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Gente corriente

Kubra Khademi: "Desde el principio, mi inspiración fue mi madre"

Gemma Tramullas

Si alguien me hubiera dicho que una de las artistas más valientes de este principio de siglo daría una conferencia en la biblioteca Vila de Gràcia de Barcelona en plena canícula le habría mandado a paseo. Pero allí estaba ella, Kubra Khademi, un martes 18 de agosto. De cuerpo menudo, mente inquieta y espíritu inquebrantable, esta artista de 27 años nacida en el seno de una familia de refugiados afganos tuvo que huir a Europa en marzo pasado tras protagonizar una acción artística que consistía en caminar por Kabul con una armadura que resaltaba las formas de su cuerpo ante las enloquecidas miradas masculinas. Llegó a Catalunya gracias al apoyo de los colectivos artísticos Jiwar y Nau Côclea y al festival La Muga Caula, donde actuará el 18, 19 y 20 de septiembre.

-¿Cómo está?

-Mi vida está totalmente patas arriba y yo estoy como volando, no siento nada. La mayoría de la gente aspira a tener una vida cómoda y tranquila, a pasarlo bien. Yo no lo paso bien con mi arte; yo no vivo, yo lucho.

-Es muy dura consigo misma. En una acción en Kabul se abofeteó durante 40 minutos hasta que le saltó la piel y cuando salió con la armadura a la calle casi la linchan.

-Hombres y mujeres me llamaban «estúpida», «puta» y «espía». Casi todo el país me buscaba para matarme. Tengo una confianza absoluta en el valor de mi arte, que parte de la experiencia propia, y esto me da fuerzas para seguir.  Pero yo no soy una terrorista. ¿Por qué toda esa ira hacia mí?

-Quizá porque sus acciones son más peligrosas para el statu quo que las bombas.

-Nunca he dejado que me moldearan; no soportan que sea yo misma. Hay una frase que podría escribir con mi sangre: «Una mujer que accede a la educación es una mujer fuerte que siempre será como una brizna de paja en el ojo de un hombre».

-¿Qué opinan las mujeres de su familia?

-Somos seis hermanas, y mientras unas hemos ido a la universidad otras se han casado muy jóvenes. Una de ellas venía a casa llorando porque su marido y su suegro la pegaban. ¿Sabe lo que le decía mi madre? «No llores, eres una mujer y este es tu destino». Casarse, parir hijos y morir, todo sin salir de casa, sin derecho a pensar. ¡¿Esa es la máxima aspiración de un ser humano?!

-Usted se rebeló contra ese destino.

-Yo era una bad girl y le aseguro que he pagado por ello. Cuando tenía 5 años mi madre me llevó a los baños públicos. Ver todos aquellos cuerpos femeninos desnudos me impresionó y cuando llegué a casa los dibujé y escondí los papeles bajo la alfombra. Pero mi madre los encontró y me pegó tan fuerte con un cable que me dejó marcas por todo el cuerpo. «¡Perdóname!», le imploraba. «¡Córtame la mano, nunca  más volveré a hacerlo!». Durante 22 años viví con ese sentimiento de culpa.

-¿Habla con su madre?

-Sí. Ella es muy religiosa pero me ama incondicionalmente y es un apoyo muy importante. Se interesa por mis proyectos y creo que está más preocupada que enfadada. Admiro a artistas y escritoras como Simone de Beauvoir, Louise Bourgeois y Marina Abramovic, pero desde el principio mi inspiración ha sido mi madre y el haber podido observar su vida de tan cerca.

-24 mujeres han sido asesinadas por sus novios o maridos este año en España.

-¡¿Cómo?! No lo sabía. Eso explica por qué la performance de la armadura conectó con tanta gente [el vídeo se hizo viral]. Recibí mensajes de agradecimiento desde Europa, pero también desde Sudáfrica, Cuba, México, Brasil, Canadá... Los hombres son hombres en todas partes y la violencia afecta a todas las mujeres, no solo a las afganas.

-¿Qué opina de las Femen, las feministas que protestan desnudas?

-La playa está llena de cuerpos desnudos. No conozco suficientemente esta sociedad para saber si sus acciones cambian algo.

-¿Por qué actúa vestida de negro?-Para mí el negro contiene todos los colores y está lleno de energía. Es el color de la muerte, pero también de la vida, porque para mí la vida es un pack comprimido de experiencias terroríficas.