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Gente corriente

Agus Prats: "La mejor forma de aceptar tu lado oscuro es creativamente"

Gemma Tramullas

En la vida de Agus Prats hay un número que marca un antes y un después: 416-2. Antes era un diseñador gráfico premiado, con trabajo, pero en plena crisis existencial; después, o sea ahora, es un artista.

 

-¿Qué es 416-2?

-Es mi cama del hospital. Planta cuarta, habitación 16, cama 2.

-¿Cómo llegó allí?

 

-La noche del 1 de febrero del 2001 estaba en el bar Almirall de la calle Joaquín Costa de Barcelona y salí para ir al cajero. Oí gritos y la policía aparcó varias furgonetas frente al bar. Era una redada. Cuando pasé junto a los coches policiales alguien tiró un ladrillo que me impactó en la cabeza y afectó a la parte motora de mi cerebro. Cuando salí de la uci solo podía mover dos dedos. Estuve ocho meses ingresado en el Vall d'Hebron.

-Recuerda al caso Ciutat Morta.

-Quizá si yo hubiera sido policía en lugar de un ciudadano de a pie habrían cogido a cualquiera como responsable... No fue así.

-En el hospital ya empezó a hacer fotos.

 

-Primero escribí un diario, pero no sobre lo que yo sentía sino sobre lo que les pasaba a los demás. Luego cogí la cámara. Fotografiaba camas vacías y luces rotas y vi que de esta  manera podía expresar mis sentimientos.

-Y volvió a la calle.

 

-Ideé un dispositivo para anclar la cámara al chasis de la silla de ruedas y usarla con un disparador remoto. Si quería hacer fotos en la calle tenía que ser intuitivo y rápido.

 

-Así hizo el proyecto No hay luz sin oscuridad, que se expone a partir del 19 de noviembre en el Pati Llimona.

-Lo hice con una persona con un trastorno límite de la personalidad que iba comentando mis fotos. Cuando estuve ingresado en neurotraumatología me impactó ver cómo las personas interpretaban la realidad de forma distinta según su lesión neurológica.

 

-En su web (www.agusprats.com) cita a Anaïs Nin: «No vemos jamás las cosas tal cual son, las vemos tal cual somos».

-Exacto. Estas personas están estigmatizadas porque rompen el consenso, pero su visión de la realidad es tan auténtica como la mía. Descubrir esto fue enriquecedor.

-Para su siguiente proyecto, que se expondrá a partir del 24 de diciembre en Barcelona Visions, volvió al lugar de la agresión.

-Perdí mi diario y se me ocurrió ir a buscarlo haciendo un recorrido por las calles hasta el lugar donde todo empezó. En el fondo, me estaba buscando a mí mismo.

-Hacía 14 años que no pasaba por Joaquín Costa. ¿Maldijo a quien le tiró el ladrillo?

-No personifico nunca la agresión. Solo quería tirar atrás en el tiempo y ver qué pasaba. Al llegar al lugar, un familiar enfermó gravemente y eso me hizo revivir mi paso por el hospital, pero esta vez no como paciente sino como familiar. Fue una forma de verme reflejado y mi pareja tituló el proyecto The mirror chair [silla-espejo] project.

-¿No siente rabia? 

-No. Como dice Jung, todos tenemos una cosa que no aceptamos en nuestro interior, una sombra, un lado oscuro, y si no aprendemos a aceptarlo acabará devorándonos. La mejor forma de aceptar nuestro lado oscuro es creativamente.

En el momento de la agresión, Agus acababa de dejar un trabajo y empezaba uno nuevo pero, por desconocimiento, no se dio de alta en el Inem. Un juzgado social dictó que aun así tenía derecho a cobrar una pensión, pero la Seguridad Social recurrió y el Tribunal Superior de Justícia [sic] de Catalunya le ha denegado definitivamente la ayuda. «Vivo con mis padres -explica-. Sin ellos estaría en la calle». Alguien necesita urgentemente revisar su lado oscuro y no es precisamente Agus.