersos en la era audiovisual de TikTok, Youtube o Twitch, el mundo de la información estaría alucinando con la irrupción de una herramienta con tantos años como la newsletter. Pero así es. Si 2020 fue el año de la popularización de los boletines en tu correo electrónico, este 2021 se espera que se consolide un fenómeno que pretende reanimar el periodismo y dar nuevas oportunidades a la palabra escrita. ¿Podrá salvarlo?

La pandemia del covid-19 ha sido la puntilla para una industria mediática debilitada desde hace años. En los últimos meses ha crecido el consumo de información, pero han caído los ingresos por publicidad. La crisis ha acelerado los despidos en el sector periodístico, llegando a 30.000 en Estados Unidos, un repunte anual de más del 200%. En España, las pérdidas de los grandes medios de comunicación también han desembocado en recortes. Hasta un 80% de los empresarios periodísticos creen que en 2021 se reducirán sus plantillas, según una encuesta de la Asociación Mundial de Editores de Noticias (WAN-IFRA).

Ese escenario ha propiciado el impulso de jóvenes plataformas como Substack, que ha conseguido mezclar el sistema de envío de newsletters de Mailchimp con el modelo de micromecenazgo catapultado hace años por Patreon. Substack –que solo en los primeros tres meses de pandemia duplicó el número de lectores y escritores– permite a sus usuarios monetizar sus textos a través de la subscripción de sus seguidores, pero también les ofrece gratuitamente asesoramiento legal, subvenciones similares a los anticipos de libros y participar en un programa de apoyo económico que va de los 25.000 a los 100.000 dólares. A cambio, se queda con el 10% de lo facturado por los autores. Su auge ha llevado a Forbes a impulsar su propia plataforma de newsletter y a Twitter a comprar la start-up de newsletters Revue para competir con Substack.

¿La salvación del periodismo?

Las newsletters suponen una alternativa interesante a los medios de comunicación tradicionales. Con el modelo de suscripción personalizada el periodista no depende de la publicidad, lo que le permite esquivar el buscar el click fácil con titulares estudiadamente llamativos y centrarse en otras temáticas. “Hartos de los efectos de la dieta de las redes sociales”, Substack promete darle la vuelta y esquivar un modelo económico dictado por el algoritmo.

“Son herramientas muy eficaces y sanas para los medios, pues ofrecen una mayor libertad y permiten segmentar tu público y fidelizarlo con poca inversión”, explica Eduardo Suárez, jefe de comunicación del Reuters Institute de la Universidad de Oxford. “Vamos hacia un mundo donde importa más crear un hábito de consumo y la suscripción”. Las newsletters tienen acceso a un espacio tan privilegiado como el correo personal del consumidor.

Usuarios de internet que en 2019 pagaron por noticias.

/ Reuters Institute for the Study of Journalism, Universidad de Oxford.

“No me gusta estar en un lugar como Twitter en el que no posees nada y si te cierran la cuenta lo pierdes todo. En Substack creas una audiencia y te dejan descargar tu base de datos por si te quieres ir a otra plataforma”, explica el consultor digital Hugo Sáez. Su newsletter semanal sobre marketing y plataformas, Mind Tricks, cuenta con poco más de 1.200 suscriptores.

Sin embargo, también tiene limitaciones. Los medios proveen al periodista de servicios jurídicos, soporte informático y de un altavoz de mayor reputación, algo que las plataformas como Substack están estudiando como ofrecer. Los medios dan apoyo logístico y económico para la realización de reportajes, algo con lo que la newsletter aún no puede competir. “Funciona mejor para un género más alejado del reportaje como el análisis o la opinión”, explica Suárez, que también señala los problemas de Substack por destacar el contenido de usuarios no famosos.

Dirigir tu propio medio

La aparición de plataformas como Substack o Medium (o Suscribia en España) permiten a sus usuarios cobrar por el contenido que crean, un incentivo que ya funciona en el mundo del podcast y que se ha convertido en tendencia entre grandes redes sociales como TikTok o Snapchat. Si bien los grandes medios de comunicación ya llevan tiempo recurriendo a las newsletters, la crisis sanitaria y la periodística ha lanzado a periodistas y escritores a intentar ir por su lado para “dirigir su propio imperio mediático”, promesa fundacional de Substack según su director ejecutivo, Chris Best.

En EEUU han aparecido grandes casos de éxito de equipos que han fundado nuevos medios, como el conservador ‘The Dispatch’, o de periodistas reputados que se lo han montado por cuenta propia. Es el caso de la reportera Emily Atkin, que dejó ‘The New Republic’ para lanzar ‘Heated’, la newsletter climática más popular del país, o del analista y cofundador de ‘Vox’, Matthew Yglesias. Pero los boletines también han dado alas a expertas como Heather Cox Richardson, profesora de historia del Boston College, cuyos análisis políticos la han convertido en un fenómeno que le hacen ganar más de un millón de dólares al año.

¿Funcionará en España?

En España, los casos de éxito son más discretos y aislados. En septiembre del 2019 el periodista Emilio Doménech, afincado en Nueva York, puso en marcha La Wikly, una newsletter semanal sobre la actualidad de EEUU inspirada en el modelo que utilizaban medios como Axios o Politico, que después complementó con un podcast. Un año y medio más tarde, cuenta con 10.000 suscriptores, cientos de ellos de pago.

“No es un salario entero, pero de momento me permite tener una fuente de ingresos extra para seguir apoyando mis otros proyectos independientes”, explica. Eso le ha permitido contratar a cuatro personas que le ayudan con la newsletter, los guiones para los directos de Twitch, la edición de vídeo para Youtube y la gestión de Discord, donde ha creado una gran comunidad de seguidores que se han convertido en amigos. “Te sirven como el resumen más efectivo para ponerse al día, para fidelizar y te dan una libertad creativa de otro nivel”, asegura.

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Ganarse la vida con una newsletter está, de momento, lejos de ser una realidad. “Más allá de las grandes voces, el fenómeno de las newsletters puede saturarse”, explica Suárez. “Para los que no somos periodistas pero tenemos un nicho temático es muy complicado que esto sea tu modo de vida”, añade Hugo Sáez, que aunque asegura que su objetivo “nunca ha sido monetizar” su newsletter sí la ve como proyecto de futuro.

Según el último estudio del Reuters Institute de la Universidad de Oxford, un 15% de los usuarios españoles se informa a través de newsletters y un 43% confía plenamente en las noticias. Aunque los tres expertos coinciden en que España aún está lejos del nivel de EEUU, señalan la creciente tendencia a pagar por la información periodística, que se sitúa en un 12%, datos por encima de la media de nuestro entorno. “El problema hasta ahora era la oferta de los diarios, no había una apuesta por los muros de pago y la suscripción”, señala Suárez. “Pero eso está cambiando”.