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El Testimonio

«En la calle me han insultado y me han escupido»

Montserrat Teixes vive desde hace un mes bajo el techo de un albergue después de 11 meses al raso

Rosa Mari Sanz

Montserrat Teixes, una mujer que ha vivido 11 meses en la calle.

Montserrat Teixes, una mujer que ha vivido 11 meses en la calle. / Joan Puig

Montserrat Teixes tiene 63 años y ha sido víctima de aporofobia. Después de más de dos décadas trabajando como enfermera, por circunstancias personales que como tales le atañen a ella, se vio un día en la calle completamente sola. Sin techo, sin amistades y sin apoyo alguno. Esa primera noche al raso, a la que siguieron muchas más durante 11 meses, pasó mucho miedo. «Quería morirme. Empecé a deambular por la Vila Olímpica y no sabía qué hacer, no conocía a nadie. Al final algunas noches me acercaba al Hospital del Mar y como me conocían por haber trabajado allí me quedaba en urgencias y decía que estaba cuidando de una persona», cuenta. Pero a veces la echaban y acababa durmiendo en cajeros, donde ha vivido numerosos episodios de aporofobia.

«Durante el día yo no llevaba el letrero de ‘soy una indigente’. Siempre he ido muy aseada», dice. En el hospital se duchaba y se lavaba la ropa, pero por la noche no había duda cuando se refugiaba en cajeros. «He vivido de todo, me han escupido, me han insultado, me han llamado puta, perra… lo que quieras. No era ocasional. Mil cosas. ¿Que quieres que haga?, ¿Que denuncie que se me han meado encima en un cajero y me han escupido? ¿A quién? ¿A  los Mossos? Si ellos mismos te ven en un cajero y te echan», protesta esta mujer a la que la calle le llevó a intentar quitarse la vida en dos ocasiones.

A lo largo de esos 11 meses a la intemperie, durante los cuales estuvo ingresada en siete ocasiones por un problema pulmonar que padece, ha sentido cruelmente el rechazo de mucha gente.  «Aunque durmamos en la calle somos personas, eso habría de tenerlo claro la gente. Bastante desgracia tenemos de estar donde estamos y recibir las bajezas que recibimos. Somos personas, no somos animales y cada uno sabemos nuestros problemas. Pero ante todo somos personas», insiste. Montserrat dice que tiene un buen grupo de amigos a los que ha conocido en la calle y le han ayudado a conocer el circuito de atención que ofrecen oenegés como Assís, quien le ha proporcionado el techo en el que duerme desde hace un mes, en un albergue. «En la calle hay gente muy buena. Personas de verdad», zanja.