Las lecciones del 'no a la guerra' diez años después

Algunos activistas dudaban de que se pudiera llenar el paseo de Gràcia un día de compras como el sábado

De izquierda a derecha, cuatro de los activistas que estuvieron en los fogones del 15-F: Esther Vivas, Pilar Massana, Roser Palol y Pepo Gordillo.

De izquierda a derecha, cuatro de los activistas que estuvieron en los fogones del 15-F: Esther Vivas, Pilar Massana, Roser Palol y Pepo Gordillo. / JULIO CARBÓ

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NÚRIA MARRÓN / Barcelona

David Karvalallegó un día de noviembre a la asamblea de la plataformaAturem la Guerracon otros compañeros y una fecha-volante. Poco antes, él y otros activistas catalanes habían viajado en 40 autocares alForo Social de Florencia, encuentro del movimiento antiglobalización celebrado en noviembre del 2002, y de allí había salido la propuesta de celebrar unamanifestación planetariael15 de febrerocontra lo que ya se preveía como inevitable: lainvasión de Irak.

El léxico envenenado de aquellos tiempos, recordemos, hablaba deeje del mal, dearmas de destrucción masivay deguerra preventiva. AKarvala, que entonces no era "activista por la paz", se le quedaron "grabadas en la memoria" aquellas caras a las que aún no conocía y que arquearon las cejas cuando se habló del día 15. "¿Un sábado? ¿Un día de compras? Muchos no estábamos de acuerdo", admite la historiadora y activistaPilar Massana, que 10 años más tarde sigue en la resistencia de la plataforma. "¿Y por qué no en domingo?" "No, no, tiene que ser el 15", insistía el flanco florentino. Había dudas sobre la fecha y dudas sobre el lugar. ¿Y dónde lo hacemos? ¿Enpaseo de Gràcia? "Con lo que cuesta llenarlo, ¡podemos hacer el ridículo!".

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Pero no. No hicieron precisamente el ridículo. Aquel 15 de febrero, más de un millón de personas parecía que iban a hacer implosionar el paseo de Gràcia. Esa misma jornada, entre 8 y 15 millones de manifestantes se echaron a las calles en800 ciudadesde todo el planeta. "Hay dos superpotencias en el mundo: EEUU y la opinión pública mundial", certificó entonces'The New York Times'. Pero el gran galón de la plataforma llegó, de forma inesperada, del mismoDespacho oval: "La política exterior de EEUU no la pueden marcar los manifestantes deBarcelona", dijo elpresidentenorteamericanoGeorge W. Bush.

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