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EN MADRID

El fan del patinete eléctrico que se ha pasado a la moto harto de trabas

Juan Jiménez, expresidente de la primera asociación de patinadores, ha desistido por los rodeos a los que le obliga la normativa

El experimento de patinete compartido en los distritos de la capital fracasa por el aluvión de robos y vandalismo

Manuel Vilaseró

Patinetes de uso compartido aparcados en el centro de Madrid.

Patinetes de uso compartido aparcados en el centro de Madrid. / JOSÉ LUIS ROCA

La decisión que ha tomado Juan Jiménez ilustra a la perfección lo que está pasando con el patinete eléctrico en Madrid y otras capitales. Él es un fan de este innovador medio de transporte. No solo es socio de una empresa de alquiler compartido de estos ingenios sino que hasta hace unos meses presidía la Asociación de Usuarios de Vehículos de  Movilidad Personal (AUVMP), la entidad que más ha promovido su uso, luchando por una "regulación justa". Pero se ha visto abocado a tomar una decisión dolorosa. Se ha comprado una moto y, además de gasolina, porque intentar trasladarse al trabajo con patinete le ha resultado "inviable".

 "Tienes que dar unas vueltas terribles porque hay pocas calles importantes en las que puedas circular , no puedes sobrepasar los 25 km/h, tardo más del doble que en una moto en hacer el mismo trayecto…",  lamenta. En Madrid, los patinetes no pueden circular más que por los carriles bici y calles limitadas a 30 km/h, pero de ambos hay muy pocos que conecten entre varios barrios. Tienen vetadas las aceras, las calzadas y los carriles denominados de plataforma única, aquellos en los que la velocidad está limitada a 30 km/h pero disponen de más de un carril por sentido y en las que las bicicletas gozan de prioridad.  

Normas que no se cumplen

Además de desincentivar su uso, tanta restricción tiene otro efecto perverso. Casi nadie cumple la normativa. Basta darse una vuelta por la Gran Vía, en el epicentro de Madrid Central, para comprobar que muchos circulan por la aceras y el carril de plataforma única. En realidad no podrían hacerlo ni por un lugar ni por el otro pero nadie se lo impide quizás porque es absurdo. ¿Tiene sentido que en el eje pricipal de la zona de bajas emisiones esté vetado uno de los medios de transporte más ecológicos?

Eskay, la empresa de la Juan Jiménez es socio, también ha retirado de las calles los patinetes de alquiler compartido porque "los números no salen". Ahora los alquila a través de tiendas con locales. Aunque no quiere entrar en detalles, es obvio que el experimento de patinete compartido emprendido por el Ayuntamiento de Madrid  está siendo también un fracaso.

100 robos al día

Barcelona prohibió el alquiler compartido pero Madrid quiso experimentar autorizándolo con muchas limitaciones. En febrero pasado concedió 8.600 licencias de las más de 100.000 solicitadas. Los beneficiarios fueron 18 empresas, cada una de las cuales tenía como ámbito de actuación de uno a tres distritos de la ciudad. El resultado ha sido que en la áreas más periféricas el sistema no ha funcionado debido al vandalismo. Más de 100 robos al día han diezmado las flotas hasta que la empresas  han dejado de reponerlas. La mayoría han acabado trabajando solo en el centro aunque incumplen las condiciones en las que recibieron la concesión.