05 jun 2020

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Coronavirus

Cuarenta y siete modelos de respirador esperan el visto bueno de Sanidad

Un prototipo malagueño y otro ovetense, candidatos más inmediatos a ser fabricados

Juan José Fernández Juan Fernández

De izquierda a derecha, los doctores Ignació Díaz de Tuesta y Miguel Ángel Prieto, y el ingeniero Víctor F. Muñoz, en una prueba del ventilador sanitario Málaga Respira.

De izquierda a derecha, los doctores Ignació Díaz de Tuesta y Miguel Ángel Prieto, y el ingeniero Víctor F. Muñoz, en una prueba del ventilador sanitario Málaga Respira. / IBIMA

Los médicos del Hospital Regional de Málaga han pasado este martes buscando a un enfermo de Covid-19 en estado grave, ingresado en UCI, con problemas para respirar por sí mismo y otras condiciones que le hagan apto para un ensayo. Será la tercera prueba con ser humano, la última que le queda al ventilador mecánico Málaga Respira.

Se trata de uno de los 47 prototipos de respiradores que se han presentado en los últimos 12 días a la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS), del Ministerio de Sanidad, y que esperan homologación. Entre tanto, sus creadores buscan empresas para fabricarlos cuando llegue el permiso.

De 47, dicen fuentes de Sanidad, solo 12 están en cabeza por aval científico y técnico. Entre ellos, el andaluz, desarrollado por el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA), de la red del Instituto de Salud Carlos III. Es el que está más avanzado entre los proyectos de respirador alternativo ideados en España estos días, después del que -con la Universidad de Barcelona y las firmas Oxigen y Protofy detrás- ya se fabrica en la SEAT en Martorell. En dos ensayos anteriores, los pacientes ayudados por el Málaga Respira dieron 100 por 100 de saturación de oxígeno en sangre.

Búsqueda desesperada

Los directores del proyecto, el médico angiólogo Ignacio Díaz de Tuesta y el ingeniero de la Universidad de Málaga Víctor F. Muñoz, tienen prisa: esta es la semana clave para conseguir respiradores en España, antes de que su escasez se vuelva dramática.

La curva de contagios aminora ligeramente, pero la de enfermos en UCI –este martes eran 5.607- seguirá creciendo días después de que por fin se doble la curva de la epidemia. Ninguna fuente osa aventurar un número para "el decalaje", pero todas coinciden en esperar a partir de este fin de semana una situación durísima en las unidades de cuidados intensivos de Catalunya, Madrid, el País Vasco y Valencia, que podría exigir ventiladores mecánicos que no hay.

Resultado de una prueba con paciente humano del ventilador mecánico Málaga Respira / IBIMA

España, como el resto de países, busca respiradores desesperadamente. Entre un tres y un siete por ciento de quienes resultan infectados por el coronavirus necesitarán una UCI, según los datos de Sanidad. Y de esos, un porcentaje variable precisará ayuda mecánica para recibir oxígeno. El porcentaje depende de las circunstancias: no todos a los que el coronavirus lleva a la UCI lo son por problemas respiratorios: el Covid también los crea cardiacos, renales o intestinales.

Poca industria

Con el mercado internacional en guerra, el Gobierno ha mirado a la industria nacional… y ha encontrado un desierto con dos pequeños oasis: Hersill y Temel.

Son dos empresas, la primera con sede en el polígono Las Nieves de Móstoles, y la segunda en el barrio de Marxalenes de Valencia, de fabricación de máquinas para anestesistas y UCIs, pero, pese a que exportan a 80 países, no pasan de pymes. En España podían vender en tiempos de bonanza 200 respiradores al año.

Los intentos de que su producción máxima se multiplique por diez, de 30 a 300 a la semana, van lentos. "Las firmas ya establecidas van más despacio que las nuevas iniciativas –explica Víctor Muñoz-, porque nosotros somos tres veces menos gente para tomar decisiones".

El Málaga Respira puede fabricarse en dos horas, según el IBIMA. "Y en menos cuando se industrialice", asegura Muñoz. La clave es que "no se trata de un aparato sofisticado, sino elemental, con muy pocas piezas", explica el doctor Díaz de Tuesta. Eso y, sobre todo, que es capaz de funcionar sin el peep.

Ese es el nombre de lo que trae de cabeza a los fabricantes de respiradores estos días. No se encuentra en el mercado. Se trata de una válvula de tres euros, que retorna aire cuando los pulmones exhalan. Simple pero escasa: "Andamos todos como palomas, picoteando las pocas migajas que quedan en el parque", dice Díaz de Tuesta. "Los suministradores no te sirven si no tienes antes el permiso de Sanidad. No se fían", explica Muñoz.

Iniciativas

Proliferan las iniciativas públicas y privadas en busca de respiradores. A las de Málaga y Barcelona se une la del ingeniero Javier Sáiz y  el Centro de Innovación en Bioingeniería de la Universidad Politécnica de Valencia, que busca desarrollar su propio ventilador con ayuda de la industria del motor de Almusafes.

Por su parte, empresas y empresarios particulares, como Amancio Ortega, buscan estas máquinas en el mercado internacional. El propietario de Inditex ha comprado 1.450. Y, mientras, los colegios de veterinarios han animado a sus asociados a ceder los ventiladores de cirugía animal de sus clínicas. Ya hay 100 en hospitales de todo el país.

Ninguna de las fuentes consultadas señala a la AEMPS como un cuello de botella: "Están agilizando mucho todos los trámites", dice Díaz de Tuesta. Pero hay una puerta que atravesar: la homologación oficial. Y en algunos casos el prototipo no encuentra peep, o no pasa de resucitador, de los que llevan las ambulancias, que no sirve para mantener la respiración en una UCI

Sin fallo posible

"Lo estamos tocando con la punta de los dedos". Con esta gráfica expresión, el ingeniero informático Marcos Castillo define el punto en el que se encuentra el Respirator 23, que él y otros nueve programadores, médicos y técnicos industriales diseñan en la Unidad de Bioterio de la Universidad de Oviedo. Ya lo han probado con animales y funciona.

Ahora, solo les falta confirmar que cada una de las piezas -diseñadas a partir de modelos industriales libres de Open Source e inspiradas en los circuitos para anestesia Jackson Rees-, cumplen con los estándares de seguridad. "Esto no es un exprimidor de naranjas. Si un tornillo de este aparato se rompe o un muelle no responde, el fallo puede costar vidas", avisa el ingeniero.

El viernes podrían estar entregándoles a las autoridades sanitarias el modelo que han diseñado para los pertinentes controles de calidad y, si lo aprueban, su fabricación en serie.

Ingenieros de Resistencia Team, ante su centro de investigación en Oviedo. / R.T.

El grupo de Castillo es el núcleo duro de Resistencia Team, el equipo de científicos que se creó espontáneamente dentro de Coronavirus Makers, la plataforma de ciudadanos con impresora 3-D y profesionales del sector industrial que se ha puesto en marcha para fabricar y donar material sanitario. Ubicaron el laboratorio en Oviedo porque varios de los técnicos que promovieron la iniciativa vivían en esta ciudad. "Pero no nos conocíamos previamente, ni conocíamos al resto de voluntarios que se ha movilizado desde toda España para este proyecto", señala.

Al anestesista canario Ramsés Marrero, cuya participación en el diseño del respirador ha sido sustancial, lo trasladó desde Tenerife un avión militar de la Base Aérea de Getafe. "La implicación de toda la gente ha sido absoluta, desde la Administración hasta los vecinos que se acercan cada día a dejarnos comida en la puerta", cuenta emocionado.

Respirator 23, el modelo creado por los asturianos de Resistencia Team. / R.T.

Desde hace dos semanas, el equipo no ha parado de trabajar, día y noche, para diseñar el respirador, fabricar sus piezas, ensamblarlas y probarlo. Han contado con la colaboración de los 16.000 voluntarios de Coronavirus Maker que hay repartidos por todo el país. "Si un día necesitábamos una arandela con unas medidas muy específicas, lo anunciábamos en el grupo y en seguida nos respondían desde la otra punta de España ofreciéndose a enviárnosla", relata.

A veces, la solución al reto técnico que les detenía la encontraron de la forma más inverosímil. "Un día nos atascamos buscando válvulas de no-retorno, hasta que alguien se acordó de las boquillas de los alcoholímetros. Llamamos a la Guardia Civil y en dos horas las teníamos aquí para incorporarlas al respirador", cuenta el ingeniero.

Castillo asegura haber vivido durante los últimos 15 días "historias para rellenar varias temporadas de una serie de Netflix", pero hoy su sueño es que este trabajo no haya servido para nada: "Si nuestro respirador es finalmente aprobado y fabricado, ojalá no haga falta usarlo. Significará que el pico de la epidemia ha pasado y los respiradores de los hospitales han bastado para vencer al virus", señala.