06 ago 2020

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TESTIMONIO

Ousama, 'mena' de 12 años: "En la calle me busco la vida"

Elisenda Colell

Ousama, un ’mena’ de 12 años

Ousama, un ’mena’ de 12 años / ALBERT BERTRAN

Se llama Ousama Habali y dice tener 12 años. Lo aparenta por su estatura, que no supera el metro y medio. Lleva un anorak de color gris muy sucio. Las manchas de la comida se mezclan con rastros de tierra. Bajo el brazo izquierdo su chaqueta está descosida, y tiene un hueco por donde se cuela el frío. Viste unos pantalones negros de chándal y unas chanclas de piscina. No lleva calcetines. Tiene los pies helados y las uñas sucias. Come un chupa chup. A las tres de la tarde callejea por la montaña de Montjuïc, cerca del parque de bomberos y de la ronda litoral, con dos amigos más. Se nota que es el más pequeño. Su voz le delata, es más aguda.

Él es el mayor de cuatro hermanos. A los 10 años decidió irse de casa, en Rabat, en dirección a España, para "buscarse la vida". Tras varios días durmiendo en el puerto de Tánger, se coló bajo el motor de un autobús. Así llegó a la costa gaditana. La policía lo trasladó a un centro de menores en la Línea de la Concepción. "Éramos muchos chicos, y no hacíamos nada durante el día". Por eso se escapó y se fue a Marbella. Después, MálagaMadrid Catalunya. Ha pasado por una decena de centros de menores. El último, en Tarragona. Recuerda que un educador le tiñó el pelo de color rubio. Aún le queda algún rastro entre sus mechones. Pero al final acabó huyendo. "Cuando te peleabas con alguien o tomabas cola, te ponían un 'gomet' negro. Y eso significaba que no podías salir en unos días. A mí esto no me gusta".

Ousama Habali, de espaldas, niño de la calle llegado de Marruecos a Barcelona / Albert bertran

Dice que hace cinco meses que callejea por Barcelona. "Tienes que estar unos días en el centro. Te duchas, te dan ropa, comes, y luego sales a ganarte la vida". Tener dinero, comprarte un chándal y colgar la foto en el Facebook. Que lo vea tu padre, te dé un 'like' y demostrarle que no has fracasado. En su caso, su padre le comenta las fotos que sube. En todas se le ve bien vestido y feliz. Según él, al día consigue 5 o 10 euros. ¿Robando? “No, yo no robo”. Y calla. Aparta la mirada y se gira hacia el mar. “No te lo quiero explicar, no me lo preguntes más”. Al cabo de unas horas aclara que trabaja en “unos pisos”. Y acaba diciendo que pinta paredes en Manresa. “No me vuelvas a preguntar”.

Fuga

Durante el día callejea por el Raval, el Poble Sec, la Barceloneta Montjuïc. “Dormimos en la montaña. Esta noche la policía nos ha desmontado el campamento”. Según su versión, la larga decena de chicos menores de edad con los que convive han sido trasladados a una oficina de la dirección general de Atenció a la Infància i l'Adolescència, donde les han asignado centro de acogida. “Nos hemos fugado todos antes de que nos vengan a buscar”. A horas distintas. Y ahora aguardan, bajo la montaña, esperando al resto del grupo.

Detalle de una bolsa con cola / Albert bertran

Sus ojeras le delatan. Y también las heridas y cicatrices que se le ven en las manos y en los mofletes. “A veces nos peleamos”. En el suelo hay una bolsa de plástico con cola blanca, ahora ya seca. “Sí. Algunos toman cola, pero yo no”.

A las diez de la noche Ousama está en el "parque verde", en Sant Pau del Camp, el Raval. Ha cambiado de abrigo. Lleva dos sudaderas, muy limpias. Parecen nuevas. También tiene calcetines, con las mismas chanclas. En la mano esconde un tercer calcetín. Está empapado con disolvente. La mirada ya es otra, más ausente. Y se balancea.

Detalle de los pies de Ousama / Albert bertran

Gritos y pelea

Le acompañan otros 15 adolescentes marroquís. La mayoría respiran dentro de bolsas con cola. Todos dicen ser menores de edad y visten ropa de marca. Incluso hay quien escucha música con auriculares caros. De repente, se oyen cuatro gritos y empieza una pelea. A medida que avanza la noche van llegando más chicos y el consumo va en aumento. El parque está cerrado pero ellos se cuelan pasando por entre unos barrotes que han roto.

Un momento de la comida de Ousama / Albert bertran

De repente, Ousama decide que, visto lo visto, quizá no era tan mala idea volver al centro de menores. “No quiero ir a la comisaría, quiero ir a la DGAIA”. El edificio de la Generalitat, a esas horas de la noche, está cerrado. La alternativa es ir a la comisaría de los Mossos en Ciutat Vella, a menos de 10 metros. Un agente de la policía le informa del procedimiento. “Por la mañana te acompañaremos a la DGAIA y te dirán a qué centro vas”. Y entonces, desaparece. Se funde entre la gente en la calle Nou de la Rambla, en dirección a Montjuïc. El resto de chicos siguen vagando por el parque. De madrugada se les ve por el Poble Sec. Con la ayuda de varios contenedores de la basura recogen palos de madera, somieres e incluso algún colchón. Se dirigen hacia la montaña a rehacer el campamento. Entre ellos está Ousama.