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ATAQUE EN EL MASNOU

Los ultras alimentan la fobia a los menas en Catalunya

El grupo de información de los Mossos investiga el ataque a un centro de menores migrantes no acompañados el pasado jueves en el Masnou

La Generalitat señala abiertamiente "grupúsculos ultras organizados" y afloran nombres de personas vinculadas a Vox y Ciudadanos como impulsores de la protesta

Elisenda Colell

El albergue del Xanascat en Masnou, donde ayer los menores fueron increpados.

El albergue del Xanascat en Masnou, donde ayer los menores fueron increpados.

La Generalitat y el Ayuntamiento de El Masnou señalan abiertamiente y por primera vez a la ultraderecha tras el ataque a un centro de acogida para menores migrantes sin familia. Pasó el jueves pasado en el municipio de El Masnou (Maresme) donde cuatro menores y dos trabajadores del equipamiento resultaron heridos. “Se ha traspasado una línea roja, este ataque estaba organizado y premeditado por grupúsculos ultras”, dijo ayer el 'conseller' d’Afers Socials, Chakir el Homrani, en una rueda de prensa tras celebrar una reunión de urgencia en el municipio. El alcalde,  Jaume Oliveras llegó a señalar miembros de Vox de otras localidades.

El 'conseller' dijo que esta situación ha ocurrido también en centros tutelados de Madrid y Andalucía. “La ultraderecha aprovecha los colectivos más vulnerables para hacerse fuertes”, afirmó. Y en Catalunya los menores migrantes ya se han convertido en su punto de mira.

El pasado jueves por la tarde, se cruzaron dos manifestaciones en El Masnou. Una, en contra de la violencia machista y el racismo. Y es que, la semana pasada un menor tutelado que vivía en ese centro de El Masnou trató de agredir sexualmente una chica, aunque fue detenido por dos compañeros suyos. La otra protesta era precisamente en contra de la presencia de los menores migrantes en el municipio. Estos últimos acabaron irrumpiendo en el albergue del XANASCAT donde viven, ahora reconvertido en un centro de menores tutelados, y acabaron agrediendo a algunos de ellos.

El balance fue de cuatro menores y dos trabajadores heridos por contusiones leves. Si bien los asaltantes no lograron entrar dentro del edificio, sí se colaron en el recinto, y allí toparon con algunos menores que volvían de la escuela o cursos formativos.

En estos momentos, los Mossos d’Esquadra están investigando los hechos. A diferencia de los ataques a centros de menores en Castelldefels y Canet de Mar del pasado invierno, quien coordina ahora la investigación es el grupo central de información de los Mossos que, entre otras materias, es el equipo especialista en grupos de ultraderecha.

Entre los instigadores de la protesta se barajan varios nombres. Uno de ellos, Jordi de la Fuente, exportavoz de Plataforma por Catalunya y actual militante de Vox. Con un megáfono, entre otras premisas, sugirió a los niños que viven en el centro a que se “inmolaran”. El partido lo reconoce, dice que fue a nivel particular, aunque niega que le vaya a retirar el carnet de militante. Otra persona que instigó a la protesta, al menos a través de las redes es Antonio Tripiana, que se presentó por Ciudadanos en las elecciones municipales de Teià. Desde el partido informan que no está afiliado, que ignoran el papel que haya podido tener en los actos violentos y que condenan el ataque.

Tras el incidente, la Generalitat busca una condena ejemplar, aunque oficialmente no consta ningún identificado como agresor. “Queremos mandar un mensaje muy claro: son hechos muy graves que no se pueden volver a repetir”, dijo el 'conseller' El Homrani. Los equipos jurídicos de la Generalitat ya preparan la demanda a fiscalía contando hasta siete delitos distintos. El 'conseller' pidió a la Justicia que la “contundencia sea máxima”.

Ni alcalde ni 'conseller' se han querido mojar este viernes a la hora de valorar el dispositivo policial que no evitó los incidentes. El único detenido fue una persona del movimiento antifascista, por desacato a la autoridad. Varias organizaciones del pueblo se quejan de que en primer lugar no se blindara la entrada del centro de menores, y en segundo, que no se identificara ni detuviera a ningún autor de las agresiones. “No somos nosotros quien debemos valorarlo”, subrayó el 'conseller'.

Una experiencia traumática

También fuentes del equipamiento tutelado piden, una vez vividos los incidentes, que se podía haber hecho más. “Sabíamos que existía la protesta y nos temíamos un ataque, se podría haber blindado el centro o vaciado para que los niños no li tuvieran que haber visto”, señalan a este diario. Y es que, según estas mismas fuentes y debido al choque traumático vivido, un chico se ha llegado a autolesionar.

A nadie se le escapa que este tercer asalto a un centro de la DGAIA sí tiene varios elementos comunes con el caso de Castelldefels, en marzo, o Canet, en febrero. Todos son equipamientos de emergencia, situados en albergues y casas de colonias, gestionados por la misma entidad, Eduvic. Precisamente la semana pasada un grupo de educadores de esta cooperativa denunciaron coacciones y falta de proyecto educativo en los centros.

El 'conseller' admitió, ayer, que “hay camino para la mejora” tras la demanda explícita del alcalde de “más recursos para garantizar la correcta acogida de los niños”. Quiso insistir en los esfuerzos del departament en abrir 4.000 plazas en un año para los menores para evitar que duerman en comisarías. “Ahora debemos pasar de la acogida a la inclusión”, dijo. Una situación, la de la exclusión que acecha al colectivo, que es real. El conseller admitió que los presupuestos prorrogados no lo ponen fácil. También culpó al Estado de poner las cosas aún más difíciles, especialmente porque los chicos no pueden trabajar legalmente debido a la ley de extranjería.

Vecinos asustados

Comerciantes y vecinos del paseo marítimo de El Masnou viven con temor la presencia de los menores migrantes en su municipio. Marta, una vecina de la localidad, explica que los jóvenes actúan en grupos de tres o cuatro. “A mí me amenazaron por no darles un cigarrillo y me escupieron, mientras que a una amiga mía le tiraron del bolso”, dice. Se siente insegura por la zona. “Ando con el bolso agarrado en mi propio pueblo”, se queja. Asegura no ser racista: “Yo misma he acogido inmigrantes en mi casa que no tenían nada”, cuenta. Pero dice, ahora, que la situación esta “descontrolada”. “Los niños necesitan un acompañamiento mejor del que están teniendo, el centro no funciona bien”, critica.

Ángel es camarero de un bar delante de la estación de la Renfe de Ocata. “Están todo el día allí, vigilando a ver quien pasa para robar”, dice. Explica que ha visto muchos tirones de bolso y hurtos de móviles protagonizados por los chicos, también amenazas verbales. “Se encaran cuando no les das tabaco”, matiza. Aunque niega ningún tipo de agresión violenta. “No me siento segura yendo por la calle de noche”, añade Mari, una clienta del establecimiento. “La gente está acojonada”, lamenta Ángel desde la barra. Aunque todos ellos niegan que la solución pase por manifestarse contra todos los chicos y aún menos, ir al centro ni agrederles. “Hay que ayudarles a encontrar una salida y una vida encarrilada, no lo tienen fácil”, dice el camarero.