Estudiantes 'acelerados'

Un total de 416 alumnos catalanes están haciendo este año un curso superior al que por edad les correspondería

Hèctor, un niño superdotado, juega al ajedrez con su madre.

Hèctor, un niño superdotado, juega al ajedrez con su madre. / FERRAN NADEU

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MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA

Un total de 416 estudiantes catalanes de educación infantil, primaria y secundaria están matriculados en un curso superior al que por edad les correspondería. Son alumnos a los que la escuela ha decidido subir de nivel o 'acelerar' -así se conoce en terminología educativa-, porque su rendimiento escolar es más parecido al de estudiantes mayores que ellos que al de los de su misma promoción. Desde que en el 2014 se puso en marcha el protocolo para la detección y actuación en alumnos de altas capacidades intelectuales, el número de 'acelerados' en Catalunya se ha duplicado, asegura Mercè Esteve, subdirectora general de Ordenación y Atención a la Diversidad en la Conselleria d'Ensenyament.

La medida, que no tiene ningún coste para el sistema (al contrario, ya que el tiempo que un alumno 'acelerado' pasa en la escuela es más corto), suele ser bien vista por los expertos que tratan con estudiantes superdotados. Estos especialistas -psicólogos y psicopedagogos- insisten, no obstante, en que la solución es insuficiente si no se hace un buen seguimiento emocional del alumno.

"La 'aceleración' es una medida intensiva, que se aplica en casos muy puntuales y después de que esos alumnos hayan tenido previamente una ampliación curricular o hayan participado de algún programa de apoyo escolar personalizado", aclara Esteve, que puntualiza que, en cualquier caso, antes de hacer saltar de curso a un alumno, también se tienen en cuenta factores de personalidad y madurez.

"Además de los equipos de apoyo psicológico (EAP) del centro y de los maestros, la decisión se toma siempre de común acuerdo con los padres y, muchas veces, con el propio alumno", indica la subdirectora. Madres de estudiantes a los que se les ha hecho pasar de curso certifican que así se hace. Al menos, en los últimos tiempos. "Y si el niño lo rechaza, por lo general se respeta su decisión", subraya Yolanda Hernández, que tiene tres hijos con altas capacidades.

AÚN QUEDA POR HACER 

Pese al esfuerzo -encomiable- hecho en los últimos años por la Administración, que ha permitido avanzar en la detección de alumnos brillantes y que ha formado a los profesores para "que tengan más herramientas que les permitan hacer esa detección", el camino que aún queda por recorrer en Catalunya es largo. Según la última edición del anuario 'Las cifras de la educación en España' que el Ministerio de Educación publicó en el 2016, tan solo 275 escolares catalanes recibieron una atención especial en la escuela por sus altas capacidades intelectuales durante el curso 2013-2014.

Aquel mismo curso, en la comunidad de Madrid, fueron 1.554 los estudiantes que participaron en programas de refuerzo académico para potenciar sus habilidades, mientras que en Canarias, con una población significativamente inferior a la de Catalunya, fueron 1.480. En Andalucía, casi llegaron a 6.000.

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La progresiva incorporación de nuevos métodos docentes en las aulas, el trabajo colaborativo o por proyectos, la personalización de los aprendizajes y "el nuevo currículo por competencias vigente en Catalunya", señala Mercè Esteve, están permitiendo que, en su opinión, el paso de los estudiantes con altas capacidades sea menos difícil que años atrás. "Las escuelas, sobre todo de primaria, se organizan de una manera muy distinta y eso permite que cada estudiante, sea brillante o rezagado, aprenda según su propio ritmo", destaca.