Fenómeno audiovisual

'Succession': ¿por qué nos vuelven locos las miserias de la familia Roy?

Imagen promocional de la tercera temporada de la serie ’Succession’, de HBO

Imagen promocional de la tercera temporada de la serie ’Succession’, de HBO / HBO

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Julián García
Julián García

Periodista

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Nando Salvà

Si afirmamos que ‘Succession’ es una de las mejores series actuales no solo no exageramos sino que, muy al contrario, probablemente nos estemos quedando cortos. En el ecuador de su tercera temporada, la crónica de las luchas de poder en el seno de la familia encabezada por el magnate mediático Logan Roy (Brian Cox) va camino de convertirse en leyenda de la ficción televisiva. Si ya ha alcanzado el estatus de otras ficciones producidas por la cadena HBO como ‘Los Soprano’ y ‘The wire’ es algo sobre lo que se puede discutir, pero quien defienda que no lo es necesitará pensarlo mucho para encontrar motivos. Lo que sigue son algunos de los argumentos que explican su éxito, refrendado por la noticia conocida el pasado miércoles 27 de octubre: HBO Max ha anunciado su renovación por una cuarta temporada.  

¿Drama cómico o una comedia trágica?

El 3 de junio de 2018, la cadena HBO estrenaba la primera temporada de ‘Succession’, serie creada por Jesse Armstrong acerca de los avatares de los Roy, una familia al frente de un imperio mediático cuyo despótico patriarca, Logan (Brian Cox), empieza a tener serios problemas de salud y deberá buscar un heredero de entre sus cuatro hijos, Kendall (Jeremy Strong), Siobhan (Sarah Snook), Roman (Kieran Culkin) y Connor (Alan Ruck). Una deslumbrante exhibición de comedia de la crueldad de inequívoco pulso shakesperiano en la que las monstruosas dosis de mezquindad solo serán tolerables por la capacidad de Armstrong y su equipo de guionistas para impregnar al conjunto de un irresistible humor negro.

Ese es, quizá, el gran secreto de ‘Succession’: ¿es un drama cómico o una comedia trágica? En cualquier caso, y a fuego lento, la serie, con sus ametralladoras líneas de guion, sus sofocantes tormentas familiares, su mirada cruel al miserable mundo de los ricos, sus créditos iniciales con la maravillosa sintonía de Nicholas Britell, su reparto de actores en estado de gracia, ha ido cautivando a público y crítica hasta convertirse en imprescindible y, por supuesto, en multipremiada: su segunda temporada fue distinguida el año pasado con siete Emmy, entre ellos el de mejor serie dramática.

Una familia como la nuestra, o no

Una jornada en la vida de los Roy es una colección de traiciones, mentiras y puñaladas por la espalda, tan brutales que resultan terapéuticas para el espectador: nos demuestran que, en comparación, nuestra propia familia no es tan disfuncional después de todo. El fiero octogenario que ocupa el centro de toda esa actividad se sabe más astuto, más ambicioso y más despiadado de lo que ninguno de sus oponentes será jamás; es un hombre para quien incluso el amor es una forma de abuso, y que se ha pasado la vida adiestrando a sus hijos para que se rompan la cara los unos a los otros por su aprobación.

Con el tiempo, inevitablemente, esos cuatro vástagos se han convertido en un grupo de personas rotas, constantemente sometidas a la humillación activa y pasiva; puede que a ratos odien a su progenitor y hasta sus propias vidas pero aman el lujo, y aman vivir al lado del rey. No van a renunciar a eso. Entre todos ellos, sin duda la figura más trágica la encarna Kendall (Jeremy Strong), un hombre tan dañado que, a su juicio, la única forma de ganarse el amor de su padre es acabar con él. Probablemente tenga razón.

Los ricos son gente despreciable

En los últimos tiempos, diversas ficciones audiovisuales la han tomado con los ricos y sus perversas formas de vida, como ‘The White Lotus’ (HBO Max), ‘Exit’ (Filmin) o ‘Nine perfect strangers’ (Prime Video). Ninguna, sin embargo, como ‘Succession’ para conectar hábilmente con el ‘zeitgeist’. La serie de Jesse Armstrong pone en foco en la cima de la cadena trófica económica y social a través de las desventuras de una familia de magnates mediáticos, pero sin la menor fascinación por la riqueza, el lujo y estatus que desprendían hitos pretéritos sobre estirpes multimillonarias como ‘Falcon Crest’, ‘Dinastía’, ‘Dallas’ o, desde el arrebatado culebrón mexicano, ‘Los ricos también lloran’.

No es un buen momento para reírle las gracias a los más privilegiados, rostro impúdico de un mundo que amenaza ruina, y en este sentido ‘Succession’ es un magnífico reflejo de los despreciables tejemanejes de esa élite que maneja los hilos del poder, en cuanto exaltación tragicómica de lo grotesco de sus actos. Porque ser rico en ‘Succession’ es, por encima de todo, ser detestable. Y aun así, y quizá por esa razón, nos fascina la serie y su universo de maldad.

Un fotograma de la serie 'Succession', de HBO

/ HBO

El confort del eterno retorno

En realidad, el universo de ‘Succession’ es esencialmente inmutable. Se compone de una concatenación cíclica de crisis y combates que siempre tienen lugar en entornos opulentos, y siempre involucran a adversarios feroces para quienes ganar o perder es exclusivamente una cuestión de orgullo porque, después de todo, los asquerosamente ricos casi nunca dejan de serlo. Lo que está en juego entre sus personajes son solo las emociones, y por eso los escándalos y conflictos financieros van resolviéndose a buen ritmo y de forma hasta cierto punto inconsecuente. 

Es principalmente de ese modo que ‘Succession’ nos mantiene atrapados dentro de un ‘statu quo, el que impera en el seno de la familia Roy, mucho más blindado de lo que en un principio se nos hizo creer. Aunque con su episodio piloto la serie se presentó como un trasunto de ‘El Rey Lear’, o la historia de cómo un grupo de herederos lidian con la muerte del patriarca, en realidad ha resultado ser la historia de cómo esos herederos se enfrentan a un patriarca que simplemente se niega a morir. Una y otra vez los vemos maniobrar inútilmente tratando de derrocarlo, fracasar y volver a intentarlo

Jeremy Strong y Brian Cox, en un fotograma de 'Succession'

/ HBO

El valor de unas siglas

En buena medida, HBO se ha granjeado su reputación tomando géneros considerados vulgares como base para crear el tipo de ficciones que incendian redes sociales. Si ‘Los Soprano’ reinventó la intriga gansteril dotándola de extraordinaria hondura psicológica y ‘Juego de Tronos’ alteró las convenciones de la fantasía heroica para hablar de política, en el fondo ‘Succession’, como apuntábamos antes, es un culebrón sobre las vidas de los ricos similar a ‘Dallas’ o ‘Falcon Crest’; la diferencia es que aquí la opulencia y la decadencia aspiran no a deleitarnos sino a revolvernos el estómago, y a dejarnos claro que la búsqueda de la riqueza a menudo es una forma de llenar enormes vacíos interiores. 

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Igualmente acertada ha sido la estrategia de la cadena a la hora de cultivar la audiencia de la serie. Aunque se ganó una acérrima legión de defensores, no puede decirse que su primera temporada fuera un éxito. Fue el prolongado paréntesis que precedió el estreno de la segunda lo que permitió al boca a oreja obrar su magia, e hizo que las desventuras de los Roy dejaran de ser el secreto mejor guardado de la televisión para convertirse en carne de meme y GIF. En el caso del tránsito entre la segunda y la tercera, las restricciones derivadas del covid-19 alargaron la espera hasta hacerla casi insoportable para la cada vez mayor legión de fans.

Fotograma del episodio 8 de la segunda temporada de 'Succession'

/ HBO