31 may 2020

Ir a contenido

ENCIERRO CONTROLADO

Vuelo LX 2142, vuelta a casa para meterse en cuarentena

Cuarenta y cinco viajeros regresan a València tras dos meses de intentos fallidos, se confinarán en casa y serán controlados telefónicamente

Nacho Herrero

Aleix abraza y laventa al vuelto a su padre este jueves tras regresar a València desde Montreal

Aleix abraza y laventa al vuelto a su padre este jueves tras regresar a València desde Montreal / Miguel Lorenzo

Llevaba 30 horas sin dormir y tres vuelos empalmados cuando Aleix volvió a este jueves a pisar suelo español. De Montreal a Fráncfort, de ahí a Zúrich y, finalmente, a València. Voló a la tercera, porque le cancelaron dos salidas previas, y tras haberse pasado la última semana con el visado que le dieron en septiembre ya caducado.

En la sala de llegadas del aeropuerto de Manises antes de poder abrazarse con su padre, le esperaba un control de temperatura y un buen fajo de formularios para intercambiar, informándole de su situación y dando cuenta él de su estado de salud, de contactos que hayan podido tener recientemente el coronavirus y de cuál va a ser su domicilio en las próximas dos semanas y de un teléfono para controlarlo. Porque a este becario del ICEX le toca pasar la cuarentena.

Catorce días de desplazamientos limitados a los indispensables y siempre con mascarilla. Le toca pasarla a él y a todo el que ha llegado a España desde que hace una semana se levantaron las restricciones de vuelos internacionales, que los limitaron durante dos meses básicamente a repatriaciones y a la llegada de material sanitario.

Uno de los pasajeros abraza llorando a un familiar a su llegada a València / MIGUEL LORENZO

Desde entonces, pero con cuentagotas, han empezado a llegar aviones a los aeropuertos que ha seleccionado el Ministerio de Fomento. El LX 2142 de Swiss Air con origen en Zúrich ‘reestrenó’ las pistas del aeropuerto valenciano con un Airbus A220-100 con capacidad para 125 pasajeros, que en un espacio aéreo casi virgen se adelantó 12 minutos, en el que todos debieron ir con mascarilla y en el que no hubo problemas para cumplir las distancias de seguridad.

"Iríamos unos 45 pasajeros. Yo iba solo en mi fila, sin nadie delante ni detrás", contó Sergio, que trabaja de albañil en Alemania. "Vuelvo porque tengo que hacer papeles", explicó sin entrar en detalles. "Pasaré por casa de mis padres para verlos desde fuera y me iré a mi casa", detalló. En apenas unos días ha podido organizar el viaje, contó. "Es que allí todo es mucho más rápido", apuntó sin querer evitar la pulla.

Fuerza mayor o regreso

Esas cuatro decenas de viajeros permiten hacerse una idea de quién decide volar a España ya en desescalada pero aún en pleno estado de alarma: los que no tienen más remedio y los que se vuelven a casa y no pudieron hacerlo antes.

Entre los primeros estaba un hombre de unos 30 años visiblemente afectado. A su padre, le operan dentro de una semana de un tumor cerebral. También estaban Fernando e Isabel, que venían a ver a la anciana y enferma madre del primero y que han tenido que aportar partes médicos para justificar su viaje pero también análisis propios que confirmaban que estaban ‘limpios’ de COVID 19.

Aún así a última hora tuvieron un susto. "Llamé ayer al consulado español y me dijeron que no teníamos permiso y me puse a llorar", explicó Isabel. Una segunda llamada a España, le devolvió cierta calma que no ha sido total hasta que no han despegado. Porque no todos lo pudieron hacer. "En Zúrich se ha quedado una mujer alemana, no la han dejado pasar", contó Fernando. No sabe si por falta de motivo para viajar o por falta de acreditación de su estado de salud.

La abuela y la tía de Abel fueron a buscarle a él y a su madre al aeropuerto  / MIGUEL LORENZO

Entre los que volvían a casa, con mucha mejor cara, estaba Ingrid, una alemana afincada en Alicante y ávida de sol, o María José que lo hizo desde Alemania junto al despierto Abel, al que su abuela Encarna enganchó al vuelo nada más apareció. "Teníamos que haber vuelto el 30 de marzo pero han ido suspendido los vuelos", relató María José a quien la cuarentena no parecía suponerle demasiado precio a cambio de estar de vuelta. "Han dicho que nos llamarán", comentó tranquila.

Excepción incluída

El vuelo incluyó incluso una de las pocas excepciones que recogen la estricta normativa de bienvenida. "Es un capitán de barco, yo creo que por el nombre es ucraniano y lo tengo que llevar directamente a un barco en el puerto de Castelló", desveló un veterano taxista. Tripulaciones, trabajadores transfronterizos y transportistas, además de trabajadores sanitarios, están excluidos de las medidas siempre que vayan a trabajar y no hayan estado en contacto con personas infectadas

Temas Desescalada