Obstrucción en toda regla

El colegio denegó información sobre los casos de pederastia a los Mossos y se la ocultó a la Generalitat y a las familias de los alumnos

Un trabajador borra una pintada en el muro del colegio marista de Sants-Les Corts, tras estallar el escándalo de pederastia.

Un trabajador borra una pintada en el muro del colegio marista de Sants-Les Corts, tras estallar el escándalo de pederastia. / JULIO CARBÓ

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Luis Mauri

Cuando este diario destapó el escándalo del colegio de los Maristas de Sants-Les Corts, la figura del pederasta confeso Joaquim Benítez, que había campado a sus anchas en el colegio durante más de 30 años sin que nadie lo impidiera, ni el centro ni la justicia, se antojaba la del depredador en su paraíso.

Hoy, una semana después, la veintena de denuncias de exalumnos que pesa sobre el subdirector y cuatro exprofesores, además de un monitor, cambia radicalmente aquella percepción inicial. La imagen ya no es la de un depredador en su edén particular, más bien la de una concurrida guarida de predadores.

Resulta increíble que los gravísimos delitos denunciados por tantos exalumnos se sucedieran durante años y años, promoción tras promoción, sin que ninguna señal activase una sospecha, un resorte, mucho menos una acción de esta escuela religiosa financiada con fondos públicos.

Tan increíble es eso como inaceptable la gestión del escándalo de los Maristas. Opacidad, distracción, medias verdades, mentiras enteras, obstrucción incluso. ¿De qué otro modo se puede calificar la negativa del director del colegio en el 2011 a facilitar a los Mossos información sobre Benítez después de que este hubiera admitido su delito ante sus superiores? Otro asunto, aunque no menos llamativo, es que la jueza no citara al director para exigirle la información que negaba a la policía.

Los Maristas han incumplido el protocolo oficial antipederastia. Primero en el 2011 y luego en el 2013. En el primer caso informaron al fiscal, pero no a la dirección de Infància de la Generalitat. En el segundo, como Benítez había cesado, ya no hicieron nada. Absolutamente nada. Ni siquiera brindaron la ayuda psicológica que la víctima solicitaba.

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La cúpula local de la orden ha faltado a la verdad al negar públicamente que conociera el citado protocolo, y ha tenido que salir la Generalitat para desmentirla.

En ninguno de los dos casos, las familias que han confiado la educación de sus hijos a los Maristas de Sants-Les Corts recibieron aviso o información de ningún tipo. El colegio debió de pensar que no era asunto suyo.