29 oct 2020

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DEBATE SOCIAL

Alerta violeta en Manresa

La capital del Bages rechaza el sambenito de ciudad de agresiones sexuales y blande sus propios problemas

Es la tercera ciudad con la tasa de violaciones denunciadas más alta de toda Catalunya

Carlos Márquez Daniel

Concentración contra las agresiones sexuales registradas en Manresa, el pasado domingo. 

Concentración contra las agresiones sexuales registradas en Manresa, el pasado domingo.  / MIREIA ARSÓ (REGIÓ7)

Tras atravesar el manto de niebla que suele crearse a los pies de Montserrat por estas fechas, el barcelonés alcanza al poco rato las calles de Manresa, la ciudad que ocupa el centro geográfico de Catalunya. Son unos 45 minutos de viaje, cinco grados menos de temperatura y un peaje de ocho euros que quita el hipo. La capital del Bages ha saltado al 'ring' mediático en las últimas semanas por culpa de las frías estadísticas: 13 denuncias por agresión sexual desde enero, el doble que el año pasado. Manifestaciones en la calle, llamamientos a la no estigmatización de ciertos colectivos, instituciones en improvisada alerta y una población local observando el fenómeno entre el pasmo y la rutina. 

 

Tres mujeres desayunan en la terraza de un bar de la plaza de Europa. Tienen entre 18 y 23 años y la consulta sobre el tema las deja algo incómodas. "El problema de las violaciones no es exclusivo de Manresa como se ha querido vender. Es una lacra de toda la sociedad", resume la más mayor. Dicen no confiar demasiado en que los políticos lo resuelvan y niegan que ahora se sientan más vulnerables. "Nos sentimos igual de inseguras que siempre". Quizás por eso el Comité Feminista de Manresa pidió hace un par de días más cursos gratuitos de autodefensa, entre otras medidas, como facilitar el proceso de denuncia o más educación feminista. Del interior del local sale un joven que no tendrá más de 25 años. Pelo largo y una carpeta bajo el brazo. "A mi lo que me molesta es que se asocie el nombre de la ciudad con una cosa tan asquerosa como la violación. No se han molestado en venir a Manresa. No solo para ver que es un lugar normal, sino para comprobar que tenemos los mismos problemas que en cualquier otra parte".

Consistorio "superado"

Según los datos de criminalidad recogidos por el Ministerio del Interior, hasta septiembre se tenía conocimiento de 10 presuntas agresiones sexuales, cuatro más que en el mismo periodo del año anterior. Hay que sumarle otras tres denunciadas hasta la fecha. Y 13, como señalan todos los vecinos consultados, es una cifra "inaceptable". El 'conseller' de Interior, Miquel Buch, quitó hierro al asunto asegurando la semana pasada que el número de delitos de estas características que se han producido en la localidad "está por debajo de la media catalana", afirmación que no debió sentar muy bien al alcalde, Valentí Junyent, que un día antes había sostenido que el consistorio se está viendo "superado" por estos hechos. La estadística da un poco la razón al concejal, pues demuestra que Manresa es la tercera ciudad con más de 30.000 habitantes con la tasa de presuntas violaciones por habitante más alta de Catalunya, solo superada por Barberà del Vallès y Blanes.

Quizás el Govern también se ponga en guardia al comprobar que en los nueve primeros meses, según el índice de criminalidad de Interior, se han registrado 419 denuncias por agresión sexual con penetración, un 18,4% más que en el 2018. El porcentaje adquiere más relevancia si se compara con el global español, con 1.410 denuncias y un aumento bastante inferior, del 8,1%. Así las cosas, Catalunya concentra casi el 30% de las denuncias sobre este tipo de delito, lo que no demuestra que aquí haya más violadores, sino que aquí hay menos temor a la hora de poner estos hechos en manos de la justicia

Nada se conoce ni se comenta sobre las estadísticas en Manresa, una localidad que se colocó en el ojo del huracán tras dos mediáticos y lamentables casos de violencia machista: una violación múltiple perpetrada por cinco jóvenes a una menor en octubre del 2016 y otra agresión en grupo, también a una menor, que se produjo el pasado verano. Dos manadas que, para los vecinos, "no representan para nada" a la ciudad ni a sus habitantes. Dos mujeres de unos 70 años que encaran la calle de Cap del Rec dan una muestra de hasta qué punto el valor generacional es importante en todo este debate. "Si a ciertas horas vas a según qué sitios y te pasan según qué cosas, no te quejes. ¿A quién se le ocurre meterse en un coche con tres hombres de madrugada? Esa violación sucedió en mi barrio y yo tengo claro lo que puedo y no puedo hacer". La otra señora, que lleva a su nieto en un cochecito, asiente con la cabeza y añade que los hombres "no tienen derecho a actuar así". "Pero nosotras también tenemos que ser conscientes de los peligros". ¿Salen con miedo de casa? "No, hijo, no, a nosotras no nos viola nadie", sostienen.

Fuera etiquetas 

De una perfumería cercana sale una pareja de unos 30 años. De Manresa de toda la vida, los dos. "Nos da pena que se hable de nuestra ciudad en estos términos. Claro que es lamentable lo que ha pasado y espero que les caiga la pena máxima, pero dudo mucho que seamos la excepción. Si ha habido un pico, se aborda y se pone remedio", dice ella. "La prensa tiene parte de culpa, porque cogen un tema, lo asocian a una ciudad y ya no te quitas la etiqueta, como Barcelona con los manteros o los pisos de drogadictos", aporta él. No muy lejos de ahí, en la plaza de Pius i Palà, frente a la imponente finca modernista Cala Burguesa, dos estudiantes de unos 20 años, dos chicas, admiten que ahora van con más cuidado y que no pueden evitar "cambiar de acera cuando ven a una persona sospechosa". Cuando se les pide concreción, cuesta pero lo admiten: "Hay muchos chavales marroquís con mala pinta, pero a parte de peleas, no he visto que hagan nunca nada".

También a ellos se refiere un grupo de cinco veteranos manresanos que andan por el paseo de Pere III. "Hay mucho ladronzuelo profesional y muchas casas ocupadas. Ahí detrás -señala la parte posterior del Casino modernista- hemos visto de todo, peleas, drogas... Está todo muy deteriorado, sobre todo la parte antigua. Y si nos preguntas sobre la inmigración, sí pueden llegar a ser un problema. Aunque también hay catalanes que tienen tela". A pesar de este crudo discurso sobre el nuevo ecosistema social de Manresa, tanto el consistorio como el Govern, no digamos ya las entidades sociales, insisten en desvincular a las personas migradas de las agresiones sexuales. Ya el pasado julio corrió el bulo de que los presuntos autores de una violación en grupo eran menores no acompañados. Era completamente falso.