José María García.

José María García. / MOVISTAR PLUS+

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Marisa de Dios
Marisa de Dios

Periodista

Especialista en series y programas de televisión

Escribe desde Barcelona

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José María García fue, durante décadas, el gran referente de la radio deportiva española. Con él nació una manera de hacer periodismo, con un estilo contundente y sin pelos en la lengua, y una competitiva franja en las ondas, la de la medianoche, en la que libró una cruenta batalla con su más duro rival, 'El larguero' de José Ramón de la Morena. A sus 79 años, quien hizo famosas expresiones como 'Ojo al dato', 'chupópteros' y 'abrazafarolas' ajusta cuentas con su pasado en 'Supergarcía', la docuserie de tres episodios sobre su carrera que Movistar Plus+ estrena el próximo lunes 29 de mayo.

No es la primera vez que le ofrecen hacer una docuserie sobre su vida. ¿Qué condición puso?

Solo que no me censuraran. Los que me conocen ya saben que si eso no se cumple no la hubiera hecho.

Usted dice que tenía todos los condicionantes para no haber hecho nada en el mundo de la radio. ¿Por qué?

Mi voz no era nada radiofónica. Cuando empecé en los años 60 Santiago Bernabéu, que fue presidente del Madrid y con el que no me llevaba demasiado bien, me decía que tenía una voz afeminada.

Pues precisamente marcó un estilo porque se diferenció de los demás.

Yo intentaba ser diferente por no vivir pendiente de los caprichos de los mandatarios y poder hacer el periodismo como yo lo entendía. Trabajé en TVE, donde hay profesionales que han estado 20 o 30 años porque salían con un bolígrafo dorado a decir: buenas noticias, somos campeones del mundo de caza. En cambio, a mí me echaban cada 15 días.

¿Usted decía lo que no gustaba escuchar?

Tanto, que me castigaban como en el colegio, cada 15 días en casa. Hasta que me cansé y le dije a Adolfo Suárez que se había acabado el colegio y me largaba.

Era el niño revoltoso de la clase.

El revoltoso de la clase es mucho más venial. Ellos le daban muchísima más importancia porque, como explicaba cosas que no les gustaban, decían que era incorregible e ingobernable. Ahí empecé a demostrar que no siempre los que mandan tienen la razón. Es más, casi nunca la tienen.

¿Cómo se le queda el cuerpo cuando en la docuserie hablan de usted y se escucha: "Era un dictador"; "Manejaba el miedo, las amenazas"; "Hacía putadas para conseguir entrevistas"?

Pues pienso que es rigurosamente falso. Si imponer una ley del trabajo y del rendimiento en equipo era ser un dictador, pues entonces sí que lo sería.

¿Por qué es tan dado a no despedirse cuando deja un programa?

No me despedí porque si lo hacía provocaba muchísimo daño a alguien que durante años se había portado bien conmigo, que me había protegido y defendido cuando le pedían mi cabeza cada mañana, cada tarde y cada noche: Eugenio Fontán. Decir que me iba porque se me imponía una censura sobre el entonces ministro de Cultura Pío Cabanillas le hacía un daño a la que había sido mi empresa que me parecía injusto.

"En TVE a mí me echaban cada 15 días"

José Ramón de la Morena no ha querido hablar en su docuserie. ¿Lo comprende?

Es su problema, pero no pasa absolutamente nada. Yo habría participado, pero cada uno tiene su opinión. De la misma forma que él me llamó después del follón [cuando dejó la radio] para decirme si podíamos comer y yo acepté encantado porque los dos habíamos estado equivocados, respeto que no quiera participar. Yo lo que sé es que se está portando conmigo como un señor. En la COPE, hace poco, dijo que era el mejor reportero que había conocido. También hizo un programa con hijos de periodistas y cuando le preguntó al suyo con quién cenaría dijo mi nombre.

¿Se arrepiente entonces de aquella lucha encarnizada que protagonizaron en las ondas?

Me arrepiento de que nos enfrascáramos en una guerra absurda. Cuando me llamó me pareció que debíamos dar una lección a los jóvenes periodistas de que lo que habíamos hecho, tanto él como yo, no estaba bien. Pero él mismo ha sufrido en sus carnes a la Cadena SER. Me llamó para contarme que le habían hecho una oferta de Onda Cero y que no sabía qué hacer.

Vamos, le pidió consejo.

Sí. Yo le dije que sería bueno que experimentara otra cosa, que iba a descubrir muchos métodos que no le iban a gustar de su casa. En la radio el oyente no busca una emisora determinada, sino un comunicador. Ha pasado con Iñaki Gabilondo, con Luis del Olmo, con Encarna Sánchez, con Carlos Herrera, conmigo... No es normal que él cambiara de la SER a Onda Cero y de más de un millón de oyentes que le ponían en la primera pasara a 300.000. Y luego fíjate cuánto tiempo duró.

¿Hoy actuaría de forma muy distinta en su trayectoria?

Totalmente distinta. No me arrepiento de lo duro y lo sincero que he sido. Pero a lo mejor ahora que me queda lo justito para el último 'telediario' pienso que debería haber sido un poco más generoso. Porque al otro mundo no nos podemos llevar ni dinero, ni gloria ni honor, simplemente haber sido bueno y haber ayudado a los que lo han necesitado, que en este caso es lo que estoy intentando hacer.

¿Qué opina del actual periodismo deportivo?

Se han inventado a los jornaleros del elogio, escribiendo en primera persona como si fuesen del mismo equipo: "vamos a ganar", "tenemos que ganar"... En el fútbol español hay un presidente que ha deshecho varias familias de periodistas, a los que ha echado de sitios por no estar de acuerdo con ellos. Y yo me pregunto: ¿qué es más grave, comprar a un árbitro o a un periodista?

No ha dicho el nombre del presidente.

No lo digo porque sé de uno, pero creo que hay más.

¿En casa no le regañaban por los berenjenales en los que se metía?

Todos los días. Mi mujer me llegaba a retirar el saludo. Me soltaba: ¡Estás loco, pero qué barbaridades dices! El único que me apoyada en privado y en público era Antonio Asensio, que era mi escudo protector.

"Tenía que haber metido en la cárcel a los que escribieron los embustes de 'Reyes de la noche'"

¿La radio le ha dado muchos disgustos?

Muchísimos, pero también satisfacciones. No solo la radio, sino la vida. Yo he sido el periodista que más difícil lo ha tenido en este país. En el capítulo personal me han llamado con todos los insultos: Butanito, Tiralíneas, que tenía una voz afeminada... He luchado toda mi vida contra molinos de viento, he tenido una batalla infernal contra el imperio del monopolio...

Usted tampoco se mordía la lengua.

Yo he hecho crítica deportiva. No nos damos cuenta de que los periodistas tenemos el poder de convencer a la gente, pero no de ejecutar a la gente. Yo he estado años diciendo lo de 'Pablo, Pablito, Pablete' [en referencia a Pablo Porta, presidente de la Federación Española de Fútbol entre 1975 y 1984] y me contaban que, como vivía enfrente de un colegio, no podía salir a la calle en la hora del recreo porque los niños le montaban un Cristo con esa frase. Pero seguía siendo presidente. Y sale un ministro, hace un decreto chapucero, y lo echa. Así que el poder lo tiene el político, no el periodista.

Dicen que usted ha movido los hilos para que no hubiera una segunda temporada de 'Reyes de la noche', la serie de Movistar Plus+ que se inspiraba en su guerra con 'El larguero'.

¿Qué poder tengo yo en Movistar para que no haya 'Reyes de la noche'? Aunque ahí sí que he sido generoso. ¡Tendría que haber metido en la cárcel a los que escribieron esos embustes! Era una patraña absoluta.

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¿No se ha planteado volver a las ondas?

No. Ahora estoy disfrutando de mis nietas. Tengo tres: una de cinco años y dos gemelitas. Me hacen absolutamente feliz. Antes me llamaban 'abuelo loco'. Ahora me llaman 'Lolo'.