Superdotados en el olvido

El 90% de los niños superdotados de Catalunya reciben una educación inadecuada

Patrícia juega una partida de ajedrez con su hijo Hèctor, de 5 años.

Patrícia juega una partida de ajedrez con su hijo Hèctor, de 5 años. / FERRAN NADEU

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MARÍA JESÚS IBÁÑEZ
BARCELONA

Es uno de los pocos datos oficiales disponibles: tan solo 142 escolares catalanes recibieron durante el curso 2009-2010 una atención especial en la escuela por sus altas capacidades intelectuales. Lo dice la última edición del anuario 'Las cifras de la educación en España' que el Ministerio de Educación editó el pasado febrero. Aquel mismo curso, en la comunidad de Madrid, fueron 968 los estudiantes que participaron en programas de refuerzo académico para potenciar sus habilidades, mientras que en Canarias, con una población significativamente inferior a la de Catalunya, fueron 693.

«Eso no significa, de ningún modo, que los catalanes sean más tontos o más torpes, ¿eh? Significa, simple y llanamente, que los chicos con más capacidad intelectual, los excelentes, los que tienen algún talento o los que son superdotados, todavía no son detectados en la escuela en Catalunya y, por lo tanto, no reciben el refuerzo educativo que requiere su potencial», argumenta Josep Maria Elias, presidente del Colegio de Pedagogos de Catalunya. La entidad, que reclama que las facultades de Educación incorporen una asignatura sobre detección de las altas capacidades, sitúa a Catalunya a la cola de España en este ámbito.

«Por estudios realizados en otros países, estimamos que el 15% de la población catalana presenta altas capacidades intelectuales. Eso incluye a los superdotados, que representan el 2% de esos alumnos, y a los que tienen algún talento, ya sea verbal, matemático, artístico, académico...», indica Leopold Carreras, psicólogo y delegado en España del Consejo Mundial de Niños Superdotados y Talentosos. Según sus cálculos, casi nueve de cada 10 chicos con alto cociente intelectual pasan actualmente por las escuelas sin que nadie se dé cuenta. «Como sociedad, ¿podemos permitírnoslo? Nosotros pensamos que es una lástima desperdiciar tanto talento», lamenta.

NI FORMACIÓN, NI PROTOCOLO / A diferencia de otras comunidades, Catalunya no cuenta aún con un protocolo institucional, común a todos los colegios, con el que los maestros puedan evaluar si ese alumno brillante que tienen en clase es o no un chico talentoso o superdotado. A eso, la Generalitat responde que en enero enviará «a las escuelas materiales para ayudar a los docentes en este ámbito» y sostiene que ya en el 2010-2011 el 2% de los estudiantes catalanes siguieron programas de enriquecimiento curricular. «El objetivo es que estos talentos no se pierdan, porque, de lo contrario, pueden llegar al fracaso escolar», destaca Alba Espot, directora general de Educación Infantil y Primaria.

«Pero no se trata solo de poner en marcha un protocolo, como se ha hecho con la dislexia o el TDAH (de atención), hay que formar también a los docentes para que sepan cómo actuar», reclama Milagros Valera, autora de un protocolo para la atención a la diversidad. Para Valera, «en Catalunya, la detección en las aulas de las altas capacidades está en manos de maestros y psicólogos con mucha voluntad y pocos recursos. No está sistematizada». Las familias que intuyen que sus hijos se salen de lo común, «han de acudir a especialistas privados, porque la escuela no les presta aún la debida atención».

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SALTAR UN CURSO / En este momento, la casi única salida que la Administración ofrece a los superdotados es «la aceleración o, dicho en otras palabras, les autoriza a saltarse un curso». La fórmula, que no tiene coste para el sistema, es vista con buenos ojos por los expertos. «Es lo más económico y no requiere de una formación extra del maestro», señala Natàlia Luján, coordinadora del grupo de trabajo del Colegio de Pedagogos que investiga sobre estos estudiantes. Sin embargo, es una solución considerada insuficiente. «La aceleración no debería ser solo eso, se debería tener en cuenta el grado de madurez del niño, su grupo social, de manera que, además de adelantarle de curso, se le hiciera un tratamiento personalizado adicional», objeta Josep Maria Elias.

Menos consenso suscita la opción de comunidades como Madrid, que ha creado centros solo para alumnos excelentes. «Como todos los chicos, también han de convivir con personas distintas a ellos», dice Elias, partidario de la escuela inclusiva. Para Carreras, en cambio, «no por el hecho de ir a una escuela de élite, los chicos dejarán de relacionarse con gente distinta a ellos. Tienen otros lugares para hacerlo».