19 oct 2020

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el impacto del covid

Historias del covid: ser madre por primera vez durante la pandemia

El coronavirus está marcando experiencias vitales e incrementando las incertidumbres

"Si antes abordar algo inédito ya provocaba nervios, ahora es peor", indica una psicóloga

Nacho Herrero

Isabel Gilabert aúpa a su bebé Lorién, nacido durante el confinamiento.

Isabel Gilabert aúpa a su bebé Lorién, nacido durante el confinamiento. / MIGUEL LORENZO

Siempre hay una primera vez… pero nunca antes había sido con el covid-19. El coronavirus ha marcado experiencias vitales de muchas personas que han tenido que afrontar grandes cambios en sus vidas en una realidad completamente inesperada. El primer hijo, el primer trabajo, la primera relación estable o incluso la entrada en una residencia… momentos únicos que ahora se viven de manera completamente diferente. Más dramática casi siempre pero con el reto que supone toda novedad.

"Para todos es una situación nueva, única e impredecible, a todos nos marca pero aún más ante situaciones nuevas que generalmente afrontas con la esperanza de que va a ser algo muy positivo", explica Natalia Ortega, directora de Activa Psicología.

La influencia principal, asegura, es negativa. "La sensación es de indefensión, de falta de control y de miedo y eso nos paraliza, no nos deja sacar toda la potencialidad que tenemos y nos llenamos de ‘y si…’ y cuando pasa eso tendemos a anticipar lo negativo y a pasar por alto cosas positivas", señala.

"La gente mayor tiene más capacidad de aceptación, pero los  jóvenes están muy frustrados", señala una psicóloga

El bombardeo de los medios de comunicación acrecienta esa ansiedad y, aunque pueda no parecerlo, los jóvenes son los más afectados. "La gente mayor tiene más capacidad de aceptación pero la gente joven lo vio inicialmente como algo transitorio y muchos están ahora terriblemente frustrados porque antes no han tenido situaciones vitales que los hayan limitado como ahora", cuenta.

Pero estos obstáculos en situaciones tan marcadas tienen una parte positiva porque curte. "Nos ayuda a ser mucho más resilientes, a adaptarnos a la adversidad. Fortalece ver que sacas adelante determinadas situaciones porque el resto, la evolución de la pandemia, está fuera de nuestro control", afirma.

Ella misma se pone de ejemplo. "Yo soy madre de una niña con discapacidad y pensaba que el confinamiento nos iba a sobrepasar pero ante la necesidad sacas recursos que piensas que no tenías y que te hacen mejor. Generalmente vivimos en una zona de confort y salir de ella y superar situaciones ayuda mucho a crecer", apunta.

Isabel Gilabert, madre primeriza, con su bebé Lorién. / MIGUEL LORENZO

LA CARRERA DE OBSTÁCULOS DE LORIÉN 

Lorién mira atento a cualquier movimiento en el parque y se parte de risa cuando su madre lo levanta al vuelo. Con seis meses de vida no es consciente de todo lo que llevan superado él y sus padres. "Ha sido una carrera de obstáculos, la sensación de estar superando prueba tras prueba. 'Una pandemia, vale, y ahora ¿qué mas?'", cuenta, ahora divertida, Isabel Gilabert.

Ella y su pareja se fueron a Madrid el fin de semana del 8 de marzo, aún con dos meses por delante hasta la fecha prevista para el parto. "A los tres días, él empezó con síntomas y a la semana le vino la tos. Empezamos con el rosario del 112, que nos decían que iban a venir a hacerle la prueba y que nunca vinieron", recuerda. La sospecha bastó para que él se aislara en una habitación y ella se quedara 'encerrada' en el resto de la casa por ser contacto estrecho. "Le pedía por favor a la farmacéutica que me subiera las medicinas y a amigos que me trajeran la comida", apunta. Solo era el prólogo.

"Le pedía por favor a la farmacéutica que me subiera las medicinas y a amigos que me trajeran la comida"

Isabel Gilabert

Madre primeriza

"Cuando pasaron los 15 días de la cuarentena, parece que el pequeño lo oyó y al día siguiente dijo 'ya'", repasa mientras Lorién se hace el despistado. Rotura prematura de bolsa y en taxi sola al hospital porque su pareja, ya sin síntomas, había empezado la cuarentena. "No tenía ni la bolsa hecha y estaba todo cerrado", rememora. Luego descubrió que eso fue lo de menos.

"Al decir que era contacto estrecho de un posible caso de coronavirus tardaron en atenderme porque tenían que ponerse los trajes de seguridad. Esa espera de 40 minutos perdiendo líquido y con un prematuro fue lo más duro", señala. Bueno, eso pensaba entonces.

A su hermana, que acudió al hospital, no le dejaron quedarse y a ella la aislaron. "Cerraron la puerta y pusieron una percha con los trajes. Al final había una enfermera a la que casi tenía que cantarle yo el orden", cuenta sonriendo. No fue lo único que aprendió. "Me enseñaron a quitarme los goteros para gastar menos epis", explica. Vio de primera mano la falta de material.

"Al llegar al hospital, tuve que esperar 40 minutos a que el personal se pusiera el traje de seguridad contra el covid"

Isabel Gilabert

Madre de Lorién

Después de dos días, con un negativo en la PCR, le pusieron acompañante en la habitación pero entonces Lorién decidió que aún no y tardó otros 10 días más en salir. Mucho tiempo para pensar en un parto que multiplicaba las incertidumbres que rodean a esa primera vez.

"Dio tiempo a que hicieran tres protocolos, incluido el que no dejaba que nadie entrara en el paritorio. A mí me tocó el siguiente, que ya podían entrar, pero a mi pareja no le dejaron por haber sido positivo. Intentamos que le hicieran una prueba pero no hubo forma y tampoco por la privada, porque entonces el Gobierno no dejaba", recuerda.

Fue su hermana quien la acompañó y el padre de Lorién lo tuvo que conocer por foto. Y mientras lo cuenta, a la vital Isabel, se le escapan las lágrimas por única vez. "Eso fue muy duro. Eso no te lo pueden decir. Fue una putada muy grande. Es que no lo vio, estaba encerrado", lamenta.

"Su padre lo tuvo que conocer por foto, eso fue muy duro. Eso no te lo pueden decir. Fue una putada muy grande"

Isabel Gilabert

Madre de Lorién

De hecho, tardó casi dos semanas en poder tocarlo. "Yo no quería irme a casa, no sabía si tenía el bicho y no le hacían las prueba. No tenía sentido que él no pudiera estar en el parto y nos mandaban a casa con él", se defiende. Al final se fue unos días a casa de su hermana.

Aparte de a sus padres, esa tía, la que vive más cerca, es a la que Lorién más conoce de toda la familia. Porque, aunque menores, los obstáculos no han desaparecido. "Los abuelos lo conocieron cuando tenía semanas y lo habrán visto no llega a 10 veces y la familia igual. Esa es la pena. Mucha foto, llamadas. La única ventaja es que te quitas a las tías pesadas", dice con una pillería que explica la de Lorién.