30 mar 2020

Ir a contenido

PROTOCOLO HOSPITALARIO

Vall d'Hebron aisla a ocho bebés tras la muerte de dos prematuros

Los bebés ingresados son portadores de la klebsiella, pero no han desarrollado síntomas por ahora

El Defensor del Paciente denuncia una "negligencia sanitaria" y recurre o al fiscal general de Catalunya

Carlos Márquez Daniel

Dos bebés prematuros mueren afectados por una bacteria hospitalaria en Vall d’Hebron. / JORDI COTRINA (VÍDEO: EFE)

Cualquiera que haya pisado una unidad de cuidados intensivos de neonatos sabe hasta qué punto es importante cuidar la higiene en estos espacios. Bata quirúrgica, casquete para el pelo y unos peucos para los zapatos. Y por encima de todo, lavarse las manos, fregando por ambos lados hasta la muñeca, y también entre los dedos. Que en esas salas se consiga salvar la vida de prematuros que apenas pesan medio kilo es algo casi milagroso. Pero pueden suceder desgracias. Como la que se ha vivido en estos últimos días en el Hospital Vall d’Hebron, donde han fallecido dos bebés nacidos en las semanas 24 y 25 de gestación a consecuencia de una enterocolitis agravada por la presencia de una bacteria, de nombre klebsiella. El centro hospitalario ha practicado pruebas a los 45 nacidos antes de hora que tiene ingresados y, aunque se ha detectado el bacilo en ocho de ellos, ninguno ha presentado por ahora síntomas que hagan temer por su salud. Los padres de una de las víctimas han denunciado los hechos a través de la asociación El Defensor del Paciente. Intuyen una negligencia sanitaria que el centro no admite. 

El primer bebé afectado perdió la vida el sábado 20 de abril. El segundo pereció el miércoles 24. Las explicaciones médicas por parte de Vall d'Hebron han corrido a cargo de Rocío Cebrián, subdirectora asistencial, y Magda Campins, jefa el servicio de Medicina Preventiva, que han asegurado que "la edad y el peso han sido determinantes". Han explicado que ambos bebés sufrieron una enterocolitis (inflamación del intestino), “muy frecuente entre los prematuros”. Lo que terminó siendo fatal fue la presencia de la bacteria kleibsella, que pasó a la circulación sanguínea y causó la sepsis (una respuesta mortal del organismo ante una infección). La primera víctima nació tras 24 semanas de gestación con un peso de 680 gramos. La segunda, a las 25 semanas y con 485 gramos. En ambos casos, recuerdan desde Vall d’Hebron, “existía una alta probabilidad de morir”. En España, han informado las medicas, la tasa de supervivencia con menos de 700 gramos es del 46%. En Vall d'Hebron es del 80%. 

"Relativamente frecuente"

El hospital asegura que se ha cerrado el box en el que se recuperaban los dos bebés. Los afectados han sido tratados de manera aislada, tanto físicamente como a nivel de personal sanitario, con profesionales destinados solo a su cuidado. Todo ello permite que la planta siga funcionando con normalidad a pesar de que todavía no se sabe por dónde ha entrado el germen. Se han tomado muestras tanto del material como de las superficies y el agua de la estancia para encontrar el foco de la infección. Los resultados se concerán el miércoles. Según Campins, esta situación "es relativamente frecuente en los ambientes hospitalarios" y ha recordado que el hospital realiza análisis de los pequeños ingresados cada 15 días para detectar la presencia de bacilos que puedan resultar fatales para estas criaturas tan vulnerables. Puestos a teorizar, Campins señaló como posibilidad una "transmisión cruzada y no un foco común", es decir, la posibilidad de que el bicho haya saltado de un niño a otro mediante superficies u objetos sanitarios.  

Sobre el hecho de que, a pesar de conocerse que eran portadores de la bacteria, convivían en la misma habitación, Campins ha argumentado que la propia incubadora ya ejerce de espacio de aislamiento. "No estamos hablando de ninguna cuarentena", ha insistido. Pero sí ha aclarado que las vías de entrada de organismos son múltiples, habida cuenta de que estos pequeños estan muy intubados a todos los niveles. Sobre cuál ha sido la causa última del fallecimiento de los dos prematuros, que estaban uno junto al otro, Cebrián ha concretado que se trata de "una suma de factores", esto es, una combinación fatal: nacer con tan pocas semanas de gestación y un peso tan reducido, la complicación intestinal y la presencia de la klebsiella que se aprovecha de unos pacientes sin defensas para combatirla. El año pasado, han explicado, no se detectó ningún caso, pero sí dos en el 2017 que se superaron sin problemas. 

Los padres del segundo bebé fallecido, una niña, se han puesto en contacto con la asociación El Defensor del Paciente para denunciar lo que consideran una “negligencia sanitaria”. Carmen Flores, presidenta de esta entidad con sede en Madrid, lamenta que un hospital “de referencia y con tanto prestigio esté en condiciones tan caóticas”. Flores ya mandó en marzo una carta al fiscal general de Catalunya, Francisco Bañeres Santos, alertando sobre la suciedad en una estancia de la cocina del hospital. El pasado sábado le remitió otra misiva, en esta ocasión, centrada en el fallecimiento de estos dos bebés. En el documento, la máxima representante del Defensor del Paciente denuncia "un delito contra la salud de los ciudadanos". "Máxime, cuando se trata de bebés o de personas con las defensas bajas en un centro sanitario que debe estar totalmente aséptico". Como conclusión, Flores reclama una investigación "y la depuración de responsabilidades".

"No hay nada peor que ver a tu hijo intubado"

A media tarde suena el teléfono en la redacción del diario. Al otro lado del aparato, Sandra, que llama desde Terrassa empujada por la más absoluta empatía. Insiste en un par de ocasiones en mandar todo su apoyo y cariño a los padres de los dos bebés prematuros que han perdido la vida en el Hospital Vall d’Hebron. Luego explica porqué el asunto le toca tan de cerca. El segundo de los fallecidos, una niña nacida a las 25 semanas de gestación, murió el pasado 24 de abril, exactamente cuatro años después de que su pequeño Héctor, el que tenía que ser su tercer hijo, también pereciera en la misma planta del inmenso complejo sanitario. 

No se le arruga la voz lo más mínimo al recordar lo que le sucedió en abril del 2015. El pequeño nació el 2 de abril de ese año cuando tan solo llevaba 26 semanas y dos días en el vientre de su madre. Fue trasladado a la UCI del centro, pero el diagnóstico no era especialmente malo. Hasta que 10 días después, los médicos le dijeron que el niño había contraído «un hongo letal». «Sé perfectamente por lo que han pasado estos padres, no creo que haya nada más duro que ver a tu hijo rodeado de tubos por todas partes. No se te olvida nunca. Pero además, en mi caso, estoy convencida de que todo fue culpa de unas obras que estaban haciendo en la entrada de la planta de neonatos».

Según Sandra, que dice que no denunciaron los hechos porque estaban «muy tocados», con 10 días de vida le detectaron una costra en le nuca. «Le aplicaron una cremita, pero pronto se dieron cuenta de que aquello no era normal».  Sostsiene que los médicos tomaron muestras (también tejido de la madre) y lo mandaron a tres laboratorios en el extranjero. Todos coincidieron en el diagnóstico: aspergillus fumigatus, un hongo inocuo para los mayores sanos pero potencialmente mortal para un prematuro sin las defensas levantadas. A partir de ese momento, el pequeño Héctor pasó a tener un trato distinto. «Todo lo que tocaba, todo lo que tenía que ver con su cuidado, iba a una papelera especial y se la llevaban. No tengo ninguna queja del personal, fueron todos maravillosos, pero estoy convencida, porque me he estado informado en todo este tiempo, de que el polvo levantado por aquellas obras fue la causa».  

A los 22 días de haber nacido,  aquel fatídico 24 de mayo del 2015 y sin responder a la medicación Héctor, perdió la batalla.